Rodrigo Cruz

El jueves, , sindicado como el cabecilla de una de las redes delictivas más grandes vistas en el país en los últimos años, fue trasladado bajo estrictas medidas de seguridad al penal de Challapalca, en Tacna, a casi 5.000 metros sobre el nivel del mar. Dos días antes, Julio Magán, jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), justificó este traslado indicando que se había encontrado en la celda de Orellana, en Piedras Gordas I, un celular, el cual utilizaba para comunicarse con el exterior.

Lo que no se dijo oficialmente fue que el hallazgo de ese equipo móvil fue el resultado de semanas de investigación de agentes del grupo especial Orión, de la Dirección Antidrogas de la policía, sobre las coordinaciones que Rodolfo Orellana hizo burlando la seguridad. Parte de ellas fueron hechas desde el móvil incautado. La diligencia del martes también fue producto del seguimiento de las órdenes que afuera acataba Ester Carolina Furland, pareja de Orellana, cuyo nombre original es Ester Morales Schaus.

Fuentes policiales confirmaron a El Comercio que Ester Carolina, de 38 años, habría sido clave para que Rodolfo Orellana, preso desde noviembre del año pasado, pudiera tener un celular en su celda. “Ella habría pagado mil dólares a trabajadores del INPE para que le entregasen a Orellana el teléfono, previa coordinación con él”, afirmó una de las fuentes.

El celular LG que le incautaron la madrugada del martes habría llegado a manos de Rodolfo Orellana tres días antes. Su intención era tener un teléfono a tiempo completo, a su sola disposición, pues habría estado contando con uno, pero solo de manera esporádica desde algunos meses.

EN BUSCA DE REPRESALIAS
Las acciones de la pareja de Rodolfo Orellana no se limitaron a conseguir un celular. Las fuentes afirman que ella sería el enlace de Orellana con los miembros aún libres de esta presunta organización.

La noche que allanaron la celda de Orellana, el equipo de la fiscalía y de la policía, así como trabajadores del INPE, se sorprendieron con el volumen de documentación que encontraron. Expedientes, sentencias, pilas de hojas, estaban al lado de la cama del interno.

Lo que más sorprendió a las autoridades fue hallar varias anotaciones en que Rodolfo Orellana trataba de identificar a los testigos y a los colaboradores eficaces que ayudan a desentrañar esta presunta red delictiva que montó hace más de 12 años.

Lee el informe completo en la edición impresa de El Comercio.

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