Ricardo Uceda conversó con El Comercio sobre su último libro, "La extorsión". (Foto: Anthony Niño de Guzmán / GEC)
Ricardo Uceda conversó con El Comercio sobre su último libro, "La extorsión". (Foto: Anthony Niño de Guzmán / GEC)
Ariana Lira Delcore

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Cuando fue extraditado desde Caracas en el 2001, fue puesto a disposición de la jueza Jimena Cayo por el Caso Hayduk. Ocho años antes, un hallazgo de pasta básica de cocaína en un cargamento de harina de pescado había iniciado un calvario judicial contra los accionistas de una empresa pesquera, quienes pasarían años sumergidos en procesos supuestamente fabricados para favorecer una extorsión por parte del exasesor de Alberto Fujimori.

Con el tiempo, los grandes casos de megacorrupción y violación de derechos humanos harían que el Caso Hayduk quede relegado a segundo plano en la historia del fujimorato. En su libro “La extorsión” (Planeta, 2020), el periodista de investigación Ricardo Uceda escribe sobre el caso en el que se entrecruzan —en un sistema judicial capturado— Vladimiro Montesinos, Dionisio Romero y Keiko Fujimori.

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—Siendo el Caso caso Hayduk uno pequeño comparado con los grandes casos de corrupción y violación de derechos humanos de la era Fujimori-Montesinos, ¿por qué escribir sobre este?

La historia de Hayduk es interesante en la medida en que refleja las relaciones con el poder y la minicrisis que ocasionó dentro del fujimorismo. Yo tenía este material, los expedientes judiciales. Además, está el hecho de que quiero hacer una historia sobre los últimos años del fujimorismo, pero no le encuentro eje todavía. La tercera cosa es que llegó la pandemia y tenía una gran cantidad de tiempo para poder trabajar. Entonces, me di cuenta de que toda esta historia era el trasfondo del Poder Judicial peruano y de algunos delitos que son muy comunes, pero muy difíciles de sentenciar, cómo es el tráfico de influencias. De cierto modo, es un libro sobre el tráfico de influencias: qué te doy, qué me das. Algo tan difícil de pescar, de probar.

—El relato muestra, también, el poder que tenía Vladimiro Montesinos en la judicatura y el sistema judicial en general.

Es que no solamente iban a Montesinos los corruptos. Iba a Montesinos la Embajada Americana, para que resuelva el tema de un gran juicio que estaba en sus intereses. Iba un banquero, con la frente en alto. Porque no olvidemos que cuando Dionisio Romero [Seminario] se retiró [del directorio del Banco de Crédito del Perú] en el 2009, se arrepentía de muchas cosas, pero no de haber defendido a Hayduk ante Montesinos. Yo me acuerdo mucho de esto. Para que tú puedas hacer cosas, tienes que pasar por este paso que es negro, que es ilegal. O que puede no ser ilegal, si eres hábil. Y así son muchas cosas en el Perú: si quieres construir, tienes que dar una coima, porque lo hace todo el mundo. Si quieres un montón de cosas, tienes que hacer algo que no esta conforme a la ley. Eso marca mucho la historia del Perú y sigue pasando, de alguna manera. No en vano [durante las gestiones de] dos presidentes hemos tenido gente que está detrás del poder, que tiene un montón de poder que no le corresponde. Me refiero a esta señora que era Secretaria de la Presidencia de Vizcarra [Mirian Morales] y a la señora Nadine Heredia.

—Han pasado casi 20 años desde el Caso Hayduk. ¿Qué tanto queda de ese sistema judicial corrupto hoy en día?

Yo pienso que hemos dejado atrás el fujimontesinismo, claramente. No solamente por razones políticas, en el sentido de que Montesinos y Fujimori están presos. Pero yo sí creo que lo que produjo el fujimontesinismo sí está. A veces cometemos el error de echarle la culpa a Montesinos de un montón de cosas que corresponden a la propia tradición política, cultural, comercial, empresarial peruana. El caudillismo está antes que Fujimori. La corrupción está antes que Montesinos y trabajar de forma encubierta en el gobierno, también. Entonces, no es la herencia del fujimontesinismo. Yo pienso que muchas de las cosas que pasan corresponden a vicios, a delitos de corrupción que son parte del sistema y de la forma que está enquistada en la política, algo que está mejorando.

—¿Cómo explicar los lazos entre el poder político y el poder económico en el país, que se ven retratados con la participación Dionisio Romero Seminario en el Caso Hayduk?

Es interesante, porque el empresariado se daba cuenta de que había que hacer un ajuste y cambiar las normas de liquidez económica para que pudiera haber inversiones y desarrollo. Al empresariado no le importaban mucho las grandes reformas democráticas. A veces, el empresariado tiene una visión demasiado hemipléjica del problema. Es decir, solamente tiene la visión de que hay que invertir y crecer, cosa que evidentemente es necesaria, pero no le importan mucho otros temas que son más difíciles de cambiar: cambiar el Estado, cambiar la relación que hay en el poder, en la política.

—Creo que todo el asunto de la ética del empresariado la resumes en una frase: “Romero reflejaba la actitud de los principales hombres de negocios peruanos hacia Fujimori: preferían no enterarse de los episodios de gran corrupción”. ¿Crees que esto no ha cambiado en todo este tiempo?

No, yo creo que sí ha cambiado. Un parteaguas es lo de [Pedro Pablo] Kuczynski. Kuczynski representa una esperanza, un financiamiento de los negocios limpios. Pero él mismo incurre en una contradicción, no sé si delito, pero una contradicción, porque están amarradas sus relaciones con compañías próximas a Odebrecht. También es muy fuerte lo del ‘Club de la construcción’. Por eso a mí no me sorprendió lo que salió de Vizcarra. Tienes que pasar por ahí, así como antes tenías que hablar con Montesinos por algo judicial importante. Vamos a ver cómo evoluciona Confiep, cómo evoluciona Capeco, cómo se relacionan con la política, ahora que es mas difícil financiar. Todo eso está por verse. Yo me siento muy inseguro para poder decir: “las cosas van a cambiar así o asa”. Pero yo creo que [el empresariado] no tiene la misma visión, que está en una actitud que revela que, para que los negocios funcionen, se necesita algo más que un coro nacional diciendo que necesitamos inversión.

—Decías antes que el Caso Hayduk ocasiona una mini crisis dentro del fujimorismo. Imagino que te refieres al rol de , quien a partir del caso inicia cierto enfrentamiento con Montesinos. Tú la describes como una piedra en el zapato para él. ¿Cómo explicarías el papel que tiene ella en esta historia?

Ella [Keiko Fujimori] sí tuvo un nivel de contradicción con su padre. Efectivamente, fue posible comprobar que conspiró contra Montesinos para liberar a las hermanas Martínez, y también es cierto que habló con unos ministros para que no hablaran con Montesinos. [José] Chlimper fue uno de ellos. También es cierto que fue a decirle a su padre que Montesinos estaba pidiendo plata, algo que no se pudo probar judicialmente en este caso. Y el padre estaba entre su lealtad con Montesinos y cómo quedar bien con su hija. Entonces, sí hubo un nivel de contradicción. No te digo que estaba en contra del gobierno, no te digo que era la heroína de la oposición, pero sí tenía un nivel de contradicción.

—Otro tema interesante es el rol que tienen en el Caso Hayduk algunos personajes que recobran vigencia en el Perú de hoy, como , actual presidenta de la Junta Nacional de Justicia. ¿Qué podrías comentar sobre ella?

Era interesante. Yo, la verdad, hubiera querido contar más sobre eso. Cuando se produce la caída de Fujimori, la procuradoría ad hoc de [José] Ugaz y varios abogados era la locomotora para producir imputaciones y luego apoyaba al Ministerio Público a armar los casos. Luego, estos casos pasaron a una sala que se fue especializando, donde tenían un papel destacado unos magistrados importantes: Jimena Cayo, Inés Tello, Inés Villa y otros. Estos magistrados tenían un roce con magistrados de otra generación, que habían estado durante el régimen de Fujimori, aunque no habían caído en procesos de evidencia de corrupción. Estaba ahí [Javier] Villa Stein, estaba [César] Vega Vega. A mí me hubiera gustado contar bien esa pelea. En el caso Romero, efectivamente, hubo una pugna para hacerse del expediente. Yo no la conté, porque el libro tenía un grave riesgo y espero haberlo eliminado completamente: que era demasiado jurídico. Yo no quería que el lector se atascara con una pieza de pollo en la mitad del relato y lo dejara. Ese [enfrentamiento] me obligaba a entrar a explicaciones jurídicas sofisticadas. Yo pienso que está mejorando el Poder Judicial. Creo que está mejorando y hay que vigilar, desde luego.

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