Luciana León ya no tuvo que responder por ningún acto o gesto congresal, sino por la razón de que ayer el fiscal Reynaldo Abia, allanara su domicilio.
Luciana León ya no tuvo que responder por ningún acto o gesto congresal, sino por la razón de que ayer el fiscal Reynaldo Abia, allanara su domicilio.
Fernando Vivas

Columnista, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

Alan nos planteó varios retos en el 2006: reggaetón en los mítines, frescura en lugar de la retórica y . No sabíamos cómo tomarla. Si la reducíamos a invento publicitario de su creativo padre -el simpático gestor de intereses y bon vivant - pecábamos de prejuiciosos e incorrectos. Si la ponderábamos como una muestra de los nuevos talentos de la juventud aprista, pecábamos de ingenuos.

‘Lucianita’, como la bautizó el humor popular, fue la número 9 en una lista en la que se relegó a varios compañeros de mayor fama y experiencia. Fue activista temprana en la JAP (Juventud Aprista Peruana) pero, vamos, no fue ello lo que la ubicó en el número 9. En realidad, se rumoreaba que el puesto correspondería a su padre, pero su pasado escandaloso como ex ministro de Pesquería y diputado, era veneno para un García que se quería despercudir de la mala fama de su primer gobierno.

Sea como fuere, el puesto lo ocupó Luciana e hizo historia con él. Así como es ingenuo sostener que su preeminencia se debiera solo a una apuesta audaz de la democracia interna por una joven con atractivos que inmediatamente coparon las pantallas; también sería injusto reducir su éxito a las negociaciones y aportes de su padre ligados a su cartera de clientes.

Luciana y su equipo convirtieron la mofa a sus expensas en virtud de recordación. Fue, en su momento, la congresista de menor edad (tenía 28 años en el 2006 cuando Martha Hildebrandt le tomó juramento) en el Parlamento. Su hablar pausado -con un relente que la hacía parecer distraída; además de algunos dislates que delataban que, simplemente, no había entendido una pregunta- no le impedían completar ideas y dar en el blanco. Era trabajosa y rocosamente asertiva.

Con el paso del tiempo y de tres periodos consecutivos, León se hizo parlamentaria ducha. No tenía que perorar, que para eso estaba Mauricio Mulder. Presidió una comisión importante, la de Defensa, y fue tercera vice presidenta del Congreso en el 2016 durante la gestión de Luz Salgado. En aquella ocasión, en las galerías, vimos llorando de alegría a un conmovido Rómulo León. Décadas atrás, en 1988, en otro registro dramático, Rómulo nos brindó una de las más célebres imágenes de la historia congresal, cuando se quiso liar a golpes con Fernando ‘Popi’ Olivera. Pero a él volveremos más adelante.

La agenda de Luciana fue variada y productiva. Desde la promoción del libro y de los espectáculos no deportivos -con los que ganó el aprecio de sectores cultivados- hasta una medida tan astuta como establecer un padrón de ludópatas a la entrada de los casinos, y así evitar regulaciones prohibitivas a ese rentable y desbordado rubro.

También estuvieron, en la variopinta canasta de intereses legislativos de Luciana, causas desinteresadas como la unión civil, confirmándose como la congresista de convicciones más liberales en su bancada.

Pero, había algo en su proceder y en su agenda, que acababa haciéndonos recordar el oficio de gestor de su padre. Cuando estalló el caso ‘petroaudios’ en el 2008, y este purgó persecución judicial y hasta carcelería, Luciana tuvo que admitir que, aunque no conocía de las andanzas de Rómulo con el dominicano Fortunato Canaán, su padre sí le había pedido favores políticos más de una vez.

Ante la dispersión de sus personalísimos últimos compañeros de bancada (Mulder, Jorge del Castillo, Javier Velásquez Quesquén y Elías Rodríguez), Luciana fortaleció su independencia de agenda, acercándose más a Del Castillo que a Mulder. Votó contra la vacancia de PPK, provocando la ira de este último. Pero la disolución la encontró de portavoz, tratando de encontrar lugares comunes en su díscola bancada.

Por esa última razón es miembro de la Comisión Permanente y ahora se ampara en los discutibles alcances de su inmunidad al enterarnos de que es imputada por el despacho de la Fiscal de la Nación, de tener tratos sospechosos con la mafia de “Los Intocables Ediles", liderada por el ex alcalde de La Victoria, Jorge Cuba. Su hermano Rómulo León Romero tenía, incluso, vínculos laborales, con la gestión de Cuba. Su asesora parlamentaria, Betsy Matos, también está implicada y fue impedida de viajar ayer. Uno de los departamentos de Luciana ha sido allanado. No es primera vez afronta cuestionamientos y hasta investigaciones de enriquecimiento ilícito. El pronóstico de lo que pasará con ella dentro de poco es reservado.

–El rey león–

La primera carta de presentación de Luciana fue su padre. Y no era la mejor. Rómulo León, aprista desde su juventud trujillana, escaló en el partido, hasta ser diputado y ministro de Pesquería, durante el primer gobierno de García. Ahí empezaron los dispendios y las acusaciones. La fiscalía lo investigó por enriquecimiento ilícito y, aunque salía más o menos indemne de esa y de otras acusaciones, crió fama de político fresco y hedonista, apareciendo en portadas con famosos rostros de la tele.

Fue la fama controvertida de Rómulo, la que generó la duda, ante la campaña del 2006, de si iba o no a ser candidato. Como ya vimos, apareció Luciana y él quedó de promotor de su campaña. Ya durante el gobierno, estalló el escándalo de los ‘petroaudios’ y él fue protagonista y víctima de un sinfín de interceptaciones ilegales, que documentaron su gestión de intereses turbios. Tal fue el impacto de uno de ellos -el ‘faenón’, como lo describió su socio Alberto ‘Don Bieto’ Quimper para asegurar unos lotes petroleros a la empresa de su patrocinado Fortunato Canaán- que tras su destape en “Cuarto poder” provocó una inmediata conferencia de prensa en Palacio, donde García marco distancia y pidió castigo para “esas ratas”.

La interceptación fue tan intensa que descubrió varias faenas de León Alegría en otros rubros de la economía. León nunca se recuperó de esa estigmatización de ‘ratas’ en boca de quien fue su amigo, ni de la larga prisión preventiva, más de 36 meses, que pasó sin sentencia. Fue absuelto de los cargos que le hicieron en esa primera fase de su proceso, pero más tarde, ya libre, fue condenado a 4 años de prisión suspendida por el caso de los hospitales, también documentado a partir de los ‘petroaudios’.

Son tiempos tristes para la familia León, pues el padre está postrado en cama desde hace varios meses, tras sufrir un derrame cerebral. Los ‘leones’ han sobrevivido a otras crisis que los pusieron en portadas, como aquella, prolongadísima, de los “petroaudios”. Desde la prisión y tras salir de ella, León no cesaba de enviar cartas a la prensa abogando por su reputación, afirmando que todo lo que oímos era legítima gestión de intereses.

Como si las enojosas controversias judicializadas fueran poca cosa, un día el hermano de Luciana, Rómulo León Romero, disparó en una pierna a Carla Matto en una reunión familiar. Había sido pareja suya y esta vez visitaba a su padre. El incidente acabó en hospital y comisaría.

Ya no se puede responsabilizar al viejo León por lo que su hija de 41 años, tres veces congresista, ha hecho con su poder representativo y con su vida. Por unas temporadas, por unos instantes, brilló por contraste con la opacidad aprista, una frescura juvenil con agenda propia. La ley del concejal joven, la ley del voluntariado y algunas esforzadas iniciativas y fiscalizaciones, le dieron a Luciana peso específico, haciéndonos olvidar el engañoso y hueco reggaetón con el que entró bailando al Congreso y aprendió –será un misterio difícil de desentrañar hasta qué punto fue guiada por su padre – a manejar presiones y lobbies en el quinquenio de mayor crecimiento nacional. Pronto conoceremos más detalles.