Mercedes Aráoz juró al cargo de presidenta encargada ante Pedro Olaechea. (Foto: Congreso)
Mercedes Aráoz juró al cargo de presidenta encargada ante Pedro Olaechea. (Foto: Congreso)
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

*Actualización de un perfil publicado el 27/9/2017

tiene varios perfiles para el Linkedin de la política: vice presidenta nostálgica de un presidente y enfurruñada con otro, ministra con y sin cartera, congresista sin ganas de calentar curul.

Los tres identikits se vuelven uno cuando la tienes en frente y le preguntas por las tribulaciones de gobierno. Meche no le teme a la pregunta irónica. Al contrario, la agradece, porque le permite reír, esconder el rostro un segundo y recomponer su semblante para dar una respuesta que parece natural siendo calculada. Permítanme un apunte feminista: luego de conversar con precursoras del destaque mujeril en nuestra política, como Lourdes Flores, Meche Cabanillas o Luz Salgado, señoras más prestas a copiar los códigos de sus colegas varones; he aquí a una política que se expresa a través de los mohines, modos coloquiales y las cuerdas sensibles de su género.

Claro que es política y no lo duda desde que fue ministra de Comercio (2006-2009), ministra de la Producción (2009) y ministra de Economía (2009-2010) de Alan García. “Yo era técnica. Y un ministro es un político. Al final del día, estás tomando decisiones”. El primer ministro [Fernando Zavala en ese entonces dijo que era un técnico] tiene dudas al respecto, le digo. “[Ríe] Me imagino que está hablando de politiquería. La política, si uno la entiende bien, es servicio al ciudadano y convencer a otros. La politiquería es ‘yo te torpedeo, te maltrato’. Esa es la fórmula que no me gusta y me siento incómoda cuando la veo en el Congreso”.

Odebrecht es tema obligado para la política y para la técnica. “En los últimos años hay quienes han actuado con cierta lenidad. En mi función he lidiado con esas empresas y he tenido que mirar el interés público bien sustentado”, me dice antes de que le comente mi perplejidad al constatar que el Estado puede enredarse en obras tan gigantescas sin haberlo planificado. “La iniciativa privada es una posibilidad de hacer un proyecto. No todo está mapeado ni se hace desde la planificación pura”. Por supuesto, ella apoya todas las medidas de reforma y acción que, aunque tardías, el gobierno empezó a lanzar contra la corrupción.

­Ingeniera Araoz

Le pido dar un salto a Pueblo Libre a fines de los 70. ¿Siempre se le dio por la economía? “De chica quise ser veterinaria [ríe]. Luego quise ser ingeniera en una época en que la UNI andaba en huelgas. Mis maestros en la academia me dijeron: ‘Vas a pasarla mal’. Mi perfil era difícil para meterme a ingeniera y comencé a sentir que lo económico tenía la matemática y además el interés en el desarrollo de las personas”. Entonces, Meche entró a la Universidad del Pacífico. Pregunto algo prejuicioso: En la UP no había muchas oportunidades para hacer política, ¿no? “Eso parecía, pero yo hacía política desde que estaba en el centro de estudiantes, me acerqué al PPC, estaba en un círculo de estudios con Alfredo Torres. Me encantaba estar en el Intercampus [debates electorales] y me tocó ser la anfitriona de ‘Frejolito’ [Alfonso Barrantes]. ¿Fuera de esa ocasión tuvo otro acercamiento a la izquierda? [Sonríe]. “Sí, porque me encantaba la música y mis amigos músicos eran casi todos de izquierda”. O sea, por el lado trovero, la izquierda; por el lado académico, la derecha. “Sí, un centro derecha, pero entiendo la vocación que puede tener la gente de izquierda. Pero la preocupación social no es de izquierda ni de derecha, ah. Me viene desde la época de la parroquia”. ¿Católica practicante? “Menos practicante hoy día”. ¿Católica liberal? “Si quieres llámame así, porque me considero bastante liberal en mi mirada, no solo en lo económico sino en lo social”. ¿Y por qué en la campaña firmaste un acuerdo pro vida? “Me pidió Pedro Pablo que conversara con ellos. En el tema de aborto tengo mis bemoles, hay una vida que conservar y, por otro lado, es un doble castigo. Pero en el tema de familia, creo en la unión civil, en el matrimonio igualitario, tengo familiares [gays] casados”.

Alan y PPK

Ahora, un brinco hacia adelante. Hernán Garrido Lecca la invitó a trabajar con Alan García. “Me dijo ‘el presidente García quiere conocer a los independientes que no votaron por él en primera vuelta’. Fue verdad, yo no había votado por él [votó por Lourdes Flores]”. Allí aprendió buena parte de lo que hoy sabe del poder y su vehemencia al promover el TLC le costó un cacho de responsabilidad política en la tragedia de Bagua. Hizo un mea culpa en la campaña.

El fin del segundo alanismo se selló con tremenda sorpresa. La superministra aceptó ser candidata presidencial del Apra. ¿Grandes ambiciones? “Sí, pero también fue una gran lección. Me convenció el comité político, Javier Velásquez, Jorge del Castillo, Meche Cabanillas, todos estuvieron en la sala de esta casa, me convencieron y tomé el riesgo. Yo no sabía de elecciones y aprendí mucho en ese proceso. Y tomé una buena decisión de retirarme”. Grandes ambiciones y buenos reflejos, le digo para cerrar el capítulo con una sonrisa y lograr que me cuente algo de lo que no ha hablado. ¿Es cierto que mientras estaba en el BID en México quiso postular a ser jefa de la Organización Mundial del Comercio (OMC)? “Sí, hubo gente de varios países que quisieron promoverme. No lo vio mal el ministro [José Silva] ni el canciller de entonces [Rafael Roncagliolo]. Pero niveles más altos no quisieron”. Ollanta y Nadine no perdonan.

Último salto. Meche apoyó a PPK en la segunda vuelta del 2011, así que no fue sorpresa verla cerca de él en el 2016. La sorpresa fue verla en la plancha y no en el equipo técnico y luego en el Congreso y no en el Gabinete. ¿Quisiste ser ministra? “El presidente quería, luego entendimos las circunstancias y era mejor que me quedara en el Congreso. Evidentemente, tengo un perfil más ejecutivo y he hecho cosas ejecutivas como APEC, pero soy más útil en el Congreso”. ¿Quería ser canciller? “Esa fue una opción que tuvo el presidente en un momento, ha habido una leyenda negra sobre eso, pero no es lo que yo hubiera querido”.

Tiene despacho de vicepresidenta en Palacio, pero tiene que correr por los Pasos Perdidos a comisiones y al hemiciclo. ¿Acepta los regaños a la bancada? “Sí, tenemos que ser más cuidadosos en nuestras declaraciones. Mira, disciplinada la bancada de enfrente [Fuerza Popular], aunque no nos guste”. ¿Si 72 se ponen de acuerdo, por qué no 17? “Estamos ganando experiencia recién. Nos llevamos bien ah, es cuestión de sentarnos a tener mensajes comunes y saber comunicarlos”.

Los dos poderes que habita Meche Araoz tienen tensiones insalvables. Y encuentros inesperados. Está feliz con el desembalse de las facultades que uno le presta al otro, pero no tanto como para besuquear a Cheche Chacón y a Héctor Becerril. ¿La gobernabilidad depende de un entendimiento con Fuerza Popular? “La gobernabilidad es un entendimiento de todos los partidos y no solo de dos”. Finalmente, ¿la mujer de ambiciones guarda algo para el 2021? “He madurado [ríe]. Ya tengo la oportunidad que quería. El cargo de vicepresidenta me da la oportunidad de estar en los dos lados. Luego de este período, me merezco un descanso, ahorrar para mi vejez [no deja de sonreír], compartir con mi hija y con alguien”.

El fin de PPK provocó en Meche –ahora lo podemos decir mirando su silueta jurando ante el crucifijo- pulsiones contradictorios. La lealtad al primero la llevó a presionar a Vizcarra para que no asuma la sucesión que le correspondía; la novedad de ser primera vice le despertó o avivó su conciencia sucesoria. Una vez que Vizcarra llegó al poder, la relación fue distante pero funcional: él le dio alas para que lo represente en foros y eventos y en algunas coyunturas fue operadora oficialista en el Congreso.

El proyecto de adelanto de elecciones no fue consultado con ella y tal omisión alimentó la leyenda del apetito insaciable de poder. El propio Vizcarra contribuyó a ello con una infidencia: contó que le preguntó si lo sucedería y ella le dijo que sí. Mercedes tuiteó que no fue así; que le dijo que solo lo sucedería si renunciaba más no en una vacancia sin fundamento. Y ayer juró, en medio de un caos de legalidad que nos obliga a terminar su perfil con un eufemismo: presidenta encargada por el Congreso.