El drama del antifujimorismo, por Enrique Pasquel
El drama del antifujimorismo, por Enrique Pasquel
Enrique Pasquel

El antifujimorismo, probablemente, sea uno de los sentimientos que más gente une en el Perú. Tanto así que ha definido las últimas dos elecciones presidenciales. ¿Por qué el fujimorismo despierta este rechazo visceral en una parte importante de la población, incluso 16 años después de la caída de ?

La respuesta más evidente podría ser que se debe a las violaciones de derechos humanos y al montaje de un aparato de corrupción como nunca se había visto en nuestra historia. Pero hay algo más. Creo que el fujimorismo de hoy, y no solo el que ocupó el poder en los noventa, es también responsable del poderoso sentimiento que existe en su contra.

Las declaraciones de en que hoy publica El Comercio ilustran mi punto. Cuando Gerardo Caballero le pregunta sobre este tema, la candidata a la presidencia del Congreso explica de esta forma el fenómeno: “Lo que hay contra el fujimorismo obedece a gente que fue metida a la cárcel, gente mezclada con Sendero y MRTA. Son gente a la que no le gustó que le rompiéramos un proyecto político”. En otras palabras, para la congresista, hay que calificar como ‘proterrucos’ para oponerse a su partido. ¿No es esta una clara forma en la que el fujimorismo de hoy echa leña al fuego antifujimorista?

El hecho de que el partido naranja parezca incapaz de entender y reconocer las heridas que su gobierno causó a la sociedad peruana y la racional indignación que las mismas generan en distintos grupos, precisamente, refuerza el poderoso sentimiento en cuestión. Así las cosas, ¿cómo los ciudadanos pueden pasar la página y acercarse con confianza al fujimorismo? ¿Es acaso sensato confiar en quien es incapaz de reconocer completamente sus pecados?

Esta actitud, además, no solo se ha convertido en un escollo que impide mejores resultados electorales para el partido de los Fujimori, sino que ha adquirido tintes de drama nacional. Y es que, cualquier proyecto de país tiene que incluir al partido más poderoso (y que hoy controla el Congreso), pero a la vez se vuelve inviable mientras cerca de la mitad de la población desconfíe del mismo.

Resultará muy difícil avanzar en serio mientras el Perú siga dividido por el antifujimorismo. Pero esto no se resolverá mientras el partido de Keiko siga creyendo y predicando que la oposición a él se traduce solo en el odio que le guarda cierta izquierda.

Cuando, en la citada entrevista, se le pregunta a Luz Salgado por su ‘vladivideo’, ella señala enfáticamente: “Yo no voy a seguir en el tema del pasado. Yo estoy caminando hacia el futuro”. El problema es que, con esa actitud, caminará separada de la mitad del Perú. Si, en cambio, quiere que todo el país la acompañe, como lo debería hacer la presidenta del Congreso, tiene primero que mirar al pasado y aceptarlo públicamente en su totalidad, con todas las tristezas que el mismo supone.

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