Pedro Castillo es candidato presidencial de Perú Libre, partido fundado por Vladimir Cerrón. (Foto: Archivo GEC)
Pedro Castillo es candidato presidencial de Perú Libre, partido fundado por Vladimir Cerrón. (Foto: Archivo GEC)
Jaime de Althaus

Analista político

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Como se sabe, la candidatura de de Perú Libre, el maestro vinculado al Conare-Movadef, brazo político de Sendero Luminoso, ha tenido un crecimiento en las últimas semanas.

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El plan de gobierno de Perú Libre es de lejos el más radical. Es castrismo puro, de cepa antigua. Propone una nueva Constitución para pasar a un “Estado nacionalizador” que se reserve el manejo de recursos estratégicos. Anuncia una estatización masiva de la economía peruana: “…estatización o nacionalización de los principales yacimientos mineros, gasíferos, petroleros y centros energéticos… como Yanacocha, Antamina, Toromocho, Marcona, Cuajone, Quellaveco, Toquepala, etc. El yacimiento gasífero de Camisea, los pozos petroleros, refinerías y centrales hidroeléctricas, también. Los principales servicios como los corredores aéreos, aeropuertos, ferrocarriles, puertos, carreteras, servicio de pensiones, etc., deben ser recuperados y usufructuados en beneficio directo de todos los peruanos”.

Habrá una contraloría para las empresas privadas, y los sindicatos participarán en el gobierno. “Los Tratados de Libre Comercio (TLC), Alianza del Pacífico (AP), Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), entre otros, nos han convertido en una colonia comercial, y serán anulados”.

También será anulada la libertad de prensa. El plan advierte: “El socialismo no aboga por la libertad de prensa, sino por la prensa comprometida con la educación y la cohesión de su pueblo”. Y agrega: “Gran razón tenía Lenin cuando manifestó que la verdadera libertad de prensa en una sociedad solo es posible cuando esta se libere del yugo del capital. Asimismo, Fidel manifestó: ‘…los medios de divulgación masiva están en manos de los que amenazan la supervivencia humana con sus inmensos recursos económicos, tecnológicos y militares’”.

Sin libertad económica y sin libertad de prensa, la democracia sucumbe. Es el proyecto comunista ortodoxo. Castillo ya anunció que disolvería el Tribunal Constitucional, por sí y ante sí.

Marx escribió que la historia se repite dos veces, una vez como tragedia y la otra como farsa. Gran parte de este programa lo ejecutó Velasco hace 50 años, hundiendo al país en una crisis económica que nos hizo perder la carrera con Chile. Recién el 2006 recuperamos el PBI per cápita de 1975. Perdimos 30 años. No hay memoria histórica, y la responsable de eso es la educación peruana, en manos precisamente de un sindicato del que Castillo es su expresión extrema. Los textos de economía y de historia no explican lo ocurrido y los maestros no han sido capacitados en economía social de mercado.

Pero no hay solo falta de memoria histórica: tampoco hay atención al presente de Venezuela y otros países. O sí la hay, pero lo único que vale es la célebre consigna de Sendero Luminoso: “Salvo el poder todo es ilusión”.

Hay quienes ven en lo de Castillo una reedición del ascenso meteórico de Fujimori el 90. Pero no es lo mismo. Primero, Fujimori subió hasta un 29% de los votos válidos en primera vuelta, bastante más que Castillo ahora. Segundo, ganó con el lema “Honradez, tecnología y trabajo”, no con un mensaje ultrarradical. De pasar, Castillo sería derrotado en segunda vuelta, por cualquiera de los otros postulantes.

Este domingo hay que ir a votar.

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