"Quedarse en casa es un imperativo y hacer más pruebas de descarte también. Y sobre todo no nos olvidemos de nuestros héroes, ellos no pueden ir a la guerra desarmados". (Foto: César Grados / GEC)
"Quedarse en casa es un imperativo y hacer más pruebas de descarte también. Y sobre todo no nos olvidemos de nuestros héroes, ellos no pueden ir a la guerra desarmados". (Foto: César Grados / GEC)
Diana Seminario

Analista política

Desde que el presidente declaró el estado de emergencia el pasado 15 de marzo, ya han muerto 193 personas a causa del y se registran 7.519 infectados. El aislamiento obligatorio se ha extendido hasta el 26 de abril, medida responsable dadas las actuales condiciones sanitarias.

Pero como ya lo decíamos la semana pasada en este mismo espacio, ya se empiezan a notar los gruesos errores que vienen cometiendo quienes están a cargo de la emergencia. Lamentablemente hay equivocaciones que no pueden ser subsanadas porque traen consigo la muerte. A veces corregir es demasiado tarde.

El ejemplo más lamentable ha sido, sin duda, la división de la salida por sexos. En nuestra columna del 6 de abril ya advertíamos lo perjudicial de la medida, pero es aún más lamentable conocer las razones detrás de esta decisión. El propio Farid Matuk, miembro del Comando COVID-19, se ha encargado de revelarlo: “Yo fui uno de los que recomendaron que se intercalaran las salidas porque creía que era una forma de combatir el patriarcado. Creo que me equivoqué”.

Matuk no solo se equivocó, sino que en plena emergencia por la pandemia priorizó la lucha contra el patriarcado antes que el virus. Ese error puede costar muchas vidas. Él sigue siendo parte del Comando COVID-19 y sigue exponiendo sus teorías en los medios de comunicación y las redes sociales.

Pero el excandidato al Congreso no es el único que, lejos de ofrecernos la tranquilidad de saber que estamos en buenas manos, alimenta nuestros peores presagios. Hablamos del ministro de Salud Víctor Zamora, quien no dudó en declarar: “Un grupo va a morir en el hospital; otro, en la calle, en albergues o en sus casas. Para esto se creará un comando humanitario de levantamiento de cadáveres”. ¿Acaso no debemos esperar que el ministro de Salud nos diga cómo salvar vidas?

La jefa del Comando COVID-19, Pilar Mazzetti, muestra el músculo para decir que “Esto es una guerra. Recuerden, nosotros somos como el enemigo y a la vez soldados, así que aquí nos comemos nuestras diferencias y actuamos. Si alguien no actúa vamos a tener que proceder como en toda guerra, porque no actuar es traición en la patria”. Nos preguntamos por qué nunca vemos a la doctora Mazzetti intervenir durante las conferencias de prensa que cada mediodía ofrece el presidente Vizcarra para informar sobre el estado de la pandemia en el Perú. Mientras hay quienes arriesgan la vida día a día, otros planean experimentos sociales que pueden expandir la enfermedad.

Lo que empezó como un sueño de unidad se está convirtiendo en una pesadilla. Nuestros héroes están muriendo desarmados. Ya hay tres policías muertos solo en la comisaría de La Victoria. En Lambayeque ha caído el coronel Pedro Pinto Díaz, director de la Escuela de Policías de esa región. En Breña, un grupo de policías se ha rebelado y no quiere salir a las calles pues se siente desprotegido. En San Juan de Lurigancho se nos ha ido un médico.

Quedarse en casa es un imperativo y hacer más pruebas de descarte también. Y sobre todo no nos olvidemos de nuestros héroes, ellos no pueden ir a la guerra desarmados.

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