Keiko y PPK: ¿Quién tira más barro?, por Enrique Pasquel
Keiko y PPK: ¿Quién tira más barro?, por Enrique Pasquel
Enrique Pasquel

En esta deslucida campaña electoral, como en cualquier otra, no faltan patadas a la canilla, metidas de cabe o codazos en las costillas. La política, qué duda cabe, no suele ser la más limpia de las competencias. Pero en todo hay límites. Especialmente ya que no habría por qué pensar que un candidato que en campaña recurre a los golpes bajos se comportaría luego como un caballero –o una dama– de alcanzar la presidencia.

Precisamente, en la última encuesta de El Comercio-Ipsos se hizo la pregunta “¿Quién cree que tiene hasta el momento la campaña más limpia / sin ataques?”. Las cifras son muy elocuentes: 45% cree que es Kuczynski (), solo 26% considera que es , 17% es del parecer de que ninguno está compitiendo limpiamente y 12% no precisa una opinión.

¿Es casual que cerca del doble de encuestados opine que PPK compite más limpiamente que Keiko? No lo creo. Y es que, si bien PPK no puede ufanarse de no haber cometido ningún foul durante este partido (el Tribunal de Honor del Pacto Ético Electoral les ha llamado la atención a ambos), Keiko se debería haber hecho acreedora a muchas más tarjetas amarillas durante el tiempo transcurrido.

Hagamos memoria. El viernes, la candidata de Fuerza Popular acusó falsamente a PPK de haber recibido como regalo del gobierno el combustible que a ella le fue negado para viajar al Vraem, con la finalidad de dar la impresión de que Kuczynski es el candidato oficialista (PPK ya mostró la factura del pago por el combustible).

Un día antes, recurrió al falaz argumento de que PPK no podía hablar sobre el terrorismo porque él se fue del Perú por miedo. Además, sugirió que anteriormente había tenido que escapar del país por haberle entregado irregularmente US$118 millones a la International Petroleum Company (cuando el Poder Judicial lo absolvió de esa acusación, que fue parte de la persecución de la dictadura estatista de Velasco).

Asimismo, previamente, Keiko había intentado descalificar el plan de gobierno de Peruanos por el Kambio diciendo que “se hizo desde un escritorio”, como quien lo acusa de estar desconectado de las reales necesidades de la gente. Lo cierto, sin embargo, es que quien compare ambos planes de gobierno se puede dar cuenta de que los ppkausas se han esforzado mucho más que los fujimoristas en detallar, justificar y explicar sus propuestas. De hecho, si algo caracteriza al plan de Fuerza Popular, es una gran vaguedad y superficialidad, que le permite a la candidata mutar su discurso en función del auditorio.

Todo esto se suma a los denodados esfuerzos de la señora Fujimori de recurrir a la mañosería que García utilizó en el 2006 contra Lourdes Flores: colgarle el sambenito de ser el candidato de los ricos o, en esta ocasión, el de las grandes empresas.

Y, por poner un último ejemplo, recordemos que Keiko no se ha cansado de repetir insistentemente que PPK ha prometido eliminar la CTS de los trabajadores, cosa que es inexacta según su plan de gobierno y que ha sido aclarada en varias oportunidades.

Muchos electores, aparentemente, consideran que lanzar barro al contrincante es una parte natural de la política y no hacen cuestión de Estado por ello. Pero el tema no es menor. La facilidad con la que un político lanza barro a su contendor durante la contienda electoral podría servir para predecir si, de ganar, tendría escrúpulos para echar mano de la misma estrategia contra la oposición, la prensa libre o los ciudadanos críticos. Más peligroso que un candidato presidencial que usa estrategias sucias, en fin, es un presidente que recurre a las mismas. Y, hasta el momento, si bien el récord de campaña de PPK tampoco está libre de manchas, en este sentido el de Keiko nos da muchas más razones para preocuparnos.

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