Al querer defender un voto tratando del anular otro, y defender la democracia pisoteándola solo se está a un paso de invocar a un golpe de Estado. (Foto: César Bueno / @photo.gec)
Al querer defender un voto tratando del anular otro, y defender la democracia pisoteándola solo se está a un paso de invocar a un golpe de Estado. (Foto: César Bueno / @photo.gec)
Fernando Tuesta Soldevilla

Profesor de Ciencia Política de la PUCP

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¿Ha recibido una foto, audio o video en sus redes sociales con supuestas evidencias de fraude y, entusiastamente, lo ha compartido por tratarse de un candidato o candidata de su preferencia? Más aun, ¿cuando su candidato le dice que hay fraude, le cree y siente que todo es injusto y que el problema entonces ya no son los resultados, sino “el país y la democracia”, y en consecuencia es posible y necesario hacer todo lo indecible para que no gane el otro candidato? ¿Recurrió a confrontar fuentes, conocer un poco las normas, antecedentes, buscar la página web de los organismos electorales, les escribió para despejar sus dudas? Si la mitad del país piensa que la otra mitad ha hecho fraude, y al revés, pues estamos a un paso para que los resultados no se reconozcan.

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¿Pero sabía, por ejemplo, que el sorteo de los miembros de mesa se realizó en enero, con notario público, en el que cualquier ciudadano podía interponer una tacha en un plazo de tres días? En ese momento, ¿alguien podía saber que Fuerza Popular y, sobre todo, Perú Libre iban a pasar a la segunda vuelta? ¿Cómo podían organizar un fraude? ¿Sabía que sí es posible que un partido pueda recibir cero votos, como ocurrió tanto para el caso de como , y no constituye fraude? ¿Sabía que no hubo impugnaciones de miles de actas, sino solo de un voto en cada una de las 461? ¿Sabía que, desde 1963, los votos, luego del escrutinio, deben ser destruidos y solo valen las actas donde se consignan todos los resultados y las ocurrencias de la jornada electoral y, por lo tanto, no existe “reconteo de votos”? ¿Sabía que a los personeros de los partidos les asiste el derecho de impugnar la identidad del elector, el voto y la mesa en su conjunto, y esto último solo ocurrió en un solo caso a nivel nacional? Pero, de la misma manera, ¿sabía que los partidos tienen el derecho de acreditar personeros en todos los centros de cómputo y pueden apelar ante los jurados electorales especiales y, en última instancia, el (JNE), que constituye un sistema garantista en donde los primeros son absolutamente autónomos del segundo? ¿Sabía que no toda incidencia o irregularidad que nace, en la mayoría de casos, por la inexperiencia, falta de capacitación o desidia de los miembros de mesa amerita solicitar la nulidad de toda la mesa? ¿Sabía que en elecciones, así como existe la presunción de inocencia, existe la presunción de la validez del voto que se debe proteger por encima de todo? ¿Sabía que solo se puede anular el acta de una mesa según el acotado artículo 363 de la LOE, y no otros casos, que son los que se muestran en redes y medios de comunicación? ¿Sabía que los plazos en elecciones son preclusivos en todas sus etapas y no pueden ser ampliados bajo ninguna consideración? ¿Sabía que en lo que va del siglo el único fraude fue con motivo de las elecciones del 2000 con Alberto Fujimori y que motivó el retiro de la misión de observación de la OEA?

En un ambiente crispado y de odio, estas y otras preguntas no se hacen. Muchos solo se alimentan de ‘fake news’ y están dispuestos a seguir compartiendo mentiras o medias verdades. Al querer defender un voto tratando del anular otro, y defender la democracia pisoteándola solo se está a un paso de invocar a un golpe de Estado, como tantas páginas de la historia así lo recuerdan.

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