Pedro Castillo ha decidido amarrarse al mástil de su nave y, quizás como Ulises, exigirle a su tripulación que ajuste las sogas en caso de que lo vean flaquear. (Foto: GEC)
Pedro Castillo ha decidido amarrarse al mástil de su nave y, quizás como Ulises, exigirle a su tripulación que ajuste las sogas en caso de que lo vean flaquear. (Foto: GEC)
Omar Awapara

Director de la carrera de Ciencias Políticas de la UPC

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En uno de los pasajes más conocidos de “La Odisea”, el héroe Ulises es advertido por la diosa Circe que en su retorno a Ítaca debe sortear el peligro de las sirenas, conocidas por volver locos a los hombres con su voz. Aquellos que se detienen a escuchar sus cantos pierden la cabeza y se avientan a las aguas, para no volver nunca a sus hogares y la compañía de sus familias. Para evitarlo, Circe le indica a Ulises que todos sus tripulantes usen cera para taparse los oídos y ser sordos a la llamada de las sirenas. A Ulises, en cambio, le recomienda que las escuche, pero firmemente amarrado al mástil de la embarcación, para que disfrute del canto sin sucumbir a su hechizo.

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Pensé en este episodio cuando en una crónica publicada la semana pasada, que terminó siendo decisivo para que Ollanta Humala alcanzara la presidencia en el 2011. Hasta el momento, aparte de un tono algo más conciliador en una entrevista radial, ha decidido amarrarse al mástil de su nave y, quizás como Ulises, exigirle a su tripulación que ajuste las sogas en caso de que lo vean flaquear. En entrevistas dominicales hace unos días, no hay mayor variación entre lo prometido en la primera vuelta y el mensaje para los votantes de la segunda.

¿Y por qué habría de cambiar, realmente? Las primeras encuestas lo muestran cómodamente distanciado de su rival, con márgenes no vistos hace mucho en elecciones presidenciales de segunda vuelta. La encuesta del IEP del domingo pasado lo muestra con llegada incluso en la conservadora Lima Metropolitana, donde está prácticamente empatado con , y con un 27% en el A/B. Y, sobre todo, las tres principales razones que se esgrimen para votar por él (sus propuestas, el antikeikismo, y que representa un cambio) son un incentivo para mantener el mismo discurso sin temor a perder atractivo.

Aunque una encuesta inicial de Ipsos ponía a Humala seis puntos por encima de su rival, ese margen desapareció en una semana, y a la siguiente ya estaba dos puntos por debajo, lo que probablemente haya motivado ese golpe de timón en la campaña nacionalista en el 2011. Por ahora, Castillo no ha recibido en ninguna de las primeras tres encuestas publicadas (en una sola semana, es cierto) señales de alarma.

Como señalan Eduardo Dargent y Martín Tanaka en sus más recientes columnas en este Diario, el peligro de que la ventaja actual se mantenga es que se pierde el incentivo para la moderación, y que el ganador busque trasladar esa mayoría artificial, construida sobre un balotaje, al acto de gobernar, con un claro límite o cortapisa en el número minoritario de congresistas que tiene en el Parlamento. Forzar el rumbo del barco por encima de la construcción de coaliciones o acuerdos puede derivar en una prolongación del escenario de confrontación y falta de gobernabilidad que nos marcó los últimos cinco años, con el riesgo correspondiente para el régimen democrático.

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