En esta explosiva campaña, ninguno buscó el centro. Ninguno se moderó. (Fotos: EC)
En esta explosiva campaña, ninguno buscó el centro. Ninguno se moderó. (Fotos: EC)
Omar Awapara

Director de la carrera de Ciencias Políticas de la UPC

Conforme a los criterios de

Trust Project
Saber más

Al momento de escribir esta columna, martes 8 por la tarde, desconocemos aún los resultados finales de las elecciones del domingo 6, reflejando el grado de división en el voto entre los dos candidatos. Como si fuera poco, la polarización persiste, tras las graves acusaciones de fraude elevadas por y su plancha presidencial en conferencia de prensa el lunes por la noche, en lo que augura ser un camino sin retorno para la legitimidad del proceso electoral.

Hasta el lunes por la noche, quería pensar que la división era también un producto de diseño institucional. La elección del 11 de abril pareció dejar esa sensación. Los resultados reflejaban un sistema político fragmentado, con la representación atomizada y una ciudadanía dominada por la desafección. La dispersión del voto entre muchos partidos con bajo arraigo ya se había manifestado incluso en enero del 2020.

MIRA: La pregunta del día: ¿Qué son los votos impugnados y las actas observadas? | VIDEO

Como algunos destacaron, en perspectiva comparada, en ningún país de la región los dos candidatos finalistas sumaban apenas 32% de los votos. O el 18,41% del electorado hábil, como mostró Martin Hidalgo en este Diario. Una amplia mayoría no tuvo como primera opción ni a ni a Keiko Fujimori.

Y sin embargo, en ocho semanas, como resultado de un mecanismo institucional diseñado para fabricar mayorías, el voto se alineó marcadamente con una de las dos opciones en liza. Podemos hablar, como lo he hecho antes, de ciertas continuidades, que hacían muy predecible un mapa como el que parece tendremos, casi un calco de la distribución del voto en nuestros últimos procesos electorales. Le podemos adjuntar nuestra explicación preferida a ese fenómeno, pero lo cierto es que la carrera se iniciaba con una distribución de votos preestablecida.

Sobre la que, sin embargo, había un margen de maniobra. En esta explosiva campaña, ninguno buscó el centro. Ninguno se moderó. Castillo salió del partidor con sorprendente ligereza, lo que le dio confianza para mantener su línea y Fujimori logró acortar la brecha básicamente sobre los temores que despertaba un gobierno con propuestas de cambio radical.

Muchas de estas divisiones fueron exacerbadas por la prensa, de muy cuestionable rol (pienso en cómo Malcolm Gladwell explicaba el episodio bíblico de David versus Goliat. Una de las razones por las que pierde Goliat, con su reluciente armadura e imponente tamaño, es porque es miope o casi ciego por una acromegalia que también explica su gigantismo).

En esa misma prensa estará también depositada la tarea de manejar estos días de suma incertidumbre, ánimos caldeados e irresponsabilidad de la clase política. Debería ser el momento para voces y liderazgos prudentes en la sociedad, de ambos lados, que sí estén a la altura de las circunstancias. Que prevalezcan los moderados de cada lado y no los radicales.

En ese sentido, estos primeros días tras la elección son ya una primera prueba de fuego para el compromiso de varios sectores con el sistema democrático, como señalaba Adriana Urrutia. Hay que recordar que los actores políticos solo pueden ir tan lejos como nosotros (la sociedad civil) lo permitamos.

El título de esta columna fue pensado con un breve análisis de la segunda vuelta en mente. Pero en nombre de la defensa del voto ciudadano, los líderes políticos están poniendo en riesgo la reputación y la confianza en el proceso y las instituciones electorales. Como señalé antes, no parece que esta elección vaya a marcar un punto de inflexión en nuestro retroceso democrático, sea cual sea el resultado final. Es una parada más en el descenso paulatino hacia su deterioro.

VIDEO RECOMENDADO:

El voto escondido y ausentismo se presentaron en la segunda vuelta de la elección presidencial
La diferencia entre los resultados de la encuesta a boca de urna y el conteo rápido de Ipsos mostró una pequeña ventaja a favor de Pedro Castillo, pero aún dentro del empate técnico. Una explicación a esta diferencia sería el llamado voto escondido. (Fuente: América TV)