Acción Popular mantiene el liderazgo en las preferencias al Congreso que completará el período parlamentario 2016-2021. (Foto: Juan Ponce/ GEC)
Acción Popular mantiene el liderazgo en las preferencias al Congreso que completará el período parlamentario 2016-2021. (Foto: Juan Ponce/ GEC)
Eduardo  Dargent

Politólogo, PUCP

¿Qué explica que se haya mantenido como favorito durante la y que, si no hay sorpresas, coseche un número importante de congresistas este domingo? Es fácil descartar una explicación fácil para esta situación: no hay personalidades que jalen votos al partido. La predominancia de militantes, muchos jóvenes, nos ha permitido conducir una suerte de experimento para evaluar el peso de la lampa como marca partidaria. Y hasta ahora le va bastante bien.

Tampoco se trata de exagerar. El porcentaje en las encuestas no es abrumador. La debilidad de los rivales y el alto número de votos blancos y viciados lo favorece. Pero, con todo, para ser un partido vapuleado en 1985 después de su segundo gobierno, y haber pasado un par de décadas entre los ‘otros’ de la política, el símbolo sigue pesando. Es, creo, el único partido de los ochenta cuyo símbolo aporta y no le quita al candidato. No es poca cosa.

Las razones por las que la lampa es atractiva son varias. Por un lado, apunta a un espacio político de centro que el partido representa desde sus inicios. Si uno ve el tema como individualidades, Acción Popular ha congregado personalidades de diversas tendencias. Pero en conjunto se ha parado, de una forma u otra, en el centro. A veces, centroderecha; otras, más reformista. Parece que el ánimo mayoritario está hoy para esos centros. Y quizá coseche más votos por los recientes escándalos del .

Se podrá decir que esta clasificación centrista o progresista es injusta, especialmente teniendo en cuenta el segundo gobierno de Fernando Belaunde. Pero de alguna manera ha logrado mantener esa imagen a través del tiempo.

Ojo que esta ventaja electoral pueda ser una desventaja si en otro tipo de contienda no tiene un discurso más claro, un problema que acompaña al partido desde siempre. Y que fue la kryptonita de Valentín Paniagua en el 2006. Hoy lo difuso le sirve. Quizá mañana no.

Vinculado a este punto, me parece además que la reciente campaña municipal, especialmente en Lima, y la presidencial del 2016 ayudaron a actualizar este centrismo y la relevancia del símbolo. Sin ese empuje, tal vez el símbolo hoy sería más parecido al PPC, bastante menos atractivo tras varias malas campañas.

Finalmente, hay algo de suerte. A pesar de la actitud de algunos de sus dirigentes en el Congreso anterior, no se asocia al partido con la mayoría que controló dicho poder del Estado. De alguna manera, sus propias tensiones internas lo salvaron de quedar en la foto de los derrotados. Hubo líderes partidarios que criticaron a sus congresistas. Un poco más de tiempo manteniendo la conducta que se le vio a Acción Popular en las últimas semanas pudo haberlo enterrado.

Como sea, la pregunta que queda abierta es qué se hará con este capital político. Para una campaña presidencial será difícil ser atractivos sin un buen líder o técnicos y políticos de más peso. Vimos ya el costo para Barnechea de no tener banca durante la campaña pasada, por ejemplo. Las peleas internas son siempre un riesgo en el partido. Y también perder la brújula centrista. Desde el próximo lunes tendrán que pensar en todo eso.