Es claro que el final del precipitado intento por vacar al presidente no le va a brindar mucho aire, sobre todo si las revelaciones del Caso Richard Swing no cesan. (Foto: AFP)
Es claro que el final del precipitado intento por vacar al presidente no le va a brindar mucho aire, sobre todo si las revelaciones del Caso Richard Swing no cesan. (Foto: AFP)
José Carlos Requena

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El presidente superó con creces el que se había convertido en el principal escollo de su gestión: el intento de vacancia de un sector del Parlamento. Como se sabe, . La situación fue marcadamente distinta a la que , en diciembre del 2017, lograda por escaso margen (79 votos a favor, ocho menos de los requeridos).

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En esta ocasión, el liderazgo del Congreso –que coqueteó con la idea de un final anticipado de mandato– termina algo dañado, sobre todo en la opinión pública, donde la narrativa del complot ha tenido un indudable éxito. De hecho, solo mirando la encuesta más reciente de Ipsos, se puede notar el deterioro en la aprobación, que pasa de 36% en agosto a 24% en setiembre. El porcentaje no es desdeñable, sobre todo considerando las cifras que suele exhibir el Parlamento, aunque la reducción es significativa.

Pero la superación del trance no significa una victoria para el aún popular Vizcarra (57% en setiembre, según Ipsos). De alguna manera, no debe descartarse que el efecto debilitador de esta oportunidad sea muy parecido al que caracterizó a su predecesor: una vez superado el problema, se plantea un período de tensa calma. ¿Vendrá luego una crisis terminal?

Tocará a Vizcarra anticipar tal desenlace, para lo que es necesario tener en cuenta algunas consideraciones. Para empezar, es claro que el final del precipitado intento por vacar al presidente no le va a brindar mucho aire, sobre todo si las revelaciones del no cesan.

Además, las dudas planteadas sobre presiones, gestiones y favores que contienen no han sido del todo despejadas, un golpe importante para un gobierno que basó su gestión en gestos en torno a la lucha contra la corrupción.

Más importante, el aislamiento que se muestra es cada vez más preocupante. En esta ocasión, aún la llamada “muralla moqueguana”, que parecía infranqueable desde el inicio de su mandato, parece desmoronarse. .

“Los grandes desafíos del Perú nos exigen actuar con sensatez y responsabilidad. Sigamos trabajando todos unidos por lo que realmente importa a los peruanos. La lucha contra la pandemia, la reactivación económica, el fortalecimiento de la democracia, el combate a la corrupción, para mejorar la calidad de vida de quienes más lo necesitan”, .

Pero su llamado, una repetición de lugares comunes efectivo en épocas pasadas, resulta cada vez menos persuasivo. Para usar un adjetivo al que Vizcarra ha echado mano en otras circunstancias, su gestión parece encaminarse a una evidente e inevitable terminación fáctica. ¿Habrá margen para un cambio de rumbo?

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