Rebeca Araujo, Junior Montalván y Milagros Cuno son tres jóvenes que miran con ilusión el futuro de Lima dentro de 15 años.
Rebeca Araujo, Junior Montalván y Milagros Cuno son tres jóvenes que miran con ilusión el futuro de Lima dentro de 15 años.
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ESPACIO LIMA 2034

Hasta hace unos años, la madre de Rebeca Araujo gastaba más de S/ 100 al mes en combustible para cocinar. En su negocio de comida, una parte de su dinero lo invertía en comprar balones de gas. Todo cambió cuando un día unos técnicos de Cálidda tocaron su puerta para ofrecerle una solución que ella no conocía. Al inicio, dudó de la propuesta de los especialistas: si la casa contara con gas natural, su gasto mensual se reduciría a menos de la mitad. La madre aceptó con mirada incrédula, pero un mes después, cuando vio el recibo de gas, los ojos se le iluminaron: la tarifa era solo de S/ 13.

Cuando madre e hija iniciaron el cambio por gas natural, fue solo por el beneficio económico, pero con el tiempo se darían cuenta también de la ventaja ambiental de este combustible. A sus 17 años, Rebeca, alumna del (COAR), piensa mucho en el impacto ecológico de sus acciones. “A veces incluso me toca concientizar a mis papás”, afirma.

A diferencia de hace unos años, hoy los jóvenes y adolescentes tienen mayor consciencia sobre el calentamiento global. En marzo del 2019, miles de estudiantes de más de 80 países marcharon para exigir a los gobiernos un verdadero compromiso con la causa. Desde Lima, Rebeca también alza la voz: “Debemos cambiar nuestra forma de actuar y pensar como sociedad, erradicar la indiferencia y proyectarnos a futuro”. La actitud de su generación la lleva a pensar que será una ciudad más limpia y ordenada, con una mayor preocupación por su huella de carbono.


Una ciudad con nubes blancas
Hace un año, Junior Montalván viajó a Cusco y en el avión se quedó contemplando las nubes. Le sorprendió la blancura y nitidez de su aspecto, unos algodones gigantes que jamás había visto. Días después, cuando regresó a la capital, el asombro se convirtió en desilusión. “Vi cómo las nubes se iban tornando grises y espesas, fue entonces que me di cuenta de la enorme contaminación de Lima”, recuerda el alumno de 16 años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), nuestra capital es una de las ciudades más contaminadas de Latinoamérica. Hasta hace un par de años, el 71% de todas las municipalidades de Lima no supervisaba la polución de su distrito. Sin embargo, no todas son malas noticias. Con la aparición de Cálidda en el año 2004, más de 9 mil comercios, 620 industrias, unos 200 mil vehículos y 23 generadoras de energía se han conectado al gas natural, gracias a lo cual se ha evitado emitir más de 50 millones de CO2 a la atmósfera.

“Creo que el uso de este combustible es uno de los pasos importantes para emprender la renovación ecológica, pero también necesitamos otros agentes de cambio. Y somos los jóvenes los que tenemos esa obligación”, asegura Junior, quien piensa que su generación consolidará la cultura ambiental para la .

La ciencia al servicio del planeta
Sueña con ser ingeniera química y ejercer un impacto ecológico en las empresas peruanas. “En la actualidad, se exige a las compañías contar con un ingeniero químico para regular la huella ambiental de sus procesos”, dice Milagros Cuno Quiñones, una alumna de 15 años que ve la ciencia como una forma de servir al medio ambiente.

Tiene muy presente los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU, de los cuales destaca dos de ellos: energía saludable y ciudades sostenibles. Dice que le gustaría evaluar y abordar estos objetivos desde la ingeniería química. “En 15 años me veo como un agente de cambio, asumiendo retos importantes y con una perspectiva nacional”, afirma la futura científica. Cuando intenta imaginar su ciudad en el , ve una Lima mucho más consciente, “en donde no se use bolsas plásticas, la gente no tire basura al mar y las combis no parezcan una chimenea”.

Los limeños del futuro serán ciudadanos que usarán en sus casas y en su día a día, combustibles limpios, como el . Pero como dice Milagros: no es un asunto del futuro, sino de ahora mismo. “Si no cambiamos hoy, no lo haremos nunca”, sentencia la adolescente y sus dos compañeros asienten con la cabeza. La consigna de su generación parece clara: el cambio empieza hoy.

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