LA HERRADURA, 1964. “El traje de baño enterizo siempre ha estado y estará de moda”, sostiene Angie Schlegel. “En esta estampa, una de las mujeres usa un innovador corte strapless, que ayudaba a evitar marcas en el torso”, indica la diseñadora. Fue en los años sesenta que se comenzaron a utilizar mezclas de algodón con lycra y poliéster, una fresca entrada al mundo de la comodidad que cambió la manera de vestir de millones de mujeres. “Recién se comenzaba a experimentar con spandex, lycra, poliéster y algodón. Al comienzo, cuando estos materiales aún eran desconocidos, se aplicaba un efecto drapeado en las ropas de baño de algodón para que este se amolde con más seguridad al cuerpo”, añade. (Fotos: Archivo Histórico El Comercio)
LA HERRADURA, 1964. “El traje de baño enterizo siempre ha estado y estará de moda”, sostiene Angie Schlegel. “En esta estampa, una de las mujeres usa un innovador corte strapless, que ayudaba a evitar marcas en el torso”, indica la diseñadora. Fue en los años sesenta que se comenzaron a utilizar mezclas de algodón con lycra y poliéster, una fresca entrada al mundo de la comodidad que cambió la manera de vestir de millones de mujeres. “Recién se comenzaba a experimentar con spandex, lycra, poliéster y algodón. Al comienzo, cuando estos materiales aún eran desconocidos, se aplicaba un efecto drapeado en las ropas de baño de algodón para que este se amolde con más seguridad al cuerpo”, añade. (Fotos: Archivo Histórico El Comercio)
Nora Sugobono

Era 1952 cuando una francesa de 17 años de nombre Brigitte Bardot escandalizó al mundo con su protagónico en la cinta La chica del bikini (Manina, la fille sans voile). No había mucho lugar a la especulación con aquel título: Bardot aparecía con frecuencia en el filme luciendo un traje de baño de dos piezas que dejaba todo su abdomen al aire. En el resto del mundo, ni siquiera los diseños de ropa interior femenina contemplaban patrones tan ligeros; tan escasos de tela. ‘BB’ volvió a ponerse su bikini en vivo y directo un año más tarde, durante el Festival de Cannes. Y hubo más escándalo.

El bikini –tal y como lo conocemos hoy– no tenía mucha vigencia en aquel entonces. Era una pieza rara, atrevida, prohibida. De hecho, había sido creado poco antes de la llegada de Bardot al cine (en 1946) por un ingeniero francés llamado Louis Reard, quien se vio en la obligación de llamar a una estríper del Casino de París para su presentación oficial cuando la modelo contratada se negó a lucirlo en público. La fama del diminuto traje de baño creció como la espuma y en el resto del mundo millones de jóvenes estaban dispuestas a llevarlo sin tapujos. Hacia 1965, las costas de un país llamado Perú –cuyas olas atraían a surfistas de todo el planeta y cuya riqueza pesquera era celebrada y difundida– eran el territorio idóneo.

LA PUNTA, CALLAO, 1955. Mostrar la pierna completa no solo fue considerado como un acto impúdico durante buena parte del siglo XX; también era una acción casi imposible de ejecutar debido a la ausencia de opciones en el mercado. Era difícil encontrar trajes de baño más modernos, al menos a nivel masivo. “Estos patrones aún se hacían como un ‘microshort’, que envolvía las caderas”, señala Schlegel.
LA PUNTA, CALLAO, 1955. Mostrar la pierna completa no solo fue considerado como un acto impúdico durante buena parte del siglo XX; también era una acción casi imposible de ejecutar debido a la ausencia de opciones en el mercado. Era difícil encontrar trajes de baño más modernos, al menos a nivel masivo. “Estos patrones aún se hacían como un ‘microshort’, que envolvía las caderas”, señala Schlegel.
LA HERRADURA, CHORRILLOS, 1960. “Los trajes de baño de principios de los 60 se mantuvieron en línea con el aspecto ultrafemenino dominado por Dior”, explica Raffaella Raffo, directora y diseñadora de la marca peruana Capittana. “Los protagonistas en las playas eran vestidos de baño con cinturas ceñidas y líneas de busto bien construidas. Era clave adornar el look, y se usaban aretes, pulseras, sombreros, gorros de baño, bolsos de mano y camisas de playa”. A la vanguardia pero, ante todo, bien equipadas.
LA HERRADURA, CHORRILLOS, 1960. “Los trajes de baño de principios de los 60 se mantuvieron en línea con el aspecto ultrafemenino dominado por Dior”, explica Raffaella Raffo, directora y diseñadora de la marca peruana Capittana. “Los protagonistas en las playas eran vestidos de baño con cinturas ceñidas y líneas de busto bien construidas. Era clave adornar el look, y se usaban aretes, pulseras, sombreros, gorros de baño, bolsos de mano y camisas de playa”. A la vanguardia pero, ante todo, bien equipadas.

“La década del sesenta representa una época de mucha liberación femenina”, explica el diseñador Roger Loayza. “Para empezar, aparece la minifalda, lo cual revolucionó el vestuario para siempre. Esta tendencia (que incluye también al bikini) responde a un culto a la juventud que permanece hasta el día de hoy. Al mismo tiempo, se desarrolló una silueta de mujer que incluye ciertos toques infantiles, dulces, como cuellos de bebé, tonos pastel y botones grandes”, sostiene Roger. Definitivamente, son años de mucha ilusión por el futuro (la vida en el espacio fue un eje central de la cultura pop) y esto se traduce en la innovación y exploración de nuevos materiales en prendas. La moda es quizás el mejor reflejo de aquel tiempo y un símbolo de la tan ansiada libertad de muchas generaciones de mujeres. Pero no es lo único. En 1961 se empezó a comercializar la píldora anticonceptiva en Estados Unidos, y la revolución sexual no había sino empezado.

LA HERRADURA, CHORRILLOS, 1960. Con la llegada de una nueva década, el ayer se encuentra con el hoy. “La mujer de la derecha usa el típico corte de traje de baño de fines de los 50. Podemos ver un patrón de polka dots o lunares, tan característicos de aquella época. Las tiras gruesas y los escotes en punta o corazón también marcaron una fuerte tendencia”, señala la diseñadora Angie Schlegel. “La mezcla entre el traje de lunares con el gorro de baño era un must de esos años”, continúa Raffaella Raffo. Si los accesorios de playa eran diversos y llamativos entonces –los 60 fueron un terreno de fértil y colorida experimentación textil–, en la actualidad eso se replica a la potencia.
LA HERRADURA, CHORRILLOS, 1960. Con la llegada de una nueva década, el ayer se encuentra con el hoy. “La mujer de la derecha usa el típico corte de traje de baño de fines de los 50. Podemos ver un patrón de polka dots o lunares, tan característicos de aquella época. Las tiras gruesas y los escotes en punta o corazón también marcaron una fuerte tendencia”, señala la diseñadora Angie Schlegel. “La mezcla entre el traje de lunares con el gorro de baño era un must de esos años”, continúa Raffaella Raffo. Si los accesorios de playa eran diversos y llamativos entonces –los 60 fueron un terreno de fértil y colorida experimentación textil–, en la actualidad eso se replica a la potencia.
CLUB DE REGATAS LIMA, CHORRILLOS, 1965. “Para los años 60, la regla ya era que se enseñe toda la pierna. Además, se hicieron populares los trajes de dos piezas con tiro alto, como el de la foto”, cuenta Raffaella Raffo. El paquete solo estaba completo con un buen par de anteojos, algún snack veraniego y... un pelo que acompañe. Los tocados y peinados con volumen (era habitual que se usen químicos en exceso) lucían muy bien en eventos sociales, pero impedían a muchas mujeres zambullirse en el mar o piscinas. El cloro o la sal los habrían arruinado por completo.
CLUB DE REGATAS LIMA, CHORRILLOS, 1965. “Para los años 60, la regla ya era que se enseñe toda la pierna. Además, se hicieron populares los trajes de dos piezas con tiro alto, como el de la foto”, cuenta Raffaella Raffo. El paquete solo estaba completo con un buen par de anteojos, algún snack veraniego y... un pelo que acompañe. Los tocados y peinados con volumen (era habitual que se usen químicos en exceso) lucían muy bien en eventos sociales, pero impedían a muchas mujeres zambullirse en el mar o piscinas. El cloro o la sal los habrían arruinado por completo.


La década previa había sido todo lo opuesto. En los glamurosos años 50, el objetivo era resaltar, potenciar los ragos femeninos más clásicos: cinturas ceñidas, volúmenes, elegancia. Era la esposa que regresaba a su lugar como ama de casa perfecta después de haber tenido un rol más activo durante la II Guerra Mundial. Era fantasía y belleza, pero era un mundo que ya no era real.

En 1956 se promulgó el derecho al voto femenino en el Perú. Lo que pasó entre una década y la otra fue rápido, pero decisivo. Después de siglos de haber estado cubierta, protegida por capas de tela, la mujer quería liberar su cuerpo en todas las variables posibles. La transición de los 50 a los 60 supuso eso mismo.

DÉJAME QUE TE CUENTE

“La limeña hace eco de la moda sobre todo europea”, explica la ex Miss Perú y estudiante del doctorado de Historia de la PUCP, Lisseth Ramis. “Si bien hacia los 60 se impone el uso del bikini, la sociedad era aún muy conservadora y son pocas las que se atreven a usarlo”, sostiene. Efectivamente, al comienzo de la década la mayoría sigue prefiriendo el traje de baño completo, pero hacia mediados y finales (con la llegada del movimiento hippie) las cosas cambiaron sin lugar a retorno.

WAIKIKI, MIRAFLORES, 1965. Un campeonato de tabla hawaiana organizado en la emblemática Waikiki fue la oportunidad perfecta para que decenas de jovencitas pudieran lucir el traje de baño que estaba revolucionando el mundo: el bikini. “El look de la foto es bastante avanzado, ya que no solo es de dos piezas, sino que también es de tiro bajo, lo cual muestra más piel de lo que se acostumbraba en el momento, incluso a nivel mundial”, explica Raffaella Raffo. “El bikini comenzó como un bustier y un short a la cintura y fue evolucionando hacia una trusa a la altura de las caderas dejando ver prácticamente todo el abdomen. Para esta época, los materiales alicrados y estampados coloridos estaban en todo su apogeo”, finaliza Angie Schlegel. En cuanto a ellos, la evolución fue a la inversa: para los 60 los shorts de playa se vuelven algo más largos, al estilo bóxer, en contraste con las piezas cortas de las décadas anteriores, conocidas como boxer briefs o trunks.
WAIKIKI, MIRAFLORES, 1965. Un campeonato de tabla hawaiana organizado en la emblemática Waikiki fue la oportunidad perfecta para que decenas de jovencitas pudieran lucir el traje de baño que estaba revolucionando el mundo: el bikini. “El look de la foto es bastante avanzado, ya que no solo es de dos piezas, sino que también es de tiro bajo, lo cual muestra más piel de lo que se acostumbraba en el momento, incluso a nivel mundial”, explica Raffaella Raffo. “El bikini comenzó como un bustier y un short a la cintura y fue evolucionando hacia una trusa a la altura de las caderas dejando ver prácticamente todo el abdomen. Para esta época, los materiales alicrados y estampados coloridos estaban en todo su apogeo”, finaliza Angie Schlegel. En cuanto a ellos, la evolución fue a la inversa: para los 60 los shorts de playa se vuelven algo más largos, al estilo bóxer, en contraste con las piezas cortas de las décadas anteriores, conocidas como boxer briefs o trunks.
LA HERRADURA, CHORRILLOS, 1964. Los sesenta traen una moda ‘universal’. “Hoy tenemos múltiples tendencias a la vez, pero en esos años lo que se usaba en Europa y Estados Unidos se llevaba también en Latinoamérica; no había una desconexión”, explica el diseñador Roger Loayza. “Se trata de una generación de mujeres que tienen diferentes maneras de ser sexy sin mostrar demasiado. El look tipo bombshell a lo Marilyn Monroe ya estaba de salida, pero aparece Jackie Kennedy, cuyo estilo se reproduce a nivel mundial”. Un look chic, elegante y muy casual que no aparenta tener mucha producción.
LA HERRADURA, CHORRILLOS, 1964. Los sesenta traen una moda ‘universal’. “Hoy tenemos múltiples tendencias a la vez, pero en esos años lo que se usaba en Europa y Estados Unidos se llevaba también en Latinoamérica; no había una desconexión”, explica el diseñador Roger Loayza. “Se trata de una generación de mujeres que tienen diferentes maneras de ser sexy sin mostrar demasiado. El look tipo bombshell a lo Marilyn Monroe ya estaba de salida, pero aparece Jackie Kennedy, cuyo estilo se reproduce a nivel mundial”. Un look chic, elegante y muy casual que no aparenta tener mucha producción.

Para Ramis, hay otro factor que no puede deslindarse del contexto local: las diferencias socioeconómicas y cómo estas impactan en las costumbres y modas. “En ese momento, para muchas mujeres de clase alta el estar bronceadas ya implicaba que pertenecían a una clase social vinculada al ocio”, indica. “Lucir el cuerpo bronceado es sinónimo de ser una mujer que puede darse el lujo de estar en la playa, ya que no necesita trabajar”. Casi en paralelo, la consciencia colectiva de entender el cuerpo femenino como una vía de empoderamiento y liberación se hacía más fuerte en las generaciones más jóvenes. Un fenómeno que –afortunadamente– desconocía de estratos sociales o procedencias.

De Chorrillos a Ancón: bajo el sol todos siempre fueron iguales.