El 80% de las personas que se proponen resoluciones de año nuevo, las dejan cerca de la segunda semana de febrero.
El 80% de las personas que se proponen resoluciones de año nuevo, las dejan cerca de la segunda semana de febrero.
Andrea Montalvo

Estamos a la vuelta de la esquina de terminar el 2019. Con el fin de este año empieza no solo uno nuevo, sino también una nueva década. Usualmente, las personas vemos el inicio de un nuevo año como una oportunidad para comenzar de nuevo, para hacer cambios y para crear nuevos hábitos. El 1 de enero es el día más popular para “resetear” y empezar de cero. En este día, muchas personas suelen proponerse las famosas resoluciones de año nuevo, o lista de cosas que quieren dejar o empezar a hacer para sentirse mejor.

De acuerdo con Dennis Buttimer – psicólogo, consejero y coach –, las personas quieren una segunda oportunidad para mejorar la calidad de sus vidas, y el año nuevo ofrece la página en blanco para hacer las cosas bien. Comenta que, al plantearnos resoluciones de año nuevo estamos utilizando la autoeficacia, que es la habilidad de confiar en la propia capacidad para cumplir objetivos y lograr resultados, y estamos asumiendo control sobre nuestra propia vida.

Querer crear nuevos hábitos y dejar otros atrás no es suficiente, para lograrlo se necesita de mucha fuerza de voluntad, organización y responsabilidad.
Querer crear nuevos hábitos y dejar otros atrás no es suficiente, para lograrlo se necesita de mucha fuerza de voluntad, organización y responsabilidad.

Psicológicamente, empezar de cero un nuevo calendario cambia nuestra forma de ver las cosas: nos hace analizar el año pasado y resaltar qué es lo que quisiéramos hacer distinto o qué quisiéramos reforzar de ahí en adelante. Nos hace sentir bien tener una nueva oportunidad y nos ayuda a reflexionar acerca de quiénes y cómo quisiéramos ser. Sin embargo, a pesar de la motivación que el nuevo año nos da para plantearnos resoluciones y cosas que queremos hacer, la realidad es que al poco tiempo volvemos a nuestros hábitos regulares y dejamos las resoluciones de lado.

De hecho, el 80% de las personas que se proponen resoluciones de año nuevo, las dejan cerca de la segunda semana de febrero. De mi grupo de amigos y personas cercanas, aproximadamente el 70% plantea resoluciones todos los años, incluyéndome. De estos, la mayoría comenta haber cumplido solo una de sus resoluciones de manera parcial.

Esto es muy común y tiene distintas causas. Querer crear nuevos hábitos y dejar otros atrás no es suficiente: para lograrlo se necesita de mucha fuerza de voluntad, organización y responsabilidad. Muchas veces, las resoluciones u objetivos que nos planteamos no los hemos pensado suficiente y los proponemos de manera más impulsiva; esto hace que sea más complicado mantenerlos en el tiempo. Otro motivo por el cual no logramos cumplir nuestras metas de año nuevo es que las planteamos de maneras muy complejas, lo que hace que perdamos interés y motivación por cumplirlas rápidamente.

Entonces, si es tan fácil perder la motivación por cumplir las resoluciones de año nuevo, ¿por qué seguimos planteándolas con tanto entusiasmo año a año? Para muchos es un tema de tradición; para otros, es la idea e inspiración de tener una oportunidad de volver a empezar. La mayoría de las personas tenemos una gran inclinación a mejorar constantemente, a pesar de que es fácil rendirnos a mitad de camino. Sin importar el motivo por el cual nos proponemos metas y objetivos para el nuevo año, pienso que es algo que debemos hacer por distintas razones. Por ejemplo:

- Nos propone un reto personal: es normal que nos acomodemos a nuestra vida y la zona de confort, y proponernos metas nos ayuda a explorar nuestro propio potencial y a crecer como personas.

- Nos ayuda a evaluar nuestra vida, qué quisiéramos dejar de lado y qué quisiéramos mejorar: hacernos preguntas como ¿he sido la persona que quiero ser? ¿estoy haciendo las cosas como quiero hacerlas? ¿tengo algún sueño o meta que aún no he empezado a cumplir? Nos ayuda a saber hacia dónde queremos ir.

- Nos hace enfocar nuestra energía y pensamientos en ser mejores: así no logremos cumplir todas nuestras metas de año nuevo, tomarnos el tiempo de plantearlas nos ayuda a enfocarnos en ser mejores.

- Proponernos resoluciones nos acerca al cumplimiento de metas y objetivos más grandes.

No importa cuál sea la motivación detrás del planteamiento de resoluciones, ni cuáles son nuestras metas para el nuevo año, proponérnoslas nos hace creer en nosotros mismos y en nuestra capacidad de ser mejores. Por eso, debemos tener en cuenta que para cumplirlas es importante que las planteemos con intención, nos aseguremos de que sean cosas que realmente queremos lograr y que tengan motivos significativos, que no sean restrictivas y, finalmente, que sean cosas que podemos comentar con otros. Eso nos motivará a cumplirlas.