'¿Por qué no darnos una mano?', la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
'¿Por qué no darnos una mano?', la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
Lorena Salmón

Nunca imaginé escribir libros de corte de autoayuda. De hecho, durante muchos años de mi vida creé en torno a mí este personaje rebelde que se resistía a lecturas por el estilo.

Todo cambió cuando leí Autobiografía de un yogui, de Paramahansa Yogananda, un iluminado que llegó a este mundo para esparcir el mensaje puro del yoga: amar al prójimo, servir a los demás, cómo lograr encontrar la calma entre tanto movimiento.

NO era autoyuda necesariamente, pero vaya que me ayudó.

Este maestro tenía la capacidad de llevar su conciencia fuera de su cuerpo físico y entrar en trance de meditación absoluta, sentirse pleno, entregar su tiempo absolutamente a los demás, con un discurso hermoso.

Después de ese libro comencé interesadamente a leer más títulos que me sonaron similares, esos que se encuentran en las librerías casi siempre al lado de Espiritual y Magia.

Uno muy valioso fue el de Louise Hay, una escritora y precursora de los libros de autoayuda. Una sobreviviente de un cáncer fulminante que escribió una guía de interpretación de males físicos con causas emocionales a trabajar, para empoderar al lector y que este sane su vida, si así lo quisiera. Fue toda una revolución y despertó todavía más interés en mí en todo tipo de temática que me cuestionara mi propia existencia.

Comencé a acumular libros, a pedir referencias, a tomar prestadas copias, a prestar atención a las recomendaciones.

Y así comencé una pequeña colección de libros que buscaba con el fin de aprender herramientas para sentirme mejor. La verdad es que muchos me han ayudado.

Cuando creé la plataforma virtual que manejo, siempre tuve la intención de salir de las pantallas, de traspasarlas, de hacer verdaderamente cosas, de poder ayudar a los demás como pudiese. Terminé escribiendo libros.

Sucedió que mientras yo contaba mis experiencias de vida con honestidad a través de la web, encontraba que existían tantas otras personas sintiéndose absolutamente identificadas, buscando ayuda y respuestas como yo.

La comunidad creció y la idea del primer libro nació de la misma red: recogimos un poco lo que ya había contado y le dimos forma, como una guía para mejorar nuestro día a día.

Fue lindísimo.

Ahora he tenido la osadía de repetir el ejercicio, ese de partir de la web para pasar al libro. He recogido, junto a mi brillante editora, las preguntas que me hicieron llegar a través de Instagram, una poderosa herramienta si la usamos con fines más allá de los personales, personas como tú y yo, con dudas como las nuestras.

La mayoría de las preguntas que me hacían giraban en torno a la autoestima (o la falta de ella).

Recuerdo perfectamente que una chica me escribió diciéndome que entendía bien el concepto de autoestima, pero no sabía cómo ponerlo en práctica.

¿Sabía yo?

Me puse a leer, a escuchar charlas de TED, a encontrar referencias para poder dar una respuesta digna a una pregunta urgente. A tratar con seriedad el tema.

Muchas veces, humildemente, he respondido que no los puedo ayudar, que no hay nada de malo en buscar ayuda profesional.

De estos diálogos virtuales nace: Me quiero, no me quiero, me quiero. 50 preguntas sobre el amor propio.

Porque es importante poner en discusión y educarnos sobre cómo hacemos para querernos de verdad.

Porque no todos sabemos cómo debemos hacer con nosotros mismos para poder mirarnos al espejo y querernos, más allá de lo que vemos.

Aprender de amor propio –y aprender a diferenciar lo que parece pero no es amor propio– es vital.

Aprender a aceptar nuestra individualidad como nuestro superpoder y mirarnos con ojos de amor.

Así de cursi y necesario. //