Será una oportunidad para construir nuevo sistemas con mayor respeto por el medio ambiente. (Imagen: Nadia Santos)
Será una oportunidad para construir nuevo sistemas con mayor respeto por el medio ambiente. (Imagen: Nadia Santos)
Luciana Olivares

Mientras escribo esta columna, miro mi pantalla en blanco y pienso que es la perfecta analogía de cómo me siento como mamá, ciudadana y empresaria frente a la situación del . Tengo dudas, miedos e ideas que corren por mi cabeza de cómo enfrentaré los próximos días en mi casa, en la calle y en la oficina. Tengo una hija aún en edad escolar que no va a clases hace días y, si bien el colegio ha implementado tareas y clases virtuales en la casa, saberla con nuevas rutinas, tiempos muertos y repitiendo la frase “estoy aburrida, ¿ahora qué hago?”, me tiene como la película española: al borde de un ataque de nervios.

Soy dueña de una agencia de publicidad y tengo un equipo relativamente grande cuyo mayor desafío de convivencia –antes del coronavirus– era pedir que todos lavasen sus tazas después de usarlas. Hoy hemos aprendido que podemos estar más conectados, productivos y unidos que nunca desde Slack y grupos de WhatsApp. Cuando hay alguna amenaza de crisis financiera, rubros como el marketing y la publicidad corren el riesgo de verse prescindibles. Algunas marcas solo ven el corto plazo, así que en vez de quedarnos como equipo con los huevos de corbata –metafóricamente hablando–, estamos ayudando a nuestros clientes a voltear la tortilla. Hago una pausa mientras escribo esta última línea y escucho desde la ventana de mi edificio –que queda muy cerca de las playas de la Costa Verde– un megáfono que invita enérgicamente a los bañistas a entender que no estamos para días de playa. Toca estar en casa y cuidándonos, pero nadie se inmuta; hasta heladeros transitan por la orilla. Miro mi teléfono y el bombardeo de información en los distintos y algunos innecesarios grupos de chats que uno tiene, no dejan de colgar videos, posibles nuevos decretos de urgencia, audios o teóricas “primicias”. Sí, pues, es un caos, nunca hemos vivido algo así y paralizarnos ante lo desconocido es humano. Pero así como lo peor que puede pasarte mientras escribes es quedarte en blanco, haciendo y deshaciendo textos sin llegar a nada o sucumbir, que tu mente divague, te distraigas y no hayas pasado del título, la situación que enfrentamos con la propagación del virus a nivel mundial no puede dejarnos en la inacción, sea por pánico, minimizar la situación o desconocimiento. Tenemos que informarnos separando las noticias relevantes del sensacionalismo, tomar acciones concretas, responsables y generosas con el prójimo sin caer en pánico. Tan importante como todo esto: despertar más que nunca tu creatividad y dominio de la improvisación. Hoy quiero que exploremos este último punto y pensemos en la posibilidad de esa página en blanco, pero no desde la incertidumbre, sino desde la oportunidad que puede representar para todos nosotros y al mundo reconfigurarnos para reescribir lo que ya dábamos por sentado.

Leía hace poco a Lil Edelkoort, una de las futurólogas más influyentes del mundo, quien sostiene que la población en general va a sufrir de una cuarentena masiva de consumismo. Vamos a tener que acostumbrarnos o reacostumbrarnos a ser felices más con lo de adentro que con lo de afuera, literalmente. Sin duda vamos a experimentar un síndrome de abstinencia, de fastidio por no poder ir más rápido o a la velocidad de siempre, pero eso, según la futuróloga, una vez controlada la crisis del virus, será una oportunidad para construir nuevos sistemas en el mundo con mayor respeto por el medio ambiente y las personas. Incluso ya circulan varias imágenes del cielo de China: dos meses después de inactividad de transporte y de producción, el cielo luce más claro y los ciudadanos pueden realmente respirar de nuevo, ya que hasta la polución ha disminuido. Pero, claro, para llegar a ese cielo despejado hay un territorio turbio y duro que recorrer. Probablemente será de las pruebas más difíciles que nos tocará enfrentar como padres, profesionales, como humanidad. Nada va a ser igual a lo que teníamos antes del coronavirus, y no lo digo en tono alarmista, sino para que asumamos el rol de protagonistas en la construcción de nuestro futuro. En esta crisis no vale activar el piloto automático, porque tu supervivencia a nivel profesional va a depender de tu creatividad diaria. Tampoco sirve buscar culpables y renegar de nuestra suerte, sino buscarla a través de nuevos canales. Es el momento del desapego de lo material y el apego familiar. De redescubrir esquinas de tu casa en las que eras invisible y esa peca que no le viste a tu hijo porque más veías tu teléfono. De valorar más los abrazos a las personas que realmente estimas y desprenderte de la terrible costumbre de dar besos por compromiso. Es el momento de usar tu página en blanco para reescribir la historia. //

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