Durante la película se observa la escalofriante transformación de Arthur y cómo se va convirtiendo en asesino.
Durante la película se observa la escalofriante transformación de Arthur y cómo se va convirtiendo en asesino.

A un mes de estrenada la tan esperada película Guasón, del director Todd Phillips, con la sorprendente actuación de Joaquin Phoenix como el célebre criminal, la asistencia en las salas del mundo ya empieza a volverse récord en la historia del cine. En esta circunstancia brilla por todo lo alto una escena del filme en particular: el baile del Guasón en unas escaleras (si aún no ha visto la cinta y planea hacerlo, abstenerse de seguir leyendo).

La razón por la que esta es tan importante, fuera del gran impacto audiovisual que genera, es porque representa un momento clave en la vida de Arthur Fleck, el ciudadano de Ciudad Gótica detrás del maquillaje del villano. Durante la película se observa la escalofriante transformación de Arthur y cómo se va convirtiendo en asesino. Son distintos hechos, imaginarios y reales, los que él atraviesa para darse cuenta del inminente nuevo rumbo de su vida como uno de los malvados más celebrados de los cómics.

Acompañando a esta transformación vemos algunas escenas con bailes tímidos luego de momentos cruciales que progresivamente terminarían desenmascarándolo como un malvado ante sí mismo. Es la de la escalera, entonces, en donde el protagonista finalmente se acepta por completo, bailando sin más barreras morales, encarnándose de lleno en el personaje. El baile es estupendo. Acompañado de un cigarrillo, el nuevo villano da patadas al aire y hace movimientos de brazos, anteriormente más lentos y reservados, pero esta vez llevados al extremo para dejar salir por fin al verdadero personaje.

Todo bien hasta ahí. Digamos que la magnífica historia ficticia cumple satisfactoriamente sus objetivos. Pero ahora viene lo no tan ficticio: la canción que acompaña esta escena es Rock and Roll Part 2 del británico Gary Glitter, lanzada en marzo de 1972. Esta es la pista más reconocida de este músico de glam rock. El famoso y repetitivo “hey”, junto con una batería muy marcada y un riff de guitarra inevitablemente reconocible, la llevaron a ser un himno del fútbol americano, escenas de películas de competencia y demás eventos deportivos. Eso, hasta que en 1997 Glitter mandó a arreglar su ordenador por problemas técnicos a un centro de cómputo y le encontraron una cantidad alarmante de pornografía infantil. Resultó ser un depredador. Y no bastó una condena de cuatro meses en 1999 para detenerlo.

Tras el escándalo, el artista se refugió lejos. Escogió Camboya. Pero en el 2002 fue deportado de dicho país por sospechas de abuso sexual infantil, por lo que se fue a Vietnam. Ahí se le acusó de abuso sexual contra menores y fue encarcelado. La historia de este pedófilo culmina cuando regresa a Londres después de ser liberado y en el 2015 es sentenciado nuevamente a 16 años de prisión por tener relaciones sexuales con una niña de 13.

Con Glitter tras las rejas en la prisión de Wandsworth, las millonarias regalías de su canción utilizada en la película no le serán retribuidas. Los Angeles Times confirmó esto tras la enorme polémica generada después de que, a pesar de todos estos atroces acontecimientos, se le siga recompensando así sea por derechos de autor. El diario estadounidense corroboró esto tras una entrevista con Snapper Music, compañía inglesa que posee los derechos de Rock and Roll Part 2.

El uso de la canción en la película tampoco es aceptado por todos. Muchos entienden que la mórbida historia detrás del autor del tema fue aprovechada para agregarle terror al filme. Como que el Guasón debe bailarle a una canción compuesta por alguien igual o incluso más loco que él.

Glitter, pues, fue uno de los primeros artistas del movimiento glam en Inglaterra, pero pasó de estrella a repudiado. Aun así, su mayor hit logró traspasar décadas hasta llegar a la pantalla grande y volverse un boom mundial, como la canción símbolo de un tarado como él. Por eso, ¿juntar a Gary Glitter y al Guasón? Yo también pienso que, tanto en el cine como en la política, no hay casualidades. //