El peligro reside en discutir sobre las elecciones a la hora del almuerzo. (Foto: iStock)
El peligro reside en discutir sobre las elecciones a la hora del almuerzo. (Foto: iStock)
Jaime Bedoya

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Cada domingo una amenaza se cierne sobre la familia peruana. La distancia social es desafiada, el contacto físico es inevitable. Pero este riesgo no está en el . El peligro reside en discutir sobre las elecciones a la hora del almuerzo.

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Pongamos un domingo en que se pide delivery. La opción es un chifita. Tallarín saltado, chaufa, chanchito con tamarindo: la redención entre cuatro paredes. Pero apenas la crocante promesa de un wantán se asoma el patriarca enciende la mecha:

- No me voy a vacunar. El candidato de Keiko dijo que esa vacuna es agua.

- Papá, él hablaba de otra vacuna.

- ¿No era la china?

- Era otra china

- Todas las chinas son chinas.

- Era otra. Además, en otro canal dijo que si se iba a vacunar.

- Pero luego dijo en la radio que con eso solo vacunaría a su perro. Es agua. Vacancia.

El diálogo discurre circularmente en torno a la media docena de versiones que el susodicho candidato diera en cada programa. El otro hijo irrumpe:

- Por quien no pienso votar jamás es por el comunismo.

- ¿A quien te refieres?, pregunta su hermano.

- A los rojos pues, ¿te gusta que te hayan quitado la libertad?

- La cuarentena es sanitaria, no ideológica.

- Los morados te han lavado la cabeza. En el próximo gobierno de Vizcarra no habrá empresa privada, solo venezolanos y gays.

- Vizcarra no postula a presidente…

- Bueno, Sagasti

- El tampoco post…

- ¡Son lo mismo! Te han vuelto caviar, pero bien que te gusta el chifa…

- El chifa es chino y China es comunista, así que mejor ni comas.

- ¿Ves? Típico del comunismo: quiere que todos mueran de hambre.

- ¿Me alcanzan el tallarín?, interviene conciliatoriamente el padre.

Poco dura la tregua. La señora de la casa lanza un mortero:

- Felizmente ahora se puede votar por un candidato con valores.

- ¿Te refieres al que le debe más de 20 millones a la SUNAT?, suelta el hijo provocador.

- No me consta. Solo se que los valores y la ivermectina nos van a librar de la pandemia.

- Mamá, lo que previene es la vacuna…

- La vacuna es agua, recuerda el padre.

- Si era agua, ¿por qué otro candidato fujimorista se vacunó en secreto con su esposa?

- ¡Eso fue una trampa de los morados!, refuta el otro hermano.

- ¿Morados? Fue en el gobierno de Vizcarra.

- Son lo mismo: ¡comunistas!

- ¿Qué obsesión tienes con los comunistas?

- Entre ellos y Odebrecht han capturado el país. ¿No te das cuenta nos estamos convirtiendo en la Venezuela de Maduro?

- ¿Qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?

- ¡Todo! ¿Crees que no nos damos cuenta?

Padre, madre y hermano lo miran con un silencio señalador. El observado se siente atrapado en un laberinto sin entrada ni salida.

- ¿Cuenta de que? ¿De qué rayos están hablando?, pregunta casi susurrando.

El otro hermano mira a sus padres. Estos asienten. Entonces sustenta:

- Eres el único de nosotros que no ha probado el chancho…. ¿Tienes algo contra el chancho? ¿El chancho no está a tu altura? ¿El comunismo te hace odiar al chancho?

El joven mira el plato en cuestión. Ensarta un trozo generoso de cerdo asado y lo remoja en salsa de tamarindo antes de llevárselo lujuriosamente a la boca no sin algo de rencor por el mamífero.

Luego, como si nada hubiera pasado, pasan a hablar de otros temas: el recuerdo del verano pasado, el almuerzo del próximo domingo.

- ¿Alguien dijo costillitas?, dice la mamá abriendo exageradamente los ojos. Los cuatro ríen al unísono.

La familia primero. Siempre. //

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