Lee la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
Lee la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
Lorena Salmón

Escribo desde el día ocho, aunque me he prometido dejar de contar.

Había estado olvidando una de las premisas básicas de la estabilidad emocional: no esperar nada de nadie, ni nada.

Así el día se vive de a hoy.

He estructurado una rutina que jamás había mantenido antes. Es necesaria una rutina para no perderse en la desidia, para tener una base firme por dónde avanzar, haciendo uso correcto de nuestra energía y recursos.

Mi marido rápidamente me animó: dicta clases de yoga online.

Y me pareció una estupenda idea. Me encanta dictar clases de yoga, me hace feliz, así que me comprometí a dictar toda la cuarentena clases de yoga en vivo y vengo haciéndolo seguido todos los días a las 8:30 a.m. (conéctense en Instagram a Queseasmuyfeliz_), salvo el sábado pasado, que no me pude levantar. Es importante que apenas nos despertemos pongamos esa energía en movimiento, pero si amanecemos sin ganas, también es importante respetar lo que el corazón manda.

Cada sesión de yoga en vivo despierta en mí ansiedad, más que cualquier clase que pueda dictar en persona. Es extraño, una sensación nueva, pero prácticamente ahora todo lo es.

Después de dar clases me tomo media hora o algo más para hacer una rutina personal que incluya cardio, brazos y pesas. Algo también reciente.

Empezar la mañana segregando endorfinas es positivo, como diría mi amigo José en teleconferencia desde México: te despeja la mente. Así que si tienes la disponibilidad, no lo dudes: a sudar.

Además, estoy tomando magnesol, vitamina C, un suplemento de diferentes vegetales en polvo para mejorar mi sistema inmunológico, hago gárgaras con raíz de tara, tomo cápsulas de cúrcuma, y al mismo tiempo debo lidiar con mi condición hipocondriaca, que me hace pensar que cada vez que me pica la garganta LO tengo. Así que cuando ese pensamiento me invade, lo repelo de inmediato con mi entrenada mente de ninja (ja) y me reconozco: sé que no puedo creer todo lo que pienso.

Si ustedes pasan por lo mismo y les está costando lidiar con su ansiedad, recuerden que la calma es nuestro superpoder: nos permite mantener distancia, observar la realidad desde la perspectiva correcta y justa, como alguna vez me enseñó mi amiga Ana.

Si la ansiedad está siendo insufrible, recuerden que el secreto está en vivir el día a día, evitando habitar los siguientes espacios: ¿Y qué pasará? ¿Y si mañana? ¿Cuándo…?

No tenemos control acerca del futuro, de ningún tipo, así que movernos hacia las infinitas posibilidades del mañana solo nos generará más ansiedad.

Así que si necesitamos calma, tenemos que buscarla dentro de nosotros. Aprender a observar nuestra respiración es un ejercicio que todos subestimamos pero que es mágico: nos permite traer atención al momento presente, y ¿saben qué significa eso? Que cuando un pensamiento negativo recurrente se inserte, podremos manejar la situación sin sofocarnos. Podremos no dejarnos llevar por las emociones y los pensamientos que nos generen, y viceversa.

El consejo: practiquemos estar atentos a cómo respiramos al menos unos minutos al día.

Los quehaceres domésticos los hago sin quejarme (no quejas es una nueva ley impuesta). En casa todos han recibido mi cocina con entusiasmo y muchas veces con palabras de soporte. Una entrega corazón, sudor y energía al preparar el alimento del día.

Solo he llorado un par de veces, aceptando lo que siento, y luego me enfoco: estoy bien mientras decida que esté bien y mientras lo esté, voy a ocuparme de ser mejor. ¿Y cómo puedo ser mejor en estos días? Cuidándome para cuidar al resto, respetando las reglas de la cuarentena, dándole soporte a quien lo necesita, porque causas para ayudar sobran.

Elijan una y sean un poquito más felices mientras siguen día a día viviendo esta nueva experiencia que ojalá termine cuanto antes. //

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