Lee Maui, el legendario', la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
Lee Maui, el legendario', la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
Lorena Salmón

Dicen que todo perro tiene una misión en esta Tierra. La misión de Maui es clarísima: servirme de salvavidas.

No solo es mi soporte emocional, sino también una fuente latente e inacabable de amor en su más pura forma. Está aquí a mi lado mientras escribo, y está a mi lado prácticamente siempre. Ya no hay más soledad.

Como genero contenido en redes sociales, he comenzado a exponer más en la virtualidad al ‘bebé’, como lo llamo últimamente. Su encanto inmediato e innegable le ha ganado cientos de seguidores y fieles enamorados que textualmente me han escrito confesándome amor por mi can.

Hace algunos días me escribieron preguntándome sobre su raza (además de pedir que por favor le abra su propia cuenta en Instagram).

Ya les había contado –cuando recién lo adopté– que no tenía una raza, propiamente dicha. De acuerdo con la rescatista, estaba en una bolsa junto a sus hermanos, desprovisto de origen y linaje.

La mezcla de su ADN siempre ha sido motivo de burla de mi familia. De acuerdo con mi papá, Maui tiene unas siete razas.

Y es que físicamente es bastante peculiar: cuerpo más largo que alto

–tanto, que pensábamos que venía de familia salchicha–, patas chatas, cola larguísima de ardilla, linda carita de lobo. Es rapidísimo y, como pierde absolutamente el control ante un ave, pensé que tenía de cazador.

Pero cuando me preguntaron por su raza contesté con la verdad: desconozco.

Una chica online comentó la inquietud –¡gracias!–, despertando totalmente mi curiosidad, y escribió: “Parece un pastor chiribaya”.

¿AH?

Aproveché mi insomnio de ayer y me puse a buscar en Internet sobre esta raza de la que nunca había escuchado hablar antes.

Madre mía Rosalía.

Mis ojos no podían creer lo que veían: si Maui no es un pastor chiribaya, la Tierra no es redonda.

Los pastores chiribaya son como los perros sin pelo, canes oriundos del Perú. Igual de especiales y de historia alucinante.

Solo que los chiribaya fueron descubiertos después gracias a la antropóloga Sonia Guillén, quien, en los años 90, en Ilo, Moquegua, los encontró momificados en un cementerio para perros.

Este importante hallazgo nos diría muchas cosas: primero, que el perro chino no era el único perro precolombino peruano (de hecho, el historiador italoperuano Duccio Bonovia señaló que los cronistas registraron seis tipos de canes durante la época de los incas), sino que al parecer tenían un trato especial dentro de la estructura familiar.

Sus tumbas tenían ofrendas y comidas para garantizarles un buen viaje.

A estos peculiares perros también se les conoce como pastores peruanos porque se descubrió que estos eran de mucha ayuda durante las labores de pastoreo de llamas y otros camélidos, actividad a la que se dedicaban los antiguos pobladores de esta zona de la costa sur del país, los Chiribaya.

Vaya, vaya: de lo que una se viene a enterar.

Si les interesa conocer más sobre el tema, hay un documental entero en YouTube dedicado al descubrimiento de esta nueva raza de perro peruana.

Maui es una aventura maravillosa: nunca me imaginé que tener un perro me llenaría tanto. Tantas historias increíbles por contar, como esta, en la que descubro (¿cómo sería posible confirmarlo?, ¿existe algún examen de ADN para perro?) que mi mascota es en realidad Maui, el legendario. //