Pau Donés, vocalista, compositor y guitarrista de Jarabe de palo, falleció tras luchar contra el cáncer (Foto: AFP)
Pau Donés, vocalista, compositor y guitarrista de Jarabe de palo, falleció tras luchar contra el cáncer (Foto: AFP)
Renato Cisneros

A los 15 años, diagnosticado con dislexia e hiperactividad, expulsado de seis colegios, era una promesa de nada. A ojos del padre, resultaba un modelo poco confiable para sus tres hermanos menores, pues dilapidaba el tiempo entre motos y discotecas. Para colmo, quería ser rockero. Solo la madre lo respaldó. Fue ella quien, por su cumpleaños 16, le regaló su primera guitarra eléctrica, una forma simbólica de autorizarlo a convertirse en músico. O al menos de intentarlo.

Pero la madre se suicidó tan solo una semana después. Le regaló la guitarra y se quitó la vida. Ahí terminó todo, o quizás empezó. Su padre siguió trabajando en una oficina bancaria y él, tragándose el duelo, tuvo que ver por sus hermanos: un huérfano de madre obligado a convertirse en mamá.

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“Fue muy difícil. Sufrí un dolor insoportable, un miedo atroz e infinito, pero con el tiempo, si soy quien soy y he llegado a donde he llegado, es gracias a ella”.

Así resumió esa pérdida en 50 palos…y sigo soñando (Planeta, 2017), su libro de memorias. El martes pasado Pau Donés, líder y vocalista de la banda española Jarabe de Palo, murió a los 53, luego de combatir durante cinco años contra un cáncer de colon.

La suya fue una vida marcada por mujeres. Pienso, por ejemplo, en la modelo cubana Alsoris Guzmán, la “tremendísima mulata” que conoció en La Habana en 1995 durante el rodaje de un video, a quien le escribió La flaca, hit del verano 97 en cientos de países luego de aparecer en una publicidad de Ducados, y que acabó siendo su tema más emblemático. Ahora importa poco que la modelo haya desmentido parte de la versión que contó Donés del romance que mantuvieron. Enterada de su deceso, desde Milán, lo ha llorado con laconismo: “Siento mucho su muerte”.

En 2015, a la vuelta de una gira por Sudamérica, comenzó a sentir dolores en el estómago. Pensó: tengo un bicho. Fue al hospital. Análisis de orina, sangre, heces. Los resultados requirieron una colonoscopia, luego una biopsia. Un médico le confesó: “Algo no está bien”. Entonces apareció la oncóloga Elena Élez, especialista en cáncer colorrectal. Ella le dijo lo que padecía, lo operó (en dos semanas le extirpó la mitad del colon y del hígado) y le advirtió que tenía un 20% de posibilidades de sobrevivir cinco años. Además, se convirtió en su aliada para hablar del cáncer ante los medios. Juntos organizaron conciertos solidarios con el objetivo de apoyar investigaciones médicas. Nada habría sido posible sin la entereza de Donés, su rechazo al dramatismo, su voluntad de recuperarse después de cada sesión quincenal de quimioterapia, su decisión de abandonar “el club de los cangrejos”. Cuando le preguntaban por su estado, solía contestar: “perdí a mi madre a los 16, al lado de eso el cáncer es un resfriado”.

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El martes pasado, la doctora Élez, la ‘Jefa’, como él la llamaba, se despidió así en Twitter: “Gracias, Pau, por haber ayudado a tantos, por intentar desestigmatizar esta enfermedad, por ayudarnos a entenderla y por ser tú hasta el final”.

La cruzada del español tenía una intención mayor: proteger a Sara, su única hija. Ante la posibilidad de heredarle el cáncer en el futuro, quería que la ciencia encontrara la mejor forma de combatirlo para salvarla en caso llegue a contraerlo. En 2018, cuando el cáncer volvió a atacarlo, se fue a vivir con ella. “No quiero perderme la adolescencia de la persona que más quiero en el mundo”, dijo a la prensa. En el vídeo de su última canción –Lo que tú me das–, Sara aparece bailando con un antifaz y un vestido verde. Como su padre, también a ella le ha tocado conocer la orfandad a los 16.

Es perfectamente posible conmoverse con la historia de Donés aun sin haberlo seguido como cantante. Lo recuerdo con afecto porque sus temas más celebrados sonaron fuerte en los 90, cuando mi generación se encontraba en plena educación sentimental. Pero más que con sus discos, me quedo con sus reflexiones finales, con el coraje con que hacía frente a la inminencia de la muerte. “En la vida hay que ser valiente”, enfatizaba, y lo cumplió. Hasta la última canción. Hasta la última gota. //

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