“Lo que amo de verdad es mi ventana y ese árbol. Me siento mucho en este sillón y miro la calle y el árbol.", dijo alguna vez Chabuca Granda. (Foto: Archivo familiar)
“Lo que amo de verdad es mi ventana y ese árbol. Me siento mucho en este sillón y miro la calle y el árbol.", dijo alguna vez Chabuca Granda. (Foto: Archivo familiar)
Jorge Chávez Noriega

De se sabe que sus versos poseen una dimensión literaria. “No utilizaba palabras enredadas ni rebuscadas. Entonces, cuando la escuchas cantar, te está contando algo de una forma extraordinaria. Cierras los ojos y viajas con ella por todo el Perú, conoces personajes maravillosos”,

Sus letras estaban alimentadas de sentimientos cotidianos, como el amor y la soledad, pero también de lo onírico y lo abstracto. De lo que solo ella podía percibir:

Sombra tras sombra, / dormido fronda. // Detrás del verde se esconde / y entre el silencio; / algún desgano le agita / la copa joven: / todo se ha muerto conmigo, / nada es conforme. / Sobre su mismo terreno, los años / ni le conmueven; / en busca de nadie siempre, / sólo conmigo en silencio, / sombra tras sombra, / su silencio y mi silencio, dormido fronda. //

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No se trata de un vals, un landó o una zamacueca. Se trata de un extracto del poema “Canción al árbol del canto”, que Chabuca escribió en referencia al enorme cedro frente a la casa de Miraflores donde vivió sus últimos 20 años, ubicada en un segundo piso, en la cuadra seis de la avenida 28 de Julio. Sobre aquel cedro alguna vez dijo: “Lo que amo de verdad es mi ventana y ese árbol. Me siento mucho en este sillón y miro la calle y el árbol. Así hice un poema, mi único poema”.

“Canción al árbol del canto” es el poema que Chabuca escribió en referencia al enorme cedro frente a su casa de Miraflores. (Foto: Archivo familiar)
“Canción al árbol del canto” es el poema que Chabuca escribió en referencia al enorme cedro frente a su casa de Miraflores. (Foto: Archivo familiar)

Chabuca Granda era una mujer sensible, capaz de encontrar la más profunda inspiración en su entorno más cercano. Pero si irrumpían su tranquilidad, no dudaba en sacar a relucir su carácter impetuoso, como ocurrió la mañana del 3 de septiembre de 1977. Tras recibir su cumpleaños con una serenata a la medianoche, una motosierra le hizo más ruido de lo normal a la mañana siguiente. Se asomó por la ventana y vio cómo unos trabajadores municipales buscaban derribar el cedro al que le había escrito un poema.

De inmediato se puso un abrigo encima de su bata, bajo las escaleras corriendo, abrió la puerta y abrazó al árbol. “Adelante, derríbenlo”, le dijo a los trabajadores, quienes no sabían qué hacer ante la situación. “Primero me mutilan a mí, antes que al árbol”, les dijo nuevamente, con un tono altisonante. Los trabajadores municipales llamaron a explicar lo que sucedía y, al cabo de unos minutos, desistieron de la misión que les habían encomendado.

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La historia la cuenta Miguel Molinari, gerente de cultura de la Municipalidad de Miraflores, quien se ha encargado de preparar un homenaje a Chabuca Granda con una serie de actividades. “Ella era toda una personalidad. La gente la respetaba enormemente. Por eso tuvieron que abandonar la idea de derribar el árbol”, cuenta.

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Entre las muchas actividades que se han gestionado por el centenario de su nacimiento, se colocó ayer una placa en el cedro que Chabuca Granda ayudó a conservar cuando iba a ser talado. Este árbol, explica Molinari, es ahora patrimonio de Miraflores, debido a su antigüedad y por estar vinculado a un hecho cultural e histórico. Aquellos que pasen por el cedro encontrarán un código QR que los llevará al poema completo que escribió la cantautora peruana. Y así, de alguna u otra forma, conocer un poco más de su legado. //

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