Oscar García

Redactor en la revista Somos

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Puesto en una balanza, llegar a los 40 años le supuso al actor y psicólogo Javier Echevarría un tiempo terrible, de gran turbulencia existencial, si lo compara con la plácida meseta que representó su arribo a la cincuentena, en diciembre pasado. Hace una década, Javier Jesús (nació un 24 de diciembre) estaba en crisis: quería dejar las telenovelas o que estas lo dejaran a él y emprender otra cosa, con más significado, pero la respuesta no llegaba. Encima, los pocos ahorros que tenía los había perdido en la crisis de la bolsa.

Hoy, el ex galán es un exitoso consultor empresarial en temas de clima laboral y de realización personal. Y ha abrazado su actual imagen de cincuentón de la forma que le parece más sensata: sin dramas ni pleitos de mañana con el espejo.

“A los 50 años comienza a haber una notoria despedida de la juventud que conocías. Ya no puedes engañar a nadie queriendo pasar como un treintañero. Ya tienes cara de señor. Eso es duro y entiendo que algunos hombres sientan ese impacto y busquen compensarlo al conseguirse una pareja más joven o comprarse un auto moderno”, anota Echevarría desde su oficina, en Miraflores. El secreto que halló para lidiar con el asunto, que es una expresión de la cultura de la juventud que vende la publicidad, es abrazar la edad, tratando de ser siempre la mejor versión de uno mismo.

“Mis 50 años los pasé en EuroDisney, en Francia, junto con mi familia, mis sobrinos”, recuerda, y aporta una anécdota que abona a una nueva lucidez, descubierta también en esta etapa de su vida: antes se subía a la montaña rusa, aunque la odiaba. Lo hacía casi por presión de grupo aunque terminara mareado. “Esta vez dije ‘no quiero, no me subo’. Y fue una sorpresa. El tema de lo que quiero y lo que no quiero a mis 50 está clarísimo”.

LOS 50: la adolescencia de la tercera edad
Al ex seleccionado nacional Percy Olivares no le pregunten por una crisis de la mediana edad. No sabe qué es eso, porque nunca ha sentido deseos de enojarse con el calendario. Cumplió 50 en julio del año pasado y sus antecedentes de deportista le han extendido un salvoconducto de juventud. No sufre de problemas de salud y se siente energizado por las mañanas. Cuando se ve en el espejo, se gusta. “Las arrugas son normales. Yo esperaba las arrugas. Son bienvenidas. Va a sonar raro, pero siempre quise verme viejo, esa es la verdad. ¿Por qué digo esto? Porque la tercera edad me parece una etapa muy bonita”, reconoce.

Si se compara con quien era a los 30, se da cuenta de que lo primero que ha cambiado son sus ganas de salir a la calle. Hoy se define como un animal casero. Sus cumpleaños los prefiere pasar en casa de su mamá. Casi no toma ni le pican los pies por salir de aventura, como antes. “La misma vida te va sacando de algunos espacios, te va diciendo ‘esto ya no es para ti’. Y ya depende de uno si acepta eso o se empeña en seguir con lo mismo. Tengo amigos que siguen en esa vida, pero yo ya no quiero. Ahora me gusta la tranquilidad de este momento. Lo disfruto mucho”.

Cambios extraños en mí
A partir de los 50 ocurren muchas transformaciones en el cuerpo del hombre, que pueden afectar su psicología. Aunque el concepto de ‘crisis de la mediana edad’ esté muy discutido en la comunidad psicológica (se ha presentado evidencia a favor y en contra), lo concreto es que hay cambios biológicos irreversibles en esos años que, de darse de forma brusca, podrían causar lesiones en la autoestima. “A partir de los 50 años, un 35% de hombres puede presentar andropausia, que es la disminución de la testosterona, asociada a las características masculinas”, apunta el médico Ricardo Rodríguez, del Instituto de Urología San Borja. Una baja de testosterona está relacionada con un descenso del deseo sexual, problemas de disfunción eréctil y disminución del sistema músculo esquelético. “Quien diga que sus erecciones a los 50 son iguales que a los 20, está mintiendo”, precisa Rodríguez. Todo esto se puede tratar, luego de los descartes respectivos, con una terapia de reemplazo de testosterona, que se hace de forma gradual, y solo por un periodo determinado, para hacer más suave el declive. Como apuntaba la salsa, no se puede corregir a la naturaleza. No por mucho tiempo, en todo caso.

“Cumplir 50 no me angustió nada porque estaba completamente abocado a la campaña electoral 2018. De hecho, yo cumplí 50 años el mismo día de las elecciones municipales. Mi fiesta de cumpleaños fue el desayuno electoral”, recuerda, entre risas, el abogado y ex alcalde de San Isidro Manuel Velarde, nacido un 7 de octubre de 1968. Para él fue algo simbólico vivir esa fecha tan especial, en medio de un proceso que le sirvió como reafirmación personal, familiar y política, el camino que ha escogido. “Hay cambios en el cuerpo, definitivamente. Yo he sido un deportista toda mi vida y ahora hay deportes que he tenido que dejar porque no puedo con la intensidad y no es bueno arriesgarse”. En su lugar, hoy corre tabla junto a sus hijos en playas como Punta Roquitas. A las canas las aceptó hace tiempo, así como a sus características cejas. Su consejo al que tiene 49 años es sencillo: no te angusties, hermano, no pasa nada. Peor es pelear contra lo inevitable. //