Rafaella León

Su oficio es la investigación sobre el cerebro, pero desde hace dos décadas vive entregada a una tarea que en ocasiones los científicos postergan: la divulgación de conocimientos. Catherine Vidal ha estudiado y escrito sobre las diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres desde una perspectiva poco explorada: los estereotipos.

Un grupo de periodistas, escritoras y feministas de una decena de países de América Latina asistió a una entrevista con ella, y de aquel encuentro surgió una gran pregunta: ¿El cerebro tiene sexo? “En lo que se refiere a funciones cognitivas -inteligencia, razonamiento, memoria, atención, imaginación-, todas las investigaciones de neurociencias muestran que las mujeres y hombres tienen las misma capacidades cerebrales. Pese a ello, persiste la idea preconcebida sobre las diferencias de actitud y comportamiento entre los sexos”, explica.

Vidal basa todo su trabajo en encuestas y estadística. Una de ellas muestra los porcentajes de quienes piensan en las ‘diferencias’ entre cerebros de ambos sexos: para el 36% de mujeres y 58% de hombres, ellas no tienen don para la orientación del espacio; para el 54% de mujeres y 28% hombres, estos no pueden hacer muchas tareas al mismo tiempo; para 54% de mujeres y 57% hombres, las diferencias se deben a razones biológicas; y para el 37% de mujeres y 37% de hombres, se deben a la educación. Los comunes mortales no podemos extraer deducciones tan fácilmente de estas cifras, pero para Vidal aparece en ellas un concepto clave: los prejuicios. “Primer prejuicio: las mujeres serían dotadas para hacer varias cosas al mismo tiempo: multitarea. Sobre todo en la casa. Esta idea viene de un estudio antiguo (1982) que mostraba que en cerebros cortados en dos la región fibrosa que conecta los hemisferios cerebrales era más espesa en las mujeres que en los hombres. El estudio fue hecho sobre 20 cerebros en formol. Cerebros muertos. Pero las cosas han cambiado con nuevas tecnologías”, comenta la experta. “Segundo prejuicio: las mujeres serían naturalmente dotadas para el lenguaje con una mente literaria, y los hombres mejores en temas de orientación, espacio, y capacidades para las matemáticas. Toda esta teoría de hace 50 años ha quedado completamente obsoleta. No hay diferencia entre los sexos en el desarrollo de aptitudes matemáticas. Pero hacia la edad de 10 años en la escuela los estereotipos hacen que las niñas piensen que ellas no tienen el don para las ciencias. Es el aprendizaje el que elimina las diferencias entre los sexos. Pero la amenaza del estereotipo es muy fuerte porque realmente influye en el desempeño”.

Catherine Vidal.
Catherine Vidal.

Los prejuicios hoy en día aparecen ante nuestros ojos con un clic sobre un buscador de internet. Si buscamos palabras como ‘cerebro’, ‘humano’ y ‘futuro’ se muestran fotos de cerebros y chips electrónicos relacionadas a imágenes que corresponden únicamente a hombres, como si las mujeres no tuviera cerebro, no fueran parte de la humanidad y no tuvieran futuro. Pero si googleamos ‘cerebro’, ‘mujer’ y ‘futuro’, se observan criaturas muy sexis, mujeres a las que les duele la cabeza, otras que están enamoradas, todas caricaturizadas con estereotipos muy imaginativos. “Esto permite evaluar la influencia del entorno cultural en la construcción del cerebro, en el desarrollo psicológico y cognitivo y en la construcción de nuestras identidades de mujeres y hombres. Todo el proceso de interacción de un niño con su entorno -físico, afectivo, social, cultural- va a contribuir a forzar algunos rasgos de personalidad, actitudes, gustos, comportamientos según las normas de lo masculino y lo femenino que dicta la sociedad”.

Vidal sostiene que todos tenemos cerebros distintos, independientemente del sexo. Es la interacción con el medio ambiente lo que va a permitir al cerebro construirse, y a las conexiones neuronales realizarse. “Todo este proceso de construcción progresiva de la identidad sexual no viene al nacer, se construye gracias a las propiedades de plasticidad del cerebro”. De aquí surge la pregunta que quizá pueda ser el inicio de un gran cambio social, necesario y urgente en países como el Perú (164 feminicidios en 2019) y Francia (137 mujeres, en el mismo periodo): ¿Cómo es el cerebro del hombre machista? “Un hombre machista puede convertirse en un hombre no machista. Todo es plasticidad (cerebral). De ahí la importancia de que los biólogos nos comprometamos en el cambio social para defender una ética en la producción de los conocimientos y contribuir para una cultura de la igualdad”.

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