Autor de la nota espera la llamada del Minsa para poder retirarse la máscara o dejárselo 14 días más.
Autor de la nota espera la llamada del Minsa para poder retirarse la máscara o dejárselo 14 días más.
Oscar García

Redactor en la revista Somos

oscar.garcia@comercio.com.pe

Martes 10 de marzo: 8:00 am.

He despertado con la idea de que hoy me darán los resultados de la prueba de descarte de que me tomó ayer el personal del Instituto Nacional de la Salud en la Clínica Internacional (Sede Lima). Mis síntomas, mi único síntoma en verdad, sigue siendo el mismo: tos y carraspera fuerte. Hay tiempo de sobra para el aseo, prender la tele y organizar el día hasta las 2 de la tarde, cuando se cumplirán las 24 horas de plazo prometidas para que alguien del INS llame al teléfono y pronuncie los resultados. Eso fue lo que dijeron: 24 horas.

(Debido a la llegada del coronavirus al Perú, El Comercio ha decidido mantener liberadas todas sus notas de servicio público referentes al tema. )

11:00 am.

Los amigos escriben por WhatsApp para saludar. Han visto la noticia y preguntan cómo se soporta el aislamiento social. Yo me pregunto en serio si es tan extraña hoy día la sensación de quedarse quieto. Al menos por un día. Ellos piensan que me tranquilizan, pero es al revés: yo los apaciguo. Les digo a todos la verdad: que se siente como un día tranquilo en casa, si es que te gusta quedarte en casa. Les digo, aunque lo saben bien, que normalmente mis pensamientos me entretienen más que la interacción social y que, aunque me hayan mandado reposo médico de tres días, hasta he tenido que escribir. El refrigerador está lleno. Se siente casi como un día cualquiera. El ‘casi’ es porque la aparente calma chicha que se respira aquí no llega a acallar del todo esa duda que suena como un latido debajo del piso. Ya faltan tres horas.


3:00 pm

El teléfono no ha sonado. Acá no hay ninguna prisa ni se cuentan los minutos en la pared, pero es hora de hacerse cargo. Lo primero que hago es llamar a la línea 113 que promociona el Gobierno. Se busca una respuesta de alivio y se topa uno con la pared de burocracia que distingue a la gestión pública. Tras varios minutos sin levantar el teléfono, alguien se digna a responder. No saben nada. Ellos no dan esa información porque es privada. Pero tampoco tienen la información. A ver, un momento, déjeme consultar. Perdone por la espera, si en la clínica se le tomó la prueba quizá ellos tengan que darle el resultado, nosotros no sabemos nada. Somos una línea del ministerio de Salud, nada más.

Queda claro que con ellos no es.

3:15 pm.

Se ha impuesto en ciertos negocios, y los de salud no escapan a la tendencia, la costumbre de poner un repertorio interminable de menúes telefónicos, cuando lo único que uno quiere es hablar con una persona por información general, o que te deriven con el encargado. Cuando se llama a la clínica resulta que no existe una opción directa que se asemeje remotamente a la consulta que se requiere hacer –¿intuyo que en Odontología no me van a dar la respuesta, no?- y tampoco está el viejo y confiable “presione 9 para comunicarse con un personal de servicio”. Resultado: no hay nadie con quién hablar. ¿Con ellos tampoco es?

3:38 pm.

Decido llamar al Instituto Nacional de Salud yo mismo. Los servicios del Estado cuentan con ese invento llamado teléfono pero no se entiende bien qué uso le dan. Llamo a la central telefónica, hago la consulta y una señorita desconcertada pone en espera a alguien que sí sabe del tema pero que en 14 minutos nunca levanta el teléfono. Son más de las cuatro de la tarde y nada ha cambiado. ¿Es esto lo que le está sucediendo a todos los sospechosos de coronavirus en el Perú? Hay gente que quiere salir del trámite incómodo de una “cuarentena de 3 días” y seguir con su vida, o bien que quiere cumplir lo que sea que diga el diagnóstico. Quieren tener una respuesta sobre la cual guiarse. Imposible en este punto no solidarizarse con lo que estén pasando esta situación. Los doctores siempre aconsejan buen ánimo y optimismo para reponerse a las enfermedades, y este, por fortuna abunda siempre en casa, ¿pero qué sucede con pacientes en estados más vulnerables, con condiciones de soledad, desatención o depresión?

6:00 pm

Mi día de descanso médico (me dieron tres por una faringitis aguda) ha sido como un día de trabajo normal, es decir, de puras llamadas. Sigo buscando que alguien me diga al fin qué es lo que tengo pero son las seis de la tarde. Y si esto será como un día de trabajo, entonces toca dejar de trabajar. Por un allegado de un allegado al Ministerio de Salud, me dicen que por una demanda inusual de casos, los resultados podrían tardar hasta 48 horas. No es una confirmación oficial pero es lo único que tengo hasta esta hora.

11:59 pm.

El teléfono que nunca suena.

Mañana, Oscar García realizará una tercera entrega de esta bitácora.

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