Lima desde un dron. Foto de los últimas días tomada por el usuario de Twitter @cesarv_chavez
Lima desde un dron. Foto de los últimas días tomada por el usuario de Twitter @cesarv_chavez
Miguel Villegas

Esta versión de Lima que se ve en la TV, más silenciosa, que se aplaude, que no se grita, es más noble.

Y más sana, ya desde que nadie escupe en una vereda -aunque solo sea porque ya no se puede caminar por esa vereda-.

Cinco 5 fallecidos y más de 300 casos de infectados por el es el primer saldo de una pandemia que ya está instalada, amenazante. Sin punto de comparación con otras cuarentenas por guerras o genocidios en la historia , estos días de inmovilización obligatoria pueden servir para el único ejercicio que nos diferencia de los animales: pensar.

Aunque ya se dude.

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Son las 9 de la mañana en Larcomar. Un señor de camiseta negra, alpargatas y naciente calvicie, pasea su chitzú por el malecón de Miraflores, perdido en lontananza. Podría ser poesía, hasta que llega Serenazgo: en realidad ha sacado al perro a hacer caca. Capturado por la cámara de Panamericana TV, este ciudadano advierte que esperará “que las autoridades de su distrito (sic)” lo conminen sobre lo que debe o no hacer, olvidando que desde Palacio de Gobierno, hace exactamente una semana, se declaró Estado de Emergencia nacional. Es natural, en algunos casos: ahora que le conviene, un sereno tiene más autoridad que Vizcarra. Luego le hace a la cámara la V de la victoria. Es la distorsión absoluta, la inconsciencia o sencillamente, es un chistoso.

8 mil ejemplos de hombres y mujeres intervenidos por la PNP en los últimos días obligan a pensar que no es el único.

“Esperemos que cambie la manera en que nos miramos, todos. Mirarse es respetarse. Debemos darnos cuenta de que ante una situación como esta, somos vulnerables todos. No hay distinción. Es una buena oportunidad para que una nueva generación lo entienda y lo aplique en todos los casos. Por ejemplo: niños saludándose de ventana a ventana, valorando el sentido de la amistad, el compañerismo. Adolescentes asumiendo un rol de líderes en casa, enseñándoles a los papás a jugar, a compartir su mundo de redes sociales o de videojuegos”, explica Lorena Cornejo, psicóloga educativa de la UPC.

Ese mismo viernes, a dos cuadras de donde vivía este ciudadano miraflorino, el edificio Santa Ana de la avenida Armendáriz, era noticia por ser el lugar donde murió una de las 5 víctimas mortales del Covid-19. Dos cuadras.

Sirva la súbita fama de este señor para que, en la Lima que vendrá luego de la cuarentena, aterrice con todas sus naves el respeto a las normas, la tolerancia y la coherencia. Hasta podría llegar el día en que nadie se pase un semáforo en rojo.

LIMA -AGUA DULCE- SIN LIMEÑOS HOY:

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Aunque ya se lo he dicho en uno de los pasillos del Decano, ahora también lo sabrá por aquí. Son 3 las cosas que admiro y aplaudo de Juan Pablo León, el periodista de El Comercio que mejor conoce las calles de Lima: su reportería incansable -y por ello sus tantos premios-, sus camisas a cuadros XS y su estado físico, que lo hace llegar en bicicleta a donde se lo proponga. “Métele un día también”, me dijo una vez, con ironía. Ese reportero -junto con Max Quiroz, otro ratón de biblioteca-, acaba de publicar con unas cifras que parecen inventadas, y así ha descrito una ciudad macondiana: Lima está más limpia.

Del especial, un dato espeluznante tendría que obligarnos a ahorrar por una bicicleta ahora mismo: 90 mil toneladas de dióxido de carbono -ese humo negro que sale, sobre todo, por los tubos de escape de tanto micro chercheroso-, dejarán de contaminar Lima en 15 días de inamovilidad vehicular. 90 mil toneladas. Para poner un ejemplo que nos duela: si no fuera por esta cuarentena de 15 días, los autos en Lima nos habrían regalado -al aire, como bolsa de pica pica- unas 90 millones de bolsitas de a kilo llenecitas de esa porquería que destruye los pulmones.

No se trata de demonizar los carros, se trata de saberlos usar.

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se titula una célebre fotografía que resume el Mundial del 78 para Argentina: Fillol y Tarantini se abrazan, se les suma un hombre sin brazos, Víctor Dell’Aquila. Clark Gable y Vivien Leigh hicieron inolvidable ‘Lo que el viento se llevó’ (1939), entre decenas de cosas, por un abrazo. Lo primero que hizo Ricardo Gareca cuando Perú clasificó al Mundial luego de 36 años fue darse un abrazo con Christian Cueva. Juan Pablo II se dio un abrazo con Ali Agca, el turco que intentó asesinarlo en 1981. También Chespirito con su némesis, Carlos Vilagrán, en 2007. Como el cebiche o el Descubrimiento de América, el abrazo también tiene un día: en 1986, el empresario Kevin Zaborney se enteró que diversos estudios confirmaban que las personas se daban cada vez menos muestras de cariño y lo alentó. Diversos estudios de Universidades en Estados Unidos coinciden en que un abrazo puede disminuir los niveles de estrés, liberar la hormona de la felicidad, la oxitocina e incluso ayudan a reducir la presión arterial. Los abrazos sirven en la alegría, pero sobre todo, en la pena. Se usan en los goles y en los velorios.

Como son gratis, hasta ahora no había entendido su verdadero precio.

De todas las cosas que uno podría hacer cuando termine la cuarentena, ahora que uno no puede darse la mano y menos abrazar para prevenir el contagio, tengo la ligera sensación de que voy a contribuir al desborde de la oxitocina en los agotados organismos de mis pocos amigos.

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