Giancarlo Cappello

Para comenzar debemos decir que el que se haga esta película no es mérito de la industria nacional. Es parte de la estrategia de penetración de que busca producciones que sirvan para el mercado local (del país que produce) y para alimentar su catálogo (especialmente el regional e hispanohablante).

De la película tal cual no puedo decir mucho, aun no la he visto. Aventurar si será un hit o un ready made es algo que vendrá después. Es decir, si se convertirá en la pica en Flandes de otras producciones con ambientación y color local, o no. La evaluación va a ser interesante porque Netflix tiene parámetros muy altos de producción y tiene muy claro por dónde apuntalar la materia de sus contenidos, temas y tratamientos. Veremos si los representantes del audiovisual nacional supieron dar la talla a nivel de historia y de factura. Y si la respuesta y las expectativas del público se traducen en tendencia y un número importante de vistas en los primeros días (como marcan las mediciones de éxito de la plataforma).

¿Qué esperar de la película? Una apuesta sobre seguro, de todas maneras. En otros países, cuando Netflix ha apostado por hacer algo local (series o películas) siempre ha optado por explotar tradiciones narrativas asentadas o reconocibles para conectar con el imaginario global. Me explico. Por ejemplo, el éxito extendido y no solo local de producciones como Narcos y La reina del sur (en sus distintos remakes y versiones como Queen of the south de USA Network) abrió un nuevo filón de explotación, un nuevo teatro de operaciones narrativas. Así, no fue casual que al entrar en Italia Netflix encargara o aprobara Suburra como primera serie original (se centra en los enfrentamientos de poder y la corrupción entre el crimen organizado, los políticos y ciertos mandos eclesiásticos) y que en Francia se eligiera Marsella, la ciudad con mejor perfil criminal, para ambientar una producción tipo House of Cards (nos referimos a Marseille). Algo así como narrar en cada país su propia mafia. No solo porque el crimen y la corrupción venden, sino porque (al menos en el caso italiano que es el que más conozco) la producción de Suburra se apoyó en la preexistencia de producciones criminales romantizadas y exitosas en Italia y distintos países (Gomorra, Romanzo criminale) antes del advenimiento del streaming. Es decir, Netflix suele apostar por generalizaciones y simplificaciones que hacen las veces de editores capaces de conectar con grandes audiencias. En ese sentido, habría que ver qué espera Netflix de la película peruana: ¿exotismo? ¿imágenes impresionantes y for export empapadas de misticismo new age? ¿apelación a la simplificación de lo que el mundo tiene en la cabeza cuando se habla de Perú? (No en vano Machu Picchu está muy presente en la promoción, no solo Transformers sabía por qué grabar aquí, antes ya lo había hecho Indiana Jones 4, poniendo en un mismo saco las líneas de Nasca con Machu Picchu, El Dorado y, bueno, como los nombres locales no suenan mucho, metieron a Pancho Villa hablando quechua porque ese nombre ya algo le dice al público).

¿Qué repercusiones o aportes traerá esta pela al audiovisual local? Evidentemente está la experiencia de producir para estas plataformas globales y sus modos de negocio (porque hay que recordar que Netflix y todas las demás son un negocio, no son promotores de cine ni algo parecido a nuestra DAFO). A esta experiencia puede sumarse la de otros actores, productores y directores que también han participado en la realización de series para este gigante: Enid Pinky Campos, Silvana Aguirre, Josué Méndez, etc. Es decir, la cinta y las experiencias de distintas personas pueden abonar a un know how que ayude a enfrentar este tipo de proyectos y trabajar producciones con miras a que se alojen en los catálogos de streaming. Pero, claro, si esto no se socializa y comparte quedará como una cuestión cerrada y de poco impacto en el gremio.

El gran problema de nuestro audiovisual es que es precario, no somos una industria, y producciones como la de Netflix, con altísimos estándares que implican mucho dinero de por medio, demuestran que sin esas facilidades es muy poco lo que se puede hacer. Es momento de que el cine nacional explore alianzas con otros países, con otras casas productoras para crear sinergias y apostar por historias locales capaces de empatar con el imaginario global, se trata de forjar un estilo y una identidad narrativa atractiva, que parta de lo mundialmente reconocible del Perú, pero que apunte a ir más allá de la simplificación en aras de la conexión con la audiencia.//

Las pelas tipo Roma o El irlandés son otro negocio. Aquellas son encargos y apuestas donde ceden a sus moldes habituales y se disfrazan de cine de autor o diferente solo para tentar premios. Los premios les dan prestigio, el prestigio trae suscriptores y el negocio se afirma.

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