La historia del joven puneño que heredó de su padre un libro con fotos inéditas del Cholo Sotil. FOTO: Miguel Villegas.
La historia del joven puneño que heredó de su padre un libro con fotos inéditas del Cholo Sotil. FOTO: Miguel Villegas.
Miguel Villegas

Don Rosendo Apaza Valdivia heredó tres cosas a Luis, en aquellos años de San Román, en Juliaca: el sacrificio para el trabajo, el impecable corte militar cada 25 días y una revista que era, en verdad, una biblia: un ejemplar de colección que le costó unos pocos soles sobre la vida, obra y milagros el mejor futbolista que se puso la camiseta de la selección peruana nacido en provincia:

Es una mañana de mayo del 2019. Perú ha jugado ya un Mundial luego de 36 años y ha ocurrido el milagro: la gente va a las oficinas vestido de peruano, orgullosa. Con una mica transparente que acaba de comprar en una librería, la revista guardada sin dobleces, como nsi fuera papiro, y con su amigo hincha de la selección, Luis Napán, el hijo de don Rosendo Apaza está esperando en la puerta de la sede principal de BBVA Continental que se asome el héroe de su padre, el mítico Cholo, que a esta hora de la mañana -viernes, 11 a.m.- está dándole besos a la Copa América 2019. Como el 25 de octubre de 1975.

-Quiero que me firme todas las páginas de mi libro. Una firma del Cholo tiene que estar acá. Estoy seguro que mi viejo estaría orgulloso.

Vestidos con la camiseta oficial de la selección, Apaza y Napán han sido los primeros en llegar a esta oficina, donde la Copa América 2019 se pasea, soberana, en sus segundo y penúltimo día de estadía en la capital. Hace frío y están lejos de casa. Hace frío pero no se abrigan: a los hinchas les brota un calor natural, una fiebre en las gradas que solo se entiende cuando se mira al fútbol como parte de sus domingos. “Es verdad. Es una emoción electrizante, una euforia que nos hace sentirnos niños de nuevo ver esta Copa en casa”, dice Carlo Reyes, gerente de marketing e imagen del BBVA, que mira cómo poco a poco empleados, curiosos, periodistas, ejecutivos, hombres, mujeres y niños, hacen cola para admirar la joya.

Ya adentro, con el Gran Capitán Héctor Chumpitaz, y la Copa misma, no se sabe a cuál mirar/fotografiar/abrazar primero.

¿Qué hay en esta revista sin portada que ha conservado con tanto cariño don Rosendo Apaza, y hoy su hijo Luis? El muchacho dice que en el 2001, cuando falleció su padre, quiso hacer un inventario de las cosas que más quería su viejo y encontró la revista. Hoy vive en el Callao y es hincha del Sport Boys. Y muestra sin egoísmo su tesoro.

1. La primera foto a colores del debut del Cholo con la selección adulta.

2. Imágenes inéditas -Sotil en hombros- tras la primera fase del Mundial México 70.

3. Un póster gigante en cartón y una décima de Nicomedes Santa Cruz para el crack que la rompió en Barcelona.

4. Testimonios inéditos de su madre y su esposa, quien deja un textual de portada: “Yo estaba hasta el cien de enamorada pero el Cholo no remataba”.

5. Hugo Sotil y su primer Mustang full equipo, en 1971.

Hugo Sotil y su primer Mustang full equipo, en 1971.
Hugo Sotil y su primer Mustang full equipo, en 1971.
Los inicios del Cholo Sotil.
Los inicios del Cholo Sotil.
Abajo, al medio, el pelito hippie, Hugo Sotil, el peruano del Barcelona.
Abajo, al medio, el pelito hippie, Hugo Sotil, el peruano del Barcelona.

***

¿Qué se siente ver nuevamente el trofeo de 1975?

Con una boina de cuero negra, los zapatos lustrados a medias y el andar despacito, pidiendo permiso, Hugo Sotil responde 400 preguntas sobre la Copa América del 75, ese trofeo que en algún lado debería llevar su apellido. Es esa misma mañana de mayo del 2019, y Sotil, agobiado por los camarógrafos que se hacen selfies y desenfocan sus tomas, deja una frase apenas perceptible, con ese tono bajito que esconde las palabras, ese miedo de que le pregunten -otra vez- por lo del Mustang, por los billetes que usaba de encendedor, por qué no ahorraste Cholo, si eras el socio perfecto de Cruyff y ahora viajas en combi.

¿Sabes qué pasó? Esto es increíble para mí. La única oportunidad que cogí la Copa fue cuando estuvimos en el vestuario en 1975. Luego, hasta hoy.

Hugo Alejandro Sotil Yerén. Nació en Ica el 18 de mayo de 1949. Integró la selección peruana que ganó la Copa América 1975 y que jugó los mundiales de México 70 y Argentina 78. Jugaba en todos los puestos de ataque, pero le gustaba arrancar desde el medio, soplando rivales. Jugó en el Barcelona de Johan Cruyff luego de haber jugado en los terrales del Interbarrios de La Prensa, el fantástico número 10 del Huracán San Pedro de Surquillo. Y es un enigma: jugaba como vivía, todo en exceso. De otra forma, habría sido solo uno más.

Cuando terminan las entrevistas, Hugo Sotil cruza la puerta de este rascacielos, se despide de algunos y mira a la Javier Prado. Luego viene un Uber. Nunca ese Sedán llevó tanto oro en sus asientos.

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Antes que los reporteros los aborden, como si se trataran de megaestrellas, Apaza y Román consiguen la firma del querido Cholo. Es el preciso instante en que el Cholo sale y posa junto a los trofeos de la Copa América de 1939 y 1975 que ganó el Perú. “Por favor, señor Cholo, por favor. Una foto”, le dice uno de ellos a Sotil, que está ido, desencajado, vestido de traje gris y zapatillas y la eterna sonrisa de carasucia. Y lo abrazan, como si fueran patas, con esa única alegría que hermana a los desconocidos que por un minuto se quieren, gracias al fútbol.

Dobla la revista y se va. Luis Apaza ha cumplido el sueño de su padre, con todo lo que eso significa y responde la pregunta final, con la seguridad que tenía para rematar al arco el delantero favorito de su viejo. -Esto no se vende. Esto me lo llevo.

La garúa que cae en este piso de San Isidro nos obliga a mirar al cielo. Es agua, así que cualquier podría confundirse.

Copa América


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