LA HORA DEL RELAJO. Fabio, Yahairo y Valery practican técnicas de relajación afuera del Centro Educativo Kantaya. Ellos pertenecen a la primera promoción del Proyecto Nuna. (Foto: Handrez García)
LA HORA DEL RELAJO. Fabio, Yahairo y Valery practican técnicas de relajación afuera del Centro Educativo Kantaya. Ellos pertenecen a la primera promoción del Proyecto Nuna. (Foto: Handrez García)
Arturo León

Dos años atrás, cuando llegaba la hora de acostarse, Aracely sufría. Se ponía pijama, se internaba en las sábanas de su cama, cerraba los ojos y nada. Ni de costado ni boca arriba ni en posición fetal. Solo horas después de dar vuelta tras vuelta, dormía. Se demoraba tanto, que al día siguiente despertaba agotada. Aracely no es una limeña adulta que vive estresada por el tráfico y el trabajo y que ahora encontró la fórmula mágica para descansar bien. Aracely es solo una niña de 10 años cuyos problemas para entrar a ese estado de inconsciencia terminaron cuando aprendió a meditar.

En el Centro Educativo Kantaya, ubicado en el distrito de Mi Perú, decenas de niños de la zona asisten todos los días por las mañanas –normalmente lo hacen por las tardes, pero ahora están de vacaciones–para reforzar los estudios que reciben en el colegio y desarrollar otras actividades que no contempla la currícula escolar. Así es como Aracely conoció el yoga, la improvisación y el mindfulness. Somos fue testigo de una clase de este último la semana pasada. La primera de la nueva temporada de sesiones que está preparando el Proyecto Nuna, una iniciativa que nació en el 2018.

Los niños cierran los ojos y se concentran en sentir cada vibración de su cuerpo. Esa es la parte que más disfrutan de toda la sesión.
Los niños cierran los ojos y se concentran en sentir cada vibración de su cuerpo. Esa es la parte que más disfrutan de toda la sesión.

¿Qué es mindfulness? Un tipo de meditación cuyo objetivo es que la persona tome conciencia plena de sus emociones. Eso se logra con técnicas de respiración, relajación y otras actividades. Jessica Farro es una de las profesoras principales de Kantaya y ha visto de cerca cómo han mejorado los alumnos desde que conocieron el mindfulness. “Ha sido una gran experiencia para todos. Los niños ahora manejan mejor sus emociones, han aprendido a controlarse, a ser más amigables, a compartir, a hacer silencio. Se han vuelto más tolerantes y más empáticos”, asegura.

LA HISTORIA

Al ritmo del sonido de una campana tibetana, 10 menores, cada uno en su mat de yoga, siguen las instrucciones de Stephanie Byrd. Nació en Atlanta, Estados Unidos, y llegó a nuestro país en el 2007 con la intención de practicar el idioma al que le dedicó varios meses de estudio. Consiguió empleo en una agencia de viajes, escaló rápidamente de posiciones y dio el salto a una empresa grande: Google Perú. Ahí estuvo siete años. Como política de la compañía, tomaba un curso cada doce meses, sobre temas variados. Uno de ellos fue sobre mindfulness.

Stephanie Byrd es la creadora del Proyecto Nuna.
Stephanie Byrd es la creadora del Proyecto Nuna.

“Literalmente me cambió la vida. El mindfulness resultó ser la gran respuesta a todo lo que me faltaba para sanarme y desarrollarme en el campo de la inteligencia emocional”, cuenta. Stephanie procedió a estudiar por su cuenta neurociencia, meditación y psicología. Comenzó a asistir a retiros de silencio, hasta finalmente decidir que quería enseñar a niños cómo desarrollar estos hábitos mentales sanos. Para eso estudió cómo ser una profesora de mindfulness en Mindful Schools, EE. UU. Y ahora lo es, en su propio proyecto.

Nuna, que en quechua significa “conciencia”, nace cuando ella deja el mundo corporativo y opta por abrir un refugio de sanación (Innsaei Float Studio) en Miraflores. “Esta iniciativa social se financia con mi centro de bienestar. Por cada membresía que vendemos en el spa, destinamos una suma de dinero al proyecto. Así podemos hacer más clases, llevar más profesores y seguir creciendo. Queremos llegar a otras zonas vulnerables del país”, dice emocionada.

Es turno de los niños. Sofía y Hanko quieren dar su testimonio. Se lo han pedido a la docente Jessica y ella les da permiso. Se acercan a la grabadora. La pequeña tiene 11 años. Ha recibido clases de mindfulness por un año. “Nos ayuda a mantener la calma. Ahora, cuando estoy enojada, me controlo. Recuerdo el mindfulness y me relajo”, asegura. Su compañero la mira y asiente con la cabeza. “Lo que más me gusta del mindfulness es que me ayuda a controlar mis emociones y a socializar con las personas. Antes no hablaba mucho en mi colegio, no opinaba. Ahora soy más suelto”, dice Hanko.

Niños en ventanilla

Controlar. Esa es la palabra que más repiten estos pequeños. Responder a un insulto con un puñete o con otra palabra ofensiva ya no es una opción para ellos. Ahora se toman 30 segundos de su tiempo, respiran profundamente y toman la decisión de correcta.//