Roberto Guizasola y futura promesa del fútbol Jean Paul López (12), en la casa del último, en Puente Piedra. El menor y otros 39 niños forman parte de su proyecto La Casa de Alejita. (Foto: Víctor Idrogo / Somos)
Roberto Guizasola y futura promesa del fútbol Jean Paul López (12), en la casa del último, en Puente Piedra. El menor y otros 39 niños forman parte de su proyecto La Casa de Alejita. (Foto: Víctor Idrogo / Somos)
Oscar García

Redactor en la revista Somos

oscar.garcia@comercio.com.pe

Desde los cerros de , de cara a un mar de casas color ladrillo, Jean Paul López (11) ensaya unas pataditas con el balón mientras trata que este no caiga cuesta abajo. Hoy lo hace a pedido de la prensa que lo ha ido a visitar, pero también lo realiza a solas. Son horas y horas práctica las que dedica a mejorar con la aspiración de ser un día tan bueno como su ídolo, . Curiosamente, el apodo que le pusieron a los cuatro años, cuando empezó a descollar con la pelota, fue distinto. “A Jean Paul le decían “El Messi de la Selva”, ahí en Pucallpa de donde somos nosotros, porque era chiquito pero qué bien jugaba. No se achicaba”, recuerda Herli López, su padre, que antes de la pandemia se desempeñaba como conductor de residuos sólidos y hoy trabaja en lo que le salga.

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Herli se trajó a Jean Paul y a toda su familia desde Pucallpa hace siete años, cuando el trabajo allá empezó a escasear. La idea era buscar un mejor presente para los suyos y un futuro para su hijo talentoso. Pero sabía que esto último no iba a ser sencillo, que solo el talento no basta. Se necesita muchas veces la varita mágica de gente buena que ofrezca una oportunidad de educación y desarrollo que a él, cuando era futbolista de segunda división en Ucayali, nunca recibió. Ese empuje llegó hace poco, a inicios de año, de la mano del ex futbolista Roberto Guizasola y su ONG La Casa de Alejita.

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Como se recuerda, Guizasola pertenece a la misma generación de jugadores de la división menores del club que tuvieron la suerte de ser parte del programa impulsado por el fallecido educador Constantino Carvallo. Gracias a ese proyecto, se rescató a muchos niños con talento para el fútbol de entornos vulnerables y se les dio hogar, educación en colegios prestigiosos como Los Reyes Rojos, además de tutela personalizada, asesoría psicológica y talleres de formación humanista. El resultado fue un éxito. De ese programa surgieron los talentos de Paolo Guerrero y Jefferson Farfán, ambos promoción de Guizasola, sus viejos amigos.

GENERACIÓN 84. Roberto Guizasola rodeado de sus amigos Jefferson Farfán y Paolo Guerrero, cuando eran juveniles en Alianza Lima. Al lado, Rafael ‘El Cholo’ Castillo, descubridor de menores del club.
GENERACIÓN 84. Roberto Guizasola rodeado de sus amigos Jefferson Farfán y Paolo Guerrero, cuando eran juveniles en Alianza Lima. Al lado, Rafael ‘El Cholo’ Castillo, descubridor de menores del club.

“Constantino Carvallo y Alianza Lima me cambiaron la vida. Yo vivía antes en Puente Piedra, arriba del cerro. La mayoría de mis amigos de niñez están presos, otros murieron. Esa es la realidad. Tengo amigos que salieron adelante y otros que no pudieron. ¿Qué suerte me hubiera tocado a mi?, reflexiona Guizasola. Su niñez, pese a la estrechez, fue feliz. En el cerro la gente caminaba descalza porque no tenía para los zapatos. A los seis años, su tío el famoso mundialista Guillermo La Rosa, le regaló una pequeña casa a su mamá en la que vivió hasta los11 años. Fue un cambio pero nada parecido a mudarse a Barranco, cuando la oportunidad de Carvallo de la casa hogar tocó a su puerta.

“La idea que tenemos con Jefferson es la de devolver a la sociedad lo que recibimos, que más niños tengan la oportunidad que se nos dio a nosotros, y así nace La Casa de Alejita, que es el nombre de mi madre Alejandrina, que falleció hace unos meses”, cuenta Roberto. El programa social, en la que toda su familia está involucrada, está hecho a imagen y semejanza del proyecto de Carvallo. Brindan alimentación, hogar y sobre todo, educación. De hecho, el lema de la ONG es “Sin estudios, no hay fútbol”, una frase que el programa de Carvallo les inculcaba.

CONSTANTINO CARVALLO. Fundó el colegio Los Reyes Rojos y fue dirigente de Alianza Lima durante 10 años. Su proyecto de formar con la mejor educación, alimentación y hogar a jóvenes futbolistas rindió sobrados frutos. El educador falleció en el 2008.
CONSTANTINO CARVALLO. Fundó el colegio Los Reyes Rojos y fue dirigente de Alianza Lima durante 10 años. Su proyecto de formar con la mejor educación, alimentación y hogar a jóvenes futbolistas rindió sobrados frutos. El educador falleció en el 2008.

En La Casa de Alejita, los niños son escogidos a través de una convocatoria deportiva que se hace en enero. Luego, son visitados por una asistenta social que determina su situación. Una vez aceptados, vivirán en el local seis de los siete días de la semana. Tendrán cama, educación gracias a un convenio con el colegio San Miguel Arcángel -uno de los mejores de la zona-; alimentación cortesía del Banco de Alimentos y otras instituciones, así como la instrucción en balompié. La casa proporciona en sus instalaciones espacios de recreación, mini cine y talleres artísticos similares a los que caracterizan a Los Reyes Rojos, poniendo énfasis en el lado humanista.

La Casa de Alejita empezó a funcionar en enero de este año pero tuvo que parar por la pandemia y devolver a los chicos a sus domicilios, pero no los olvidaron. “El señor Roberto ha venido varias veces a tocarnos la puerta, a dejarnos una canasta, un pollo en todo este tiempo que ha sido difícil. La verdad nos ha ayudado mucho”, comenta Ligia Anadón, mamá de Diego Kalep (12), otro de los pequeños escogidos por el programa.

Guizasola y el pequeño Fabricio Cáceres (9), en la biblioteca de La Casa de Alejita. Ahí pueden encontrar desde cuentos hasta enciclopedias de ciencia e historia. (Foto: Víctor Idrogo / Somos)
Guizasola y el pequeño Fabricio Cáceres (9), en la biblioteca de La Casa de Alejita. Ahí pueden encontrar desde cuentos hasta enciclopedias de ciencia e historia. (Foto: Víctor Idrogo / Somos)

Guizasola comenta que los niños de bajos recursos muchas veces tienen la autoestima muy baja por problemas en sus casas. “Ellos tienen que entender aquí que los problemas de los padres no tiene que ver con ellos, y que, más bien, ellos pueden escribir aquí su propia historia. Pueden sacarle provecho”. Por su extracción, para estos pequeños juntarse con personas que les muestren un panorama más amplio, un futuro distinto, es difícil. Guizasola sabe que el reto es mejorar su horizonte y modificar la mentalidad. “En el barrio ellos solo ven matanzas, robos, pandillas y eso no es normal. Cambiarles ese chip a los niños es la tarea. Diría que es difícil pero no imposible”. //

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