Jasson Curi Chang

Gallese no jugó ni un minuto en la de los 'Jotitas' mundialistas. Luis Advíncula ha pasado por tantos equipos en el extranjero que tienta a romper el récord de Percy Olivares (10 países, 13 clubes). Carlos Zambrano era -literal- un "león, peleador sin ley" y eso le costaba tontas expulsiones. A Luis Abram, al contrario, le reclamaban no ir al choque, pegar una patada o saltar con los codos afilados. A Miguel Trauco no lo tomaron en serio hasta que cambió Moyobamba por el Monumental.

Renato Tapia no se quedó en el Liverpool de la Premier League porque le faltaron 5 centímetros de estatura. Yoshimar Yotún tuvo que debutar en José Gálvez a falta de espacio en Sporting Cristal. André Carrillo entrenó 6 meses en solitario cuando Sporting Lisboa no lo dejaba partir al Benfica. A Christian Cueva un mal tipo lo insultó delante de su familia en un vuelo comercial de Trujillo a Lima. Edison Flores era suplente en el Villarreal B de la Tercera División de España a los 20 años. Paolo Guerrero aún pelea por limpiar su nombre de un dóping positivo.

El periodista argentino Andrés Burgo lanzaba un tuit en el entretiempo del Perú vs. Chile en la Copa América 2019. Demoledor. "Gareca les pidió un par de meses a los dirigentes de Perú para responder la oferta de renovación. El Tigre esperaba un llamado de Argentina, pero en la AFA no lo consideraron y decidieron ganar tiempo con Scaloni. Gareca, entonces, le dijo que sí a Perú". Ninguneado, menospreciado o como prefiera llamarle, Ricardo Gareca volvió a mirarnos tras el doble check azul que le clavó su país después del Mundial Rusia 2018.

Nos pasa a los peruanos que somos los mejores en las buenas y terminamos siendo los peores en las malas. Así como la FIFA nos dio el premio The Best por ser la mejor hinchada del 2018, el primer semestre del 2019 alcanzó para poner en duda el galardón. Porque los que tiran en contra han dudado desde marzo sobre la y su participación en la Copa América 2019. Que no alcanzaba el 1-0 contra Paraguay. Que grande era la decepción por la derrota 2-0 ante El Salvador. Que cómo le ganábamos apenas 1-0 a Costa Rica. Que Yotún y su expulsión eran culpables de la goleada (3-0) sufrida a manos de Colombia.

Puedo seguir enumerando. Pifias por empatar 0-0 frente Venezuela en el debut. Que si no fuera por el gol al último minuto de Flores no pasábamos de una discreta victoria ante Bolivia (3-1). Y luego llegó el terremoto del 5-0 ante Brasil y pidieron cabezas, manos, troncos. Se armaron de antorchas en redes sociales y querían regresarlos a todos. Que no quede ninguno en pie. Y ya ven cómo es el destino, es decir, cómo es el fútbol de aleccionador. Hace una semana eran todos malos en la ; ahora son todos proclamados héroes. Hay que ruborizarse sin disimulos cuando el hinchaje es tan bipolar.

¿Es Gallese el mismo Gallese del 5-0 de Brasil? Ni siquiera hoy Gareca es el mismo de ese partido. En parte porque esta tiró al tacho el cartel de derrotismo post España 82. Es imposible pensar que este equipo haría cero puntos en una Eliminatoria. O que regresaría eliminado en primera fase de una Copa América. Desde 1997 hemos estado siempre en cuartos de final. Cuatro veces semifinalista (97, 2011, 2015 y 2019). Y ahora, con la frente bien en alto finalista al fin. Una definición que va a unir a 3 generaciones futbolística. A los abuelos y padres que apretaban el corazón antes de México 86. A los padres e hijos que no entendían como una diferencia de goles nos dejaba sin Francia 98. A los hijos y nietos que esperan curar heridas esas y otras heridas en la final de este domingo en el estadio Maracaná.

Por ellos, por su fe y aguante, es que la resurgió de sus propias cenizas para volver a plantarle cara al todopoderoso Brasil. Dicen que dos veces llegamos a la final y que las dos veces las ganamos (1939 y 1975), y que ellos, los brasileños, han salido campeones cada vez que organizaron la Copa América (4 de 4). Revancha o no, lo que sí habrá en la justa final será un equipo que dejará la piel hasta el último minuto.