Gabriela Machuca Castillo

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me pide que cuando entreviste a Fito Páez le mande saludos de su parte. Le he contado que hablaré con él pronto. También que le diga que su canción, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, la sigue llenando de vida para transitar los tiempos difíciles. La letra del argentino fue el mantra que ella se repetía una y otra vez al inicio de la pandemia. La que sigue repasando hoy cuando no brilla mucho el sol en Cañete, donde ella vive. La misma, de hecho, que forma parte del disco ‘A capella’, nominado este año al por Mejor Álbum Folclórico. Pero, además de la música y la posibilidad de llevarse aquel reconocimiento, hay algo que entusiasma mucho a la leyenda de la melodía afroperuana. Y eso es la publicación del cuento infantil-juvenil ‘El bautizo de la cometa’ (Fondo Editorial de Emilima), el cual reúne relatos de su infancia y retratos de los personas queridas que estuvieron a su lado mientras crecía y que han influido en ella entrañablemente.

Hacer cometas con las manos, bailar en la azotea que miraba al mar de Chorrillos, tocar cajón (extraído de una cómoda) con los tíos músicos, preparar escabeche con la mamá. Los recuerdos de doña Susana le saben a gloria a ella y a quien los lee. Sobre la publicación, su infancia feliz, los días en cuarentena y la nominación al Grammy Latino, Somos conversó con ella.

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Ilustración de Sandra Zimic. La pequeña Susana bailando marinera con sus tías.
Ilustración de Sandra Zimic. La pequeña Susana bailando marinera con sus tías.


Ingredientes para hacer los picarones de mamá. (Ilustración: Sandra Zimic)
Ingredientes para hacer los picarones de mamá. (Ilustración: Sandra Zimic)

En El Bautizo de la cometa rememora usted una niñez feliz. Eso se siente en el cuento. ¿Cómo sintió este proceso de ir al pasado para buscar el detalle?

Sí, el proceso implicó recordar mi infancia… que está un poco lejana (risas)... Pero hay huellas que quedan para siempre. Por eso es tan fundamental la relación de los mayores con los niños. Mi mamá era una maravilla porque … nosotros éramos muy pobres. Pobres, pobres, pobres. No obstante, siempre había un gustito o algo rico que comer. Ella se esmeraba en prepararlo y lo hacía con todo su amor…

Cuánto bien me hizo que, con lo poco que teníamos, ella organizara paseos en una playa lejana. Era tan loquita que llevaba su brasero para hacer anticuchos. No sé cómo lo hacía… Ponía su mantel, piedritas y éramos dichosos. Esas cosas no se te borran nunca. No importa si los chicos de hoy no poseen el último teléfono. Si cuentan con afecto, tienen mucho más.

Sobre todo en estos tiempos…

Especialmente ahora. Yo recuerdo haber visto un video en Internet, hace unos tres meses, en el que se observaba a un niño parado contra la puerta de su casa. Él lloraba y lloraba porque no podía salir a jugar. No era una pataleta, era tristeza infinita. A ese niño, a todos los niños, hay que darle hoy mucho amor.

¿Cómo influyeron en usted las personas que estuvieron a su alrededor mientras crecía?

Bueno, eran familiares y amigos muy ligados a la música. Tenía tíos que tocaban la guitarra, que cantaban. El bautizo de la cometa es el título del libro, pero es solo una de las historias que se encuentran en él. Otro relato hermoso da cuenta de cuando vivíamos en Chorrillos, en la azotea de una casa frente al mar, y hasta allí iban a pasar el domingo las tías de La Victoria y de Barrios Altos. No les interesaba la playa, sino disfrutar de una tarde con música, guitarra, cajón. Y el cajón no era un instrumento musical, no. Era, literalmente, el cajón de una cómoda. Apenas sonaba la música, yo dejaba el juego y los acompañaba. Todo eso influyó en mi formación.

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Queda claro qué sonidos la devuelven a la infancia. Pero, ¿qué aromas u olores la hacen viajar al pasado?

El olor a pescado frito. Hasta ahora, cuando camino por el barrio, pienso: “en esta casa van a almorzar pescadito…” (risas). Ese olor produce una cantidad enorme de colores en mi memoria. El escabeche y su lechuga verde, el morado de la cebolla, el amarillo del ají. Yo le conté eso a Sandra Zimic, que ha sido la ilustradora del libro, y ella ha hecho unos trazos hermosos en el capítulo en el que doy la receta del escabeche.

¿Ha tenido la chance de participar, ya de adulta, de ceremonias de bautizos de la cometa?

Sí, claro, con mis sobrinos. Con mi hermano hemos hecho cometas y las hemos echado a volar en el Morro Solar, en Chorrillos. Una vez la cometa fue tan grande, nos faltó medir bien, que el pabilo se cortó y aquella se fue al infinito.

Usted está trabajando en su autobiografía. ¿Cómo va ese proyecto?

El bautizo de la cometa me ha inspirado en continuar este proyecto. Me parece que vale la pena dejar escrito mi testimonio porque he recorrido un mundo muy especial con mi música. A pesar de solo cantar en español, aunque algunas veces lo he hecho en francés, ingles y portugués, he ido por el planeta llevando los ritmos afroperuanos. Quisiera compartir, pues, si es que acaso le puede servir a alguien, lo que se debe de hacer para seguir la vocación y ser feliz. Tuve la suerte de encontrar un compañero de vida como Ricardo Pereyra que entendiera perfectamente que es lo que quería hacer. Él me ha apoyado siempre.

De un año de nacida. Chorrillos, 1945. (Foto: Archivo Personal Susana Baca).
De un año de nacida. Chorrillos, 1945. (Foto: Archivo Personal Susana Baca).


Desfile de diversos colegios en Chorrillos por el día de San Pedro y San Pablo, 1956. (Foto: Archivo Personal Susana Baca).
Desfile de diversos colegios en Chorrillos por el día de San Pedro y San Pablo, 1956. (Foto: Archivo Personal Susana Baca).


A mediados de los años 60 en Chorrillos, Susana posa junto a dos vecinas. (Foto: Archivo Personal Susana Baca)
A mediados de los años 60 en Chorrillos, Susana posa junto a dos vecinas. (Foto: Archivo Personal Susana Baca)
Junto a sus familiares en Chorrillos, 1975. (Foto: Archivo Personal Susana Baca).
Junto a sus familiares en Chorrillos, 1975. (Foto: Archivo Personal Susana Baca).

¿Qué hace por estos días en casa?

Trabajar. Acabo de terminar de grabar un disco: mi homenaje personal a Chabuca Granda. También he grabado un conversatorio con el escritor Rodrigo Sarmiento y el historiador Raúl Álvarez. Lo estrenamos en el Hay Festival de Arequipa. No he parado de trabajar, por eso mi doctor querido me ha mandado a descansar unos días a mi cama. Me excedí. Y todavía tengo que grabar un concierto que será transmitido por streaming en Lima.

¿Cómo ha sido su proceso personal con la pandemia, señora Susana?

He tenido muchos momentos de reflexión, de mirar al interior, de buscar en mi y cuestionarme cómo hemos avanzando como humanidad, si somos solidarios con los que no tienen nada…

Todos tenemos días con sol. Otros son muy grises. ¿Qué hace usted cuando se le bajan los ánimos?

Caminar por la orilla del mar. Eso me levanta. Ir con mis tres perritos: Tico, el más viejo de todos. Luna, que es cantante, le encanta la música. Y el Toffee, que nunca para de corretear a las gaviotas. Y, claro, también hacer música.

Entiendo que el álbum ‘A capella’, por el que ha sido nominada al Grammy Latino este año, surgió de una necesidad de expresarse durante la cuarentena…

Al principio de la cuarentena yo daba vueltas por toda la casa, iba a la playa, me regresaba. No sabía qué hacer… Me agarró una angustia espantosa porque se truncaron mis proyectos. Hasta que Ricardo me dice: “Susanita, por qué no cantas. Yo te conocí cantando a capella”. Y así decidí transformar mi angustia en cantos tratando de recordar a los músicos con los que trabajo, los ojos de mis amigos, a Ricardo. Los imaginaba y cantaba para ellos. ‘A capella’, el disco, empieza con un himno para mí, el cual fue escrito por Fito Páez. Se llama ‘Vengo a ofrecer mi corazón’. Este se me revelaba en los primeros días del confinamiento una y otra vez. Y yo me lo repetía como un mantra: “… quién dice que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”. Tengo un amigo muy cercano a Fito Páez y le mandé la canción. Él me respondió con un audio precioso diciéndome cosas tan bonitas, incluso que algún día nos sentaremos juntos a cantar.

¿Cuán grande fue la inyección de energía con la nominación al Grammy Latino?

Todo fue muy sorpresivo. Me estaba desplazando hacia Independencia, a Bambú Récords, donde grabo, y una amiga me llama y me felicita. Me he alegrado mucho porque puse tanto de mí en ese disco….

¿Cuáles fueron las partes que mejor fluyeron durante la hechura de ‘A capella’ y cuáles aquellas que costaron más?

Un buen ejemplo que combina ambas situaciones es el siguiente. “Contigo Perú” es una canción que no tuvo por mucho tiempo el estilo que yo solía grabar. Después, con le mundial y el confinamiento, pasó a ser un himno. Para mí comenzó a tener un sentido distinto. Decidí tomarla, meterla dentro de mi corazón y hacerla mía. La grabamos en un video y cuando termino de cantarla Ricardito, que tenía el teléfono en la mano me pide repetir la toma. Yo lo mire y las lágrimas se me salieron de la emoción de haber interpretado la canción. Le dije: “no puedo, ya no puedo”. Fue un momento muy emocionante. Me acuerdo y se me encoge el pecho.

¿Dónde va a esperar la ceremonia del Grammy Latino este 19 de noviembre?

En casa, seguramente. Deseo mucho ganármelo, la verdad. No solamente por mi. También por los músicos ausentes, mis usuales compañeros de trabajo; los dos jóvenes que ayudaron a terminar los videos, por Ricardo. Todos dimos el alma en el disco. Ojala tengamos suerte.//

SOBRE EL LIBRO

Título: El bautizo de la cometa

Autora: Susana Baca

Ilustraciones: Sandra Zimic

Editorial: Fondo Editorial Emilima

Bonus Track: Este es un libro interactivo que permite conocer, a través de códigos QR, algunas de las actuaciones de Susana y sus músicos, además de un reconocido grupo estadounidense que interpreta canciones peruanas. Asimismo incluye marineras, festejos, panalivios, tonadas y letras para cantar.

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Susana Baca es nominada al Grammy Latino 2020: