Alberto de Belaunde escoltado por sus padres, Javier de Belaunde e Isabel de Cárdenas. “Nadie se arrepiente de salir del clóset”, asegura.  (Foto: Elías Alfageme)
Alberto de Belaunde escoltado por sus padres, Javier de Belaunde e Isabel de Cárdenas. “Nadie se arrepiente de salir del clóset”, asegura. (Foto: Elías Alfageme)
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Ana Núñez

El día en que Ángel Paredes Díaz se enteró de que su hija, Susel, era lesbiana, soltó un lacónico pero demoledor “ella ha muerto para mí”. Para entonces, verano del 2006, Susel era ya una mujer de 40 años, que había llevado dos años de terapia y había vivido tres en España, donde estudió una maestría en Derecho Comparado y encontró, al fin, la respuesta a esa interrogante que la atormentaba desde el colegio: nada estaba mal en ella, no estaba “confundida” ni era una “desviada”. Simplemente era homosexual. Susel trató de entender la reacción inicial de su padre. Se repitió, por ejemplo, que era un hombre nacido en 1928 y que debía pasar por su propio proceso. Pero apenas unos días después, ese mismo fin de semana, ocurrió algo que borró todo resquicio de tristeza en su corazón: don Ángel, arequipeño de nacimiento y gran cultor de sus tradiciones –de hecho, parte de su casa fue levantada con sillar–, convocó una pequeña reunión familiar y preparó un suculento chupe de camarones en honor a Susel. Para los arequipeños, invitar un plato de chupe es una expresión de amor, casi una ofrenda, y ella lo sabía. “Ese fue el principio de la normalización. El amor venció los prejuicios”, nos dice la jefa de Fiscalización, Control y Sanidad de la Municipalidad de Magdalena, sentada alrededor de aquella misma mesa en la que una cálida sopa bastó para “reconciliarla” con su padre.

Doña Rosa Piqué, madre de Susel Paredes, acomoda con amor y ternura los desordenados cabellos de su hija en la sala de la casa familiar, hecha con sillar. El padre de Susel era arequipeño. (Foto: Elías Alfageme)
Doña Rosa Piqué, madre de Susel Paredes, acomoda con amor y ternura los desordenados cabellos de su hija en la sala de la casa familiar, hecha con sillar. El padre de Susel era arequipeño. (Foto: Elías Alfageme)
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Pero Susel Paredes (55) sabe que no todas las personas LGTBI+ corren esa misma suerte. Que, como ella misma lo recuerda, lamentablemente aún hay chicos a los que sus padres revientan a golpes y botan del hogar o chicas a las que indefinidamente encierran en casa. Y que esa violencia puede golpearlos nuevamente luego desde la parte mas conservadora y trasnochada de nuestra sociedad. Por eso, solo por eso, Susel se puede explicar que la electa congresista Zenaida Solís haya dicho que no cree “que haya padres que aplaudan a un hijo homosexual”.

“Es verdad que aún hay homofobia, lesbofobia, transfobia, pero antes era más complicado. Lo de Zenaida muestra que tiene una perspectiva conservadora como madre, porque lo primero que te va a decir una madre moderna hoy es: yo amo a mi hijo como sea y voy a hacer todo para que sea feliz”, dice.

Zenaida Solís, electa congresista por el Partido Morado, quien acuñó conservadora frase que debe servir más bien para seguir reflexionando sobre la igualdad. (Foto: GEC)
Zenaida Solís, electa congresista por el Partido Morado, quien acuñó conservadora frase que debe servir más bien para seguir reflexionando sobre la igualdad. (Foto: GEC)
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Pese a que don Ángel murió en el 2007, apenas un año después de que Susel saliera del clóset en casa, ella recuerda ese tiempo como uno de los mejores de su vida familiar: su papá la llamaba cada mañana para preguntarle cómo le había ido en sus actividades de campaña del día anterior (en el 2006, Susel fue la primera candidata abiertamente homosexual en postular al Congreso) e incluso la acompañaba a muchas de esas actividades. Y su madre, doña Rosa, hasta hoy comparte su vida, sus sueños y sus logros, que no son pocos. “Que ellos me dijeran que me querían fue suficiente para mí. Después de eso, yo podía enfrentar todas las dificultades del mundo y nada importaba. Ya no le tenía miedo a nada”, afirma, mientras su madre la peina. “Es que Susel siempre anda con el pelo desordenado”, nos comenta doña Rosa. Y eso, tan simple y tierno, es lo único que de Susel le preocupa.

“Que mis padres me dijeran que me querían fue suficiente para mí. Después de eso, yo podía enfrentar todo”, dice Susel Paredes.


Aunque en el imaginario colectivo Alberto de Belaunde (33) salió del clóset en el 2016, durante una entrevista que le hicieron como candidato al Congreso, para entonces el hoy reelecto parlamentario ya había hablado sobre su orientación sexual con sus amigos, sus padres e incluso ya llevaba cinco años con su novio. Alberto cuenta que de pequeño, a los 13 años, se dio cuenta de que mientras a sus compañeros de colegio les gustaban las chicas, a él le entusiasmaban los chicos, y a partir de entonces tuvieron que pasar al menos cinco años para procesar esa situación y aceptarla, pues él también es producto de una sociedad heteronormativa.

“Uno nunca se olvida del día que sale del clóset con sus papás. Era verano, estaba practicando en una ONG de derechos humanos y todo el día giró en torno a eso. Aunque yo tenía una ventaja: mi papá, Javier de Belaunde, es el abogado que en 1984 constituye el Movimiento Homosexual de Lima (Mhol) como asociación civil. Igual, para ellos fue una sorpresa y además estaba la preocupación porque somos un país con una profunda discriminación por la comunidad LGTBI, que es el temor al que se refirió Zenaida [Solís]. Pero lo tomaron muy bien. Al día siguiente fue bien bonito: yo me alistaba para salir y mi padre vino a mi cuarto y me dijo: ‘No sé si ha quedado claro de la conversación que tuvimos ayer, pero no solo cuentas con todo mi apoyo, sino que quiero que sepas que te quiero muchísimo y todo va a seguir siendo igual’. Y ahí quedo el tema”, recuerda Alberto.

Lo interesante, agrega De Belaunde, es que a los pocos días comenzó a recibir muchos mensajes por Facebook tanto de chicos y chicas que le agradecían su visibilidad, porque ello había dado pie a que conversen con sus papás, pero también de padres que le decían que les había ayudado a procesar lo que sucedía en sus familias.

Alberto cuenta que de pequeño, a los 13 años, se dio cuenta de que mientras a sus compañeros de colegio les gustaban las chicas, a él le entusiasmaban los chicos. (Foto: Elías Alfageme)
Alberto cuenta que de pequeño, a los 13 años, se dio cuenta de que mientras a sus compañeros de colegio les gustaban las chicas, a él le entusiasmaban los chicos. (Foto: Elías Alfageme)
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“Los padres deben entender que la felicidad de sus hijos no pasa por cumplir las expectativas de ellos y no hay personas LGTBI que puedan ser felices si se le niega la posibiliad de ser ellos mismos. El enfoque de género en la educación no va a “homosexualizar” a las personas: lo que va a hacer es que su familia, sus amigos, no lo discriminen y este chico pueda ser feliz”, finaliza.

Si bien nos enteramos de la orientación sexual de Ricardo Morán en el 2015, a través de un mensaje que el productor y director puso en Twitter, la verdad es que todo su entorno lo sabía desde que él tenía 21 años, cuando asumió su homosexualidad. Claro, excepto sus padres, quienes se fueron dando cuenta por sí solos.

Ricardo Morán confiesa que lo único que lamenta es que su padre no haya vivido para conocer a sus hijos. “Habría sido el abuelo perfecto”, dice. Su madre es feliz con los dos pequeños. (Foto: Elías Alfageme)
Ricardo Morán confiesa que lo único que lamenta es que su padre no haya vivido para conocer a sus hijos. “Habría sido el abuelo perfecto”, dice. Su madre es feliz con los dos pequeños. (Foto: Elías Alfageme)
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“Yo me asumo a los 21 años. Se lo cuento a todo el mundo menos a mis padres y vivo mi vida abiertamente. Poco a poco ellos se van dando cuenta y empieza a haber un discurso en las reuniones familiares, en las cuales mi papá trataba de hacerme ver que se había enterado, que estaba bien, pero que no quería hablar del tema porque a él lo superaba. Y yo lo entendía: mi papá nació en el año 48. Era bien difícil para él; entonces yo apreciaba sus esfuerzos, por más torpes que fueran. Por ejemplo, un día nos cruzamos con mi novio de esa época, ‘mi amigo’ según él, pues se nos había malogrado el auto. Entonces, mi papá me dijo: ‘Cómo no te vas a conseguir uno que sepa arreglar autos’”, recuerda.

El padre de Ricardo falleció un año antes de que hiciera pública su orientación sexual, pero a su madre sí tuvo la oportunidad de contárselo mucho antes. “A mi mamá se lo dije directamente y lo cuento en mi libro. Yo le dije: ‘Mamá, yo soy gay’. Ella contestó: ‘Eso me da mucha pena’. Yo le respondí: ‘Pero, mamá, ser gay es absolutamente normal, no tiene que apenarte’. Y me dijo: ‘Ah, no, que seas gay no me apena. Lo que me molesta es que no voy a tener nietos’. Entonces dije: ‘¿Por qué no vas a tener nietos? Yo soy gay, no estéril’. Eventualmente tuve hijos y mi madre hoy es absolutamente feliz con ellos”, afirma.

“Creo que poca gente sabe que la expectativa de vida de una mujer trans en Latinoamérica es de 35 años de edad”, afirma Ricardo Morán.


Morán considera que, aunque no fueron las palabras más felices, las afirmaciones de Zenaida Solís se referían a que como sociedad no hemos hecho lo suficiente para proteger a aquellas minorías que están desvalidas, como la comunidad trans. “Creo que poca gente sabe que la expectativa de vida de una mujer trans en Latinoamérica es de 35 años de edad. ¿Cuándo fue la última vez que viste a una mujer trans trabajando dignamente en una institución pública o en carreras que están al alcance de cualquier persona? Tienen que dedicarse a la prostitución, a estar en situación de peligro, y si uno tiene un hijo que te dice ‘yo soy trans’, por supuesto que vas a tener una preocupación, pero por eso no lo voy a dejar de aplaudir”, comenta.

Para Morán es importante hablar de los referentes, pues recuerda que cuando era adolescente, el homosexual como concepto era un ser marginal, que aparecía parodiado y ridiculizado en los programas de humor y que tenía sida. “Siempre me preguntan por qué todo el tiempo estoy diciendo que soy gay, que por qué expongo a mis hijos. Yo te voy a decir por qué: es parte de un plan y ese plan consiste en llegar a ese niño, a esa niña y a ese adolescente que está viviendo en un pueblo, en un lugar remoto, donde su mamá le saca la mierda porque es lesbiana, porque es una niña trans y la botan de la casa y a los 13 años llega a Lima sola y tiene que empezar a prostituirse. A ese niño que en el colegio lo ‘bullean’, le meten la mano, lo agarran a palos o lo matan, quiero decirle: mira, esto existe, esto es normal, esto está bien y tu papá puede aplaudir esto”, finaliza. //

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