"Tienes un mensaje", por Pedro Suárez-Vértiz. (Ilustración: Nadia Santos)
"Tienes un mensaje", por Pedro Suárez-Vértiz. (Ilustración: Nadia Santos)
Pedro Suárez Vértiz

Todos los días recibo decenas de videos de toda índole vía WhatsApp. Pareciera que todos mis amigos se pusieron de acuerdo y pensaron “Pedrito ya no canta, pobrecito, hay que entretenerlo”. Entonces llega el bombardeo de canciones, chistes, consejos, memes de política, calatas, gatos, refranes, etc. Eso me ha dado el relativo privilegio de ser el mayor poseedor de videítos de WhatsApp entre todos mis contactos. Y obviamente el principal repartidor de estos.

Quién no recuerda cuando el correo electrónico era la novedad. Cuando solo se podía acceder a comunicarte con alguien desde una computadora. Experimentar el ingresar a tu cuenta de correo para encontrarte con nuevos mensajes parecía mágico. Muchos matrimonios nacieron así.

Que te lleguen mensajes era emocionante. Necesitamos de otros para vivir, así como los otros necesitan de nosotros. No importa de qué hablemos. La mensajería instantánea nace a partir del ansia de no esperar. Esto revoluciona el correo electrónico y así se crea el chat. Enviar un mensaje sin tener que cerrar o abrir nuevas ventanas fue tan sorprendente como ocurrió con el pasar de la correspondencia en papel al correo electrónico. Hoy el email ya es obsoleto para socializar. 

Aunque los mensajes de texto telefónicos y Messenger existían a la par del correo electrónico, las nuevas tecnologías lograron que este mecanismo de comunicación instantánea llegue a tu mano al crearse los smartphones. A partir de este hecho ha evolucionado tanto el chat que prácticamente es la principal fuente de comunicación del planeta. Basta con ver el caos mundial que ocurre cuando por algún motivo la red de WhatsApp se cae. La gente es tan dependiente de ella que muchos llaman a estos tiempos la era ‘zombie’.

Hoy, las personas andan más con la cabeza abajo que mirando al frente. Es decir, pegados al teléfono. Este ya no se llama así pues la función telefónica de un dispositivo móvil es la menos usada. Son innumerables las críticas al respecto. Se cree que los celulares están consumiendo a la sociedad y convirtiéndola en una civilización de antisociales. Casi nadie se comunica en persona con los demás como antes. Todos caminan por la calle sin prestar atención a los alrededores. Por ello tanto robo de celulares. La tecnología le puede dar vuelta a una cultura. Antes, a los niños se les castigaba sin poder salir a jugar. Hoy es todo lo contrario, se les suprimen los aparatos electrónicos y se les dice que salgan a jugar al parque y que se las arreglen.

Yo uso WhatsApp gran parte del día. Es la app que mejor manejo. Sigo descubriendo nuevas funciones siempre. Los videos de WhatsApp ahora son una tendencia. Es la nueva forma de viralizar alguna información seria o graciosa. Antiguamente –increíble usar esa palabra–, todo era vía correo electrónico. Hoy las imágenes llegan directo a tu celular y con solo un ‘tap’, lo que antes era ‘clic’, las puedes ver. Las aplicaciones de mensajería instantánea se están convirtiendo en nuevas plataformas que ya le pisan los talones a YouTube o Vimeo. WhatsApp se ha vuelto una de las primeras opciones de los consumidores para entrar en contacto con alguna empresa. Vemos hoy, en paneles de distintas empresas, datos como la dirección, el correo y ahora el número personal de algún asesor de ventas.

Esto también es parte de la nueva cultura empresarial de querer ser más amigable y cercano con el cliente. Yo, por ejemplo, me comunico por WhatsApp con el asesor que me vendió mis parlantes para que me resuelva cualquier duda al instante. Los doctores también se vuelven las principales víctimas de este fenómeno, sobre todo con los hipocondríacos como yo. Esto me hace recordar que debo agradecer a mi amigo, músico y gastroenterólogo Martin Tagle por ser uno de mis principales proveedores de videítos, junto con Pepe Criado, Christian Meier, mi hermano Patricio, mi tío Coco, Ricardo Ghibellini, Teco Arnaiz, Gonzalo Villarán, Ariel Zlockzover, Pacho López, Roberto Lecaros y mi suegra Silvia Turner. Me hacen reír las 24 horas. 

Esta columna fue publicada el 12 de agosto del 2017 en la revista Somos.

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