Diego Suárez Bosleman

Periodista de Ciencia y Tecnología

diego.suarez@comercio.com.pe

desde que el BAP Carrasco ancló por primera vez en el Perú y ya se encuentra en acción. Ayer, aproximadamente a las 6:30 de la mañana, este buque científico que modernizará la exploración de nuestro mar y de la Antártida zarpó de la Base Naval del Callao para iniciar su primera misión, en la que analizará zonas del fondo marino que nunca antes han sido exploradas por instituciones nacionales.

El punto de llegada de esta nave –adquirida durante el gobierno de Ollanta Humala– es la carta 225, una sección de mar de 567.000 hectáreas localizada a unos 60 kilómetros de la costa de Tambo de Mora, en la provincia de Chincha. Allí se llevará a cabo por primera vez un reconocimiento de este subsuelo, con el fin de determinar su morfología, sus características y los potenciales recursos naturales que puede albergar.

“Se conoce menos del 1% del subsuelo marino nacional. Este no es solamente una fuente de recursos vivos, sino también de minerales, hidrocarburos y gases. Por eso es de suma importancia esta investigación. Tenemos que saber qué hay debajo de nosotros”, explicó a El Comercio Luis Cerpa, jefe del Programa de Geología Marina y Estudios Antárticos del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet).

(Ilustración: Raúl Rodríguez)
(Ilustración: Raúl Rodríguez)

Esta institución, en asociación con la Marina de Guerra del Perú, ha coordinado la misión, que tiene como objetivo final crear un mapa geológico de todo el lecho marino dentro de las 200 millas del mar de Grau.

—Modernidad—
La tarea no es sencilla pero el BAP Carrasco está a la altura. Para empezar, ha convertido al Perú en uno de los cinco países en tener vehículos submarinos autónomos de última generación (AUV). Estos –con una apariencia similar a la de los torpedos– son capaces de determinar la profundidad, las características del agua y del suelo, y medir la expulsión de gases. Pueden llegar hasta los 3.000 metros de profundidad y ser programados para seguir una ruta de forma independiente.

Asimismo, la nave tiene integrada a su base un Sub-Bottom Profiler. Se trata de un sensor que penetra el fondo marino y genera una imagen de los primeros cinco metros que hay debajo, lo que ayudará a conocer la composición del suelo. Otra tecnología que destaca es una llamada ecosonda multihaz, que –a través de ondas acústicas que chocan contra el lecho marino y regresan a la nave– obtiene una visión en 3D del subsuelo.

—Un desvío—
Cabe resaltar que la embarcación realizará una parada previa antes de llegar a la carta 225. Y es que primero pasará por la Dorsal de Nasca, una cordillera submarina ubicada a 3 mil metros de profundidad y que estudios previos sugieren que albergaría varias acumulaciones de nódulos polimetálicos, como oro, plata y cobalto.

“En la Dorsal de Nasca llevaremos a cabo un reconocimiento hidroacústico y geofísico, que nos ayudará a entender su composición. Esperamos utilizar los AUV”, le dijo al Diario Gerardo Herbozo, jefe de esta misión y miembro del Programa de Geología Marina y Estudios Antárticos del Ingemmet.

El especialista recalca que para agosto o setiembre se realizará una nueva misión al norte, a las afueras de Paita, pero antes pasarán por el banco de Máncora, una zona poco explorada donde hay una gran variedad de organismos. Asimismo, resalta que se ha iniciado una cooperación internacional para el mejoramiento de los equipos científicos y de la capacitación de los especialistas nacionales.

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