Elmer Huerta

Este jueves 31 de diciembre se cumplirá un año del día en el que un grupo de funcionarios de salud pública de la ciudad de Wuhan anunciaba que se había identificado un de causa desconocida. Habían hecho ya todas las pruebas para descartar las causas conocidas de neumonía –como SARS, MERS, influenza, citomegalovirus y otras–, y todas dieron resultados negativos. La única pista en común era que todos los enfermos estaban relacionados a su trabajo en el mercado de animales silvestres de la ciudad.

Esta columna es la última del 2020 y es la número 51 dedicada a la . Una señal de que, en el mundo de la ciencia, el tema de la pandemia ha sido dominante. Premonitoriamente, en la columna del 7 de octubre del 2019 –casi tres meses antes del inicio de la pandemia– reportábamos las conclusiones del Global Preparedness Monitoring Board (GPMB), expertos convocados por la OMS y el Banco Mundial en el 2018, que en su , afirmaban que si se produjera una pandemia, la humanidad no estaba preparada para enfrentarla. Hoy haremos un repaso a vuelo de pájaro de lo que hemos aprendido este año con respecto a la pandemia.

—El virus—

El virus –luego – fue identificado muy rápidamente y su genoma fue puesto en Internet el 11 de enero. Es un virus moderadamente contagioso, con un número R de 2,6; es decir, una persona infectada puede contagiar a entre dos y tres personas (el sarampión tiene un R de 18).

Posteriormente, aprendimos que usa el receptor ACE2 para ingresar a las células. Se trata de un receptor tan ampliamente diseminado en los tejidos del organismo, que prácticamente no hay órgano que no se salve de la infección.

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Con respecto al contagio, al principio se pensó que el principal método de contagio era la tos y el estornudo, y se comprobó a mediados de marzo que el principal método de contagio son los aerosoles, microscópicas gotitas de secreciones que se despiden de las vías respiratorias al hablar, gritar o cantar. Eso llevó a que tanto la OMS como el CDC cambiaran su posición con respecto al uso de las mascarillas. Al principio, solo estaban recomendadas para las personas enfermas, luego se recomendaron para todos.

—La enfermedad—

Bautizada como , la enfermedad ha sido una verdadera caja de sorpresas. Al principio, considerada una enfermedad enteramente respiratoria y causante de neumonía (se la llegó a bautizar como la neumonía de Wuhan), hemos ido aprendiendo, dolorosamente, que la enfermedad es multisistémica. Eso quiere decir que puede atacar casi todos los órganos y sistemas del cuerpo humano. Causa daño directo del corazón, cerebro, piel, vasos sanguíneos, páncreas, intestinos, pulmones, riñones, y es capaz de causar un fenómeno inflamatorio tan severo que origina la formación de coágulos diseminados en el organismo, lo que origina en los niños el síndrome de inflamación multisistémico infantil, que, a pesar de su gravedad, es felizmente levemente letal.

Desde el comienzo hemos aprendido que la enfermedad se distribuye en una proporción 80-15-5: 80% de los infectados presenta síntomas muy leves o son asintomáticos; 15% cae en cama con síntomas más severos como fiebre, escalofríos, diarreas, tos, dolores musculares, etc. Estos dos grupos de enfermos se recuperan en casa con tratamiento sintomático y reposo. El 5% restante sufre complicaciones y puede ser hospitalizado, generalmente con neumonía. Lo importante es reconocer temprano a este grupo, con la ayuda de un oxímetro de pulso, y hacer que llegue temprano al hospital.

“Se ha intentado con diversos medicamentos [...] Ninguno ha probado científicamente ser efectivo”.


—El tratamiento—

Lamentablemente, no se ha descubierto ninguna medicina que cure esta enfermedad. Se ha intentado con diversos medicamentos, entre ellos hidroxicloroquina, remdesevir, ivermectina, azitromicina y plasma de convaleciente rico en anticuerpos. Ninguno ha probado científicamente ser efectivo. En algunos países, con poblaciones de escasa preparación científica y de reducido acceso a la información, se popularizaron tratamientos alternativos con derivados de lejía como el dióxido de cloro, las gárgaras de sal, los lavados de las fosas nasales y otros. Hasta este momento, ambulatorio es enteramente sintomático y no hay lugar para tratamientos farmacológicos específicos.

En los pacientes hospitalizados sí ha habido una buena noticia. El tratamiento con una antigua y muy barata medicina, la dexametasona. Esta ha demostrado que puede disminuir la mortalidad de pacientes con neumonía en poco más del 30%. Es de notar que la dexametasona ni ningún corticosteroide deben ser usados en pacientes ambulatorios, pueden agravar el cuadro y precipitar una hospitalización.

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—La vacuna—

En tiempo récord (menos de un año), la ciencia ha logrado dos vacunas aprobadas por la FDA y la EMA. Las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna usan la misma tecnología de ARN mensajero, tiene más de 94% de eficacia, mínimos efectos secundarios (hasta ahora) y difieren en la temperatura de congelación para su almacenamiento. Ya la vacunación ha iniciado en varios países del mundo. Al cierre de esta edición, hay diez vacunas que están completando sus estudios de fase 3 para ser aprobadas.

—Corolario—

La pandemia se ha llevado la vida de personas en el planeta. Sin cura en el horizonte y con mucho tiempo por delante para lograr la protección de la población, el 2021 será sin duda un año en el que nuestro principal objetivo como ciudadanos será evitar la infección. Para eso, debemos manejar nuestra probabilidad de contagio, evaluando el espacio en que nos movemos, la gente con que nos juntamos, y el uso juicioso de mascarillas y distancia social. Sin duda, la recuperación de la pandemia precederá a la recuperación de la economía.


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