Elmer Huerta

Oncólogo y especialista en Salud Pública. Colaborador.

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La semana pasada, el laboratorio Pfizer sorprendió al mundo que solicitará en agosto a la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) la autorización para usar una tercera dosis de su .

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La compañía argumentó que recientes datos –no publicados en revistas científicas revisadas por pares– mostraron que, tras una tercera dosis, la cantidad de anticuerpos neutralizantes contra el virus de Wuhan y la variante beta aumentó cinco a diez veces más, en comparación con la obtenida luego de la segunda dosis.

La controversia surgió cuando los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC) y la FDA , que hasta el momento no había necesidad de una tercera dosis de para EE.UU.

Luego, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) indicaron que no hay bases científicas para la administración de una tercera dosis de cualquier .

—Tipos de efectividad—

Entre los varios modos de evaluar la efectividad de una , hay tres que destacan: prevenir la infección y desarrollo del COVID-19 sintomático leve; prevenir el desarrollo del COVID-19 grave que requiera hospitalización; y por último, evitar la muerte por COVID-19.

El punto es que, aunque las vacunas difieren en el primer tipo [algunas permiten más que otras una enfermedad leve], la efectividad para proteger de la enfermedad grave y la muerte es muy alta y similar entre todas las que se usan en el mundo. Es decir, aunque las de Johnson & Johnson, AstraZeneca, Sinopharm o CoronaVac puedan tener menor efectividad contra la infección, todas tienen altísima protección contra la hospitalización y la muerte.

Esa alta efectividad explica la inmediata respuesta de los CDC, FDA, OMS y EMA, con respecto a que no es el momento de autorizar una tercera dosis. Esta opción se determinará tras un riguroso proceso basado en ciencia y evidencia.

“La discusión local tiene que ver con el reciente pronunciamiento de los tres principales gremios médicos”.


—Tercera dosis en el Perú—

La discusión local tiene que ver con el reciente pronunciamiento de los tres principales gremios médicos (, y ), que exigen al Ministerio de Salud que aplique una tercera dosis de Pfizer a los profesionales de salud que recibieron dos dosis de la Sinopharm.

Pese a que en reconoce que la vacuna de Sinopharm ha reducido hospitalizaciones y muertes por COVID-19 en los médicos, fundamenta su pedido en el temor a una tercera ola y a las nuevas variantes, entre ellas, la delta.

Al respecto, recientes datos desde Israel han demostrado que, a medida que la variante delta se disemina en ese país, la efectividad de la de Pfizer disminuyó de más del . Y con respecto a la variante lambda –causante de más de 80% de los casos en el Perú–, un reciente demostró que la de Pfizer neutraliza dos a tres veces menos eficientemente a esa variedad.

Según estos datos, pasa lo mismo con la de Sinopharm, AstraZeneca, Johnson & Johnson y CoronaVac, y es probable que la de Pfizer no disminuya la posibilidad de desarrollar COVID-19 por las variantes delta o lambda. Sería importante saber si esas son efectivas en disminuir la posibilidad de hospitalizarse o morir por la enfermedad.

La falta de confianza en la de Sinopharm expresada por el gremio médico debe ser disipada por el Minsa, revelando los datos de los tres estudios de efectividad en profesionales de la salud, y aclarar la grave aseveración sobre los 40 médicos que murieron pese a estar vacunados.

Sabemos que la efectividad de Sinopharm para prevenir la hospitalización en el personal de salud es de alrededor del 80% y para prevenir la muerte del 95%. Si esas cifras son ciertas –lo cual debe confirmar el Minsa–, la confianza del gremio médico a esa aumentaría y se evitaría un cambio en la política de salud, más por miedo y desconfianza que por ciencia y evidencia.

La necesidad de una tercera dosis debe hacerse tras analizar múltiples datos de laboratorio, ensayos clínicos y cohortes o grandes grupos de población, no por miedo.

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—Corolario—

Por la alta efectividad de las que se usan en el Perú para prevenir hospitalizaciones y muertes por COVID-19, el énfasis debe ser el reforzamiento de los programas de vacunación general.

Al respecto, de 34 pacientes internados en una unidad de cuidados intensivos de un hospital general en Lima, 30 fueron no vacunados. De los cuatro casos vacunados (con Pfizer), tres habían recibido una dosis y el restante, dos. Solo ocho (23%) de los ingresados tenían más de 60 años, lo que indica que la población está protegida.


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