Diego Suárez Bosleman

Periodista de Ciencia y Tecnología

diego.suarez@comercio.com.pe

El 19 de febrero de 1600 fue para algunos el día del juicio final. Piedras llameantes –del tamaño de la cabeza de un hombre– recorrían el cielo. Un manto de cenizas cubrió poblados enteros y oscureció por 30 días y 30 noches, relata el cronista Guamán Poma de Ayala. El volcán Huaynaputina, ubicado en Moquegua, había erupcionado violentamente, causando la muerte de unas 1.500 personas.

Han pasado ya 420 años de esta erupción volcánica –la de mayor magnitud en la historia del país y de Latinoamérica–; sin embargo, especialistas siguen estudiando este evento y su impacto climático.

–Catástrofe–

La explosión del Huaynaputina tuvo un grado de magnitud de erupción de 6, siendo 8 el máximo. Por eso no sorprende su grado destructivo: los flujos piroclásticos –conjunto de gases, ceniza y rocas de diversos tamaños– lanzados por el volcán, a una temperatura de 700 °C, se expandieron por unos 15 kilómetros, sepultando más de 20 centros poblados.

(Infografía: Jean Izquierdo)
(Infografía: Jean Izquierdo)

“No hubo lava. Aun así, los flujos piroclásticos arrasaron con todo en su camino. Mediante análisis hemos detectado que en ciertas zonas el material arrojado por el volcán tenía entre 10 y 20 metros de grosor. Algo similar ocurrió en Pompeya, con el Vesubio”, le dijo a El Comercio Marco Rivera, investigador científico en vulcanología del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

El cronista Bernabé Cobo cuenta que parte de los flujos piroclásticos llegaron al río Tambo, que al desembocar en el mar causaron la muerte de varias especies.

Se calentó el agua de suerte que hervía como lo hace una caldera puesta al fuego [...]; y así se hallaron en las riberas de la mar grandes montones de lisas, pejerreyes, camarones y otros pescados cocidos”.

–Un clima alterado–

El daño no ocasionó solo la destrucción de poblaciones o ecosistemas. La fumarola que se mantuvo encima del volcán, elevándose más de 30 kilómetros, se desplazó por el cielo peruano, inhibiendo la visión del sol, y posiblemente la sensación de calor.

“Normalmente, este material en la atmósfera bloquea la radiación solar incidente, lo cual produce un enfriamiento en la tropósfera y un calentamiento en la estratósfera. Esto altera la circulación de los vientos y, por ende, los regímenes de lluvia en general”, explica James Apaéstegui, investigador científico en paleoclimatología del IGP.

Un estudio realizado por geólogos de la Universidad de California, en Davis, sugiere que todo el material particulado inyectado a la atmósfera por el Huaynapatina habría desencadenado que 1601 fuese un año frío.

Por su parte, David Dian Zhang y Harry Lee publicaron una investigación en la que plantean una posible relación entre el volcán y un mayor grado de precipitación en China. Otros trabajos señalan que hubo una reducción en la temperatura, así como sequías extremas, en varios países del hemisferio norte durante el 1601.

Síguenos en Twitter...