Ahora podrá prender la luz con sus propias pestañas
Ahora podrá prender la luz con sus propias pestañas
Renzo Giner Vásquez

Nací en Lima hace 33 años. Estudié Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, realicé una maestría en Brasil, un doctorado en Hong Kong y estudios posdoctorales en el MIT. Actualmente trabajo como profesora en UTEC. 

Un pestañeo basta para prender las luces de la habitación. Con una uña postiza es capaz de pagar su boleto en el metro. Y si desea grabar una conversación, basta con tocarse el cabello. Todas estas escenas que nos remontan a una película de ciencia ficción son posibles gracias a Katia Cánepa, creadora del maquillaje inteligente y reconocida por el MIT –la mejor universidad del mundo según el ránking del año pasado– como la Innovadora del 2016.  

—Eres una ‘beauty technology designer’. ¿En qué consiste eso? 
Sí, no sé cómo traducirlo porque es algo que he creado. Cuando me tocó hacer el doctorado en Hong Kong llegué a la Facultad de Arte, algo totalmente diferente a lo que estaba acostumbrada en ingeniería. Pero gracias a ello ahora uso el arte como una forma de expresar tecnologías futuras. Yo pienso en la superficie del cuerpo como una plataforma de integración. Tenemos dos metros cuadrados de piel y siempre me preguntaba cómo podíamos usar tecnología en nuestro cuerpo. Entonces mezclé los productos de belleza que muchas mujeres usan en el día a día con electrónica. Con esto vemos a los cosméticos con una funcionalidad más, además de hacernos ver más bonitas nos permiten extender el cuerpo para interactuar con distintos dispositivos.

“En mis inventos integro química, electrónica y computación”, explica Cánepa.

—¿Cómo funcionan tus inventos?
Me inspiro mucho en los movimientos que normalmente hacemos. El pestañear, por ejemplo, es un movimiento involuntario, pero cuando lo haces de forma voluntaria es para realizar distintos gestos. Lo mismo pasa cuando nos tocamos el cabello. Quise usar este comportamiento voluntario para activar el celular, la luz. Ahora, cada proyecto funciona de manera diferente. Por ejemplo, las pestañas fueron metalizadas con un proceso químico y se les adiciona un circuito para detectar el pestañeo. El movimiento involuntario dura entre 100 y 150 milisegundos, pero las pestañas están programadas para que al durar 200 o 300 milisegundos el circuito lo identifique como un acto voluntario y active la función para la que está programada. Así conseguí que un tetrapléjico pueda tener superpoderes.

—¿Superpoderes?
Tenía un proyecto llamado Superhéroe, que ganó un concurso en Barcelona. Con él trataba de aumentar las capacidades del hombre. Para el concurso me vestí de superhéroe y con las pestañas tenía el poder de “levitar objetos” porque hacía volar un dron. El invento tuvo rebote internacional y pude exponerlo en diferentes países. Felipe, un tetrapléjico brasileño  de 34 años, me buscó en una de esas presentaciones. Él fue campeón de jiu-jitsu, pero en un entrenamiento sufrió un accidente en la columna que no le permite mover el cuerpo de los hombros para abajo. Él me dijo que quería ser un superhéroe porque, por ejemplo, cambiar un canal de TV le tomaba como 30 minutos. Como no le iba a poner maquillaje, le hice una segunda piel que reconocía los gestos faciales gracias a sensores. Al levantar una ceja, pestañear o combinar cualquiera de los 45 músculos de la cara podía prender y apagar la TV o cambiar de canal. Volvimos su rostro una interfaz. Es un nuevo concepto de ‘wearables’, o sea, la tecnología ya no está solo en la ropa o en los relojes, sino que pasa a la superficie corporal.

—¿No nos volveríamos más dependientes de la tecnología? 
La tecnología ya existe, debemos pensar que estamos en un proceso de adaptación. Esto es una realidad. La tecnología ‘wearable’ no es una bonita idea de ciencia ficción que se me ocurrió. Hay millones de personas usando ‘gadgets’ [dispositivos], decir que no va a existir es una negación que no deberíamos tener. Sería mejor pensar en cómo podemos adaptarlo a las necesidades de cada uno.

—¿Cómo nació la idea del maquillaje inteligente?
Cuando estaba en Hong Kong veía a las chicas poniéndose estas pestañas postizas en el metro con una habilidad envidiable o las uñas postizas que te toman dos horas. Entonces dije, si voy a ponerme las uñas mejor que le metan un chip [risas]. Muchas veces iba a hacerme las uñas y a quien me atendía le pedía que me pusiera el chip debajo de la uña postiza, no me entendía y le decía que la estaba preparando para el futuro. Obviamente me decían que era la más rara de sus clientas [risas]. Me inspiro mucho en la mujer, quiero ser la persona que se encarga de los ‘gadgets’ para ellas. 

“En mis inventos integro química, electrónica y computación”, explica Cánepa.

—Debes rodearte de tecnología… 
La verdad me gusta más la creación que ser un usuario. Por eso decidí irme del Perú. Cuando vivía acá vendía herramientas de IBM con mi papá y capacitaba a los clientes en cómo usarlas, pero comencé a pensar: “¿Por qué debo enseñarles a usar y por qué yo estoy usando algo que no he creado?”. Por eso fui a Brasil en el 2008, ahí descubrí otro mundo y lo que me gustaría resaltar es la importancia de la investigación. ¿Cómo podemos crear en lugar de ser usuarios? Estamos acostumbrados a usar herramientas en lugar de crearlas. Esa fue una de mis principales motivaciones y por eso continúo haciendo investigación. Muchos piensan que es aburrida, se imaginan a un señor con unos lentazos, con una bata de laboratorio, pero en realidad es muy divertido, te levantas todos los días pensando qué crear hoy.

—¿Ha cambiado el panorama en el país desde que regresaste?
Todavía hay mucho por hacer, hasta que no tengamos la conciencia de que la ciencia y la tecnología es importante para el desarrollo del país seguiremos siendo usuarios. Y no es solo por temas de gobierno, que es un grave problema, sino por miedo o poco conocimiento que se tiene sobre la investigación.