(Foto: El Comercio)
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Christian Mestanza Arquiñigo

Desde hace 15 años, Silvia Yancapallo enseña en aulas hospitalarias a niños con discapacidad física que no pueden tener una educación regular. En todo ese tiempo ella ha visto muchos cambios y avances en la forma de enseñanza, pero también conoció la indiferencia de las autoridades y de la sociedad.

Silvia comenzó su carrera como maestra hospitalaria en su natal Arequipa, y actualmente está a cargo del salón de clase del Clínica San Juan de Dios de Cusco, donde trabaja con 20 alumnos que tienen, en su mayoría, parálisis cerebral.

Dicho trastorno, que afecta la capacidad de equilibrio y movimiento de las personas, ocurre porque las áreas del cerebro que controlan el movimiento y la postura no se desarrollan de manera correcta o se lesionan. En esa condición es muy difícil que los niños sean aceptados en los colegios regulares, ya que por lo general no están preparados para lidiar con este tipo de casos.

Conscientes de esta situación, y gracias a una iniciativa de la Fundación Telefónica, la Clínica San Juan de Dios del Cusco cuenta con un aula hospitalaria que, hace cinco años, fue implementada con herramientas digitales adaptadas con el fin de promover el desarrollo de competencias y habilidades cognitivas, emocionales y digitales de sus estudiantes.

Hablamos con Silvia para que nos cuente más sobre su labor como tutora en centros de salud y cómo la tecnología puede ayudar en el proceso de aprendizaje de los niños con esta condición.

(Foto: El Comercio)
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¿Qué es un maestro hospitalario?

Es aquel docente que tiene que realizar distintas adaptaciones al proceso de enseñanza y aprendizaje de sus alumnos. Además, debe aplicar la pedagogía de la ternura, porque los chicos son convalecientes: primero son pacientes y, después, alumnos.

De ese modo, en un aula hospitalaria tiene que haber ternura, paciencia y también se debe respetar el espacio de cada niño, ya que no puedes ser su amigo de manera directa, sino poco a poco. Hay que saber ciertas pautas para llegar a cada uno y poder respetarlo desde la condición en la que está.

¿Cómo se formó para este tipo de enseñanza?

Ahora recibimos capacitación constante para seguir aprendiendo la metodología de un docente hospitalario, pero al inicio no fue así. Tuve que buscar información de otros países, como Chile y Ecuador, que están más avanzados en el tema. Fui aprendiendo sobre la marcha.

¿Cuál es la diferencia de enseñar en un hospital y en un colegio?

Es totalmente distinto. Primero porque los niños están en una condición de vulnerabilidad, muchas veces lejos de sus familias, por lo que necesitan bastante afecto y olvidarse por momentos de que están en un hospital. Eso es justamente lo queremos lograr con el aula hospitalaria. Aquí jugamos a hacer aprendizajes interactivos, todo es lúdico. Así se sienten felices y contentos de venir.

Pero la principal diferencia con un colegio regular es que ahí los niños están solo mientras dura la clase, después vuelven a casa con sus padres. Aquí, en cambio, los chicos están de forma permanentemente. Por consiguiente, su familia es el hospital, las enfermeras, los profesores y todos los trabajadores de la clínica. Esa es la mayor diferencia.

¿Cuánto tiempo pasa un paciente en las aulas?

Depende. Aquí su permanencia es un poco más larga, a diferencia de otros hospitales regionales. Normalmente es de un año o dos, aunque tenemos alumnos que superan los 13 años con nosotros.

¿Cómo han ayudado los dispositivos tecnológicos en el aprendizaje de los pequeños?

La tecnología ayuda a que los niños con discapacidad suban su autoestima y quieran aprender más. Al inicio ellos piensan que no van a poder entender las clases, pero pronto se dan cuenta de que las herramientas digitales hacen que los temas que tocamos sean muy fáciles de aprender y, sobre todo, amenos. Lo bueno es que utilizamos dispositivos adaptados a su medida como mouses diseñados para chicos con inmovilidad en sus dedos y manos.

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Además, Fundación Telefónica ha creado el Villa Planet, una plataforma con la cual se refuerzan las áreas de comunicación y matemática. Con ella el niño va comprendiendo lo que lee mientras que juega. Así, si alguno no posee una lectura fluida, tienen un ícono donde puede escuchar toda la información. En el caso de matemática es igual.

Usamos otras ‘apps’ que son sencillas y ayudan a que los niños trabajen la coordinación oculomanual y también la atención, concentración y memoria.

¿Cuénteme una experiencia que la halla marcado?

Uno se llega a apegar tanto a los niños que realmente es doloroso cuando, por su condición, fallecen. A pesar de que los maestros nos preparamos para saber afrontar esos momentos, siempre nos afecta.

¿Qué mensaje le daría a la sociedad?

No hay que ponerles límites a estos niños. Ellos tendrán una discapacidad física, pero pueden aprender y superase. La inclusión tiene que empezar a ser real en nuestro país.

Y no solo basta con crear infraestructura adecuada, también hay que ofrecerles una buena educación. Muchas veces los colegios les cierran las porque piensan que no van a aprender o porque los docentes desconocen la metodología para enseñarles. Sin embargo, los niños discapacitados sí logran aprender. Es verdad que no será en el tiempo que lo hace un alumno regular, sino que hay que respetar su ritmo y estilo de aprendizaje. Pero tenemos que dejar de verlos como personas incapaces. Ellos sí pueden integrarse y colaborar con la sociedad.

DATO
- El programa "Aula Digital en Hospitales y Entornos Inclusivos" se desarrolla hace más de 20 años. A la fecha, ha beneficiado a más de 77 mil niños y adolescentes internados en 14 hospitales y 7 entornos inclusivos, como asociaciones y albergues, del país. Forma parte del programa global Educación Digital, promovido por la Fundación Telefónica y la Fundación Bancaria La Caixa.

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