Kevin Spacey (Foto: AP)
Kevin Spacey (Foto: AP)
Czar Gutiérrez

"Detrás de cada gran hombre hay una mujer con sangre en sus manos", dice en uno de los parlamentos de "House of Cards". Antes, había dicho que la mejor manera de ganar el respeto de sus superiores consistía en desafiarlos. Que la ruta hacia el poder estaba pavimentada de hipocresía. Que los amigos terminaban siendo los peores enemigos. Y que no somos nada más ni nada menos que lo que escogemos revelar de nosotros. Toda una cadena de razonamientos guionizados que en los labios de un pragmático, implacable y despiadado presidente de los Estados Unidos terminarían convertidos en poco menos que aforismos por su millonaria fanaticada global apostada en el streaming.

Lo que nadie había calculado era que esas líneas desbordarían la ficción antes de transformarse, otra vez, en los insumos para el perturbador contraataque de la estrella en desgracia apenas horas antes de la última Nochebuena. Lo que entonces hizo –el actor– es defender a Kevin Spacey Fowler –nombre completo del acusado–, instrumentalizando las imposturas de Frank Underwood, el despiadado presidente norteamericano de mentira, a quien los guionistas decidieron asesinar debido al reguero de denuncias contra el hombre de verdad, señalado delincuente sexual. Confusa trama que la justicia norteamericana puede resolver enviándolo hoy a la cárcel.

FRANCAMENTE FEROZ
Cinco años de reclusión lo esperan. Antes, el imputado se puso un inocente delantal navideño estampado con imágenes de Santa Claus para grabar un video convenientemente titulado "Let Me Be Frank", juego de palabras que usufructúa su nombre ficcional, se traduce como ‘déjame ser franco’ y, tres minutos después de verlo, termina siendo el documento más desconcertante y perturbador que un acusado exhibe en su defensa desde Óscar Wilde en los tribunales de Old Bailey: "Yo sé lo que quieren", empieza. "Si no tomé responsabilidad por los crímenes que cometí, no lo haré por aquellos que ni siquiera realicé".

Mirada fija, voz seca, fraseo inequívoco. La exacta administración de los silencios. Notable cálculo cerebral para una puesta en escena donde el protagonista se desdobla sobre un parlamento preñado de dobles sentidos. Donde cada frase activa un mecanismo metafórico perfecto. Así, el sujeto justifica su proceder autárquico, cuestiona la muerte de su personaje y defiende la inocencia de un hombre de 59 años súbitamente colocado en el devastador ojo de un huracán mediático. "Nunca me vieron morir realmente, ¿verdad? Las conclusiones pueden ser muy engañosas", dice, antes de terminar con otra provocación: "¿Me extrañan?".

Es más: en el gesto de colocarse un aro matrimonial, los conspiranoicos encuentran un guiño a eso que Robert Downey Jr., Elijah Wood y Brad Pitt llamaron "el anillo de pederastia de Hollywood, esa élite de pedófilos que controla todo Estados Unidos". Un entramado de perversiones sexuales que comprometería a actores, directores, políticos, banqueros, periodistas y, por supuesto, sociedades secretas. Todo ocurriría con el aval de unos padres desesperados por convertir en el menor tiempo posible a sus pequeñuelos en verdaderos astros de la pantalla grande. Spacey los delataría para que lo acompañen tras las rejas.

DINÁMICA PENAL
Todos los desórdenes de la vida se organizan en la ficción, que con alguna frecuencia termina imitándola. Criado en un hogar donde el padre nazi pegaba imágenes pornográficas en las paredes y violaba a su hijo mayor, la fractura emocional que esto produjo en Kevin Spacey fue tan honda que, según su hermano, "ya no tiene sentimientos". Despedido de "House of Cards", despojado de un Emmy de honor, reemplazado por Ridley Scott, desprovisto de abogados, apoderados y agentes de prensa. Todo un apestado que después de un largo silencio reaparece con este video y un mensaje: no separe a este artista de su arte.

Un intento que, seguro, el Tribunal de Distrito de Nantucket no considerará más determinante que la delictiva gama de dinámicas de poder que el acusado parece haber ejercido sobre sus víctimas, con el agravante de declararse gay para justificarlas. Desde las alturas de su estrellato, Spacey ejerció violencia sobre 30 personas menores que él. Todo indica que los escogía por su edad y aprovechando ese escudo de silencio que rodea la homosexualidad. En todos los casos, se le acusa de abuso de poder y de una gravísima desconexión moral. Esa que ya expulsó a Kevin Spacey del plató, está a punto de encarcelarlo y mandó a la tumba al pérfido presidente Underwood, nada menos.

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