Chiara Altieri y Ludovica Storti, quienes son interpretadas por Benedetta Porcaroli y Alice Pagani, respectivamente. (Foto: Netflix)
Chiara Altieri y Ludovica Storti, quienes son interpretadas por Benedetta Porcaroli y Alice Pagani, respectivamente. (Foto: Netflix)
Patricia Castañeda Alva

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“Baby” se convirtió en una de las series más polémicas de Netflix. Cada temporada estuvo cargada de mensajes y consecuencias de los actos de los jóvenes protagonistas. Además, a esto se suma que estuvo inspirada en una historia real. Hace unos días se publicó su temporada final y estas son nuestras impresiones.

Si bien esta ficción se toma licencias, la trama principal se centra en la historia de dos jóvenes víctimas de la explotación sexual. Chiara Altieri y Ludovica Storti, quienes son interpretadas por Benedetta Porcaroli y Alice Pagani, respectivamente, son dos jóvenes estudiantes que caen el mundo de la prostitución (explotación) y que a lo largo de las temporadas son víctimas de la manipulación.

Además de Chiara y Ludovico, otro de los personajes principales es Damiano Younes, interpretado por Riccardo Mandoloni, quien en la tercera temporada tendrá un rol muy importante y se verá cómo madura para convertirse en un adulto responsable de sus actos.

La tercera temporada cumple con el espectador y una de las cualidades que tiene es que desde el inicio del primer episodio se muestra que se está llegando al final. Todo gira al rededor de las consecuencias de los actos de las jóvenes y de quienes los llevaron a ese mundo.


Chiara Altieri es interpretada por Benedetta Porcaroli. (Foto: Netflix)
Chiara Altieri es interpretada por Benedetta Porcaroli. (Foto: Netflix)

Chiara, quien se convierte en Emma, para llevar a cabo sus planes y negocios, logra tomar conciencia de lo que realmente está pasando. Pero ese proceso le tomará varias lágrimas. En la serie se explora que dentro de ese mundo, las mujeres creen que se sienten dueñas de su cuerpo pero no es así. Se muestras varias reflexiones.

El crecimiento de Ludo, la otra protagonista, es el más notorio. En la primera temporada la vemos como una adolescente rebelde que no mide las consecuencias de sus actos y que vive el día a día. En la tercera temporada, tras haber pasado por varias cosas fuertes, se le ve como una chica decida a salir del hoyo en donde se encuentra, arreglar sus errores y crecer profesionalmente.

Esta nunca fue una serie juvenil con los mismos problemas que las otras ficciones de Al ser la explotación sexual adolescente un tema tan complejo y difícil de tratar, el director Antonio Le Fosse consigue trabajar este problema de la sociedad mostrando varias realidades: las jóvenes que caen en el mundo y su vulnerabilidad, los padres ausentes, los falsos amigos y los adultos que se aprovechan de las inseguridades de estas jóvenes.

LA MEJOR TEMPORADA

La tercera temporada es la mejor de las tres. Por ejemplo, en varias escenas, Chiara dice muchas cosas sin tener la necesidad de hablar. La interpretación de la italiana es bastante buena así como el crecimiento de su personaje.

Si bien, como en todos los colegios que se muestran en las ficciones de Netflix, hay bullying, homofobia y otros problemas, en esta ficción, solo se enfocan en uno y lo exploran en todos sus campos, generando una visión nunca antes vista sobre la prostitución en este servicio de streaming.

Otro de los giros inesperados y que le aporta mucho a la serie es el haber revivido a un personaje, no de forma literal. Niccolo Rossi (Lorenzo Zurzolo), quien en temporadas anteriores había tenido un papel muy poco relevante, se convierte un respaldo para Chiara y Ludo.

Los primeros cuatro episodios están cargados de drama, incluso, se vuelve un poco estresante para el espectador ver cómo todos los problemas de las protagonistas explotan en sus caras y en forma de dominó. El quinto episodio es un ‘break’ y se inicia un descenso del drama, es un capítulo necesario. Es un respiro. El sexto capítulo es el cierre y no se siente forzado. Todas las historias se concluyen, incluso la de los personajes secundarios.

En la tercera temporada, todos asumen las consecuencias de sus actos, incluso si actuaron bajo la manipulación de otras personas. La serie concluye bien y sin convertirse es una versión Disney de la realidad. No todos tienen un final feliz, y eso está bien. De lejos la última temporada es la mejor de todas.

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