Lucy Lawless regresa a la televisión con "Salem" [VIDEO]
Marilia Pastor

El grito de batalla que lanzaba Xena, la princesa guerrera, aún es recordado a casi 15 años de la desaparición de la serie. El personaje de Lucy Lawless se convirtió en un modelo (de la mujer luchadora en la televisión) y marcó la carrera de la actriz caracterizada por ser el rostro de las heroínas.

“He sido muy afortunada. Xena me dio todo: un hogar, una familia y una carrera. Me asombra realizar una entrevista en un momento cuando pensé que mi carrera estaría terminada, en realidad está arrancando otra vez. Es increíble”, dice, en una entrevista genérica, la actriz que con 47 años busca robarse el show con su ingreso a “Salem”.

“Estoy en la fase de bruja en mi vida”, bromea Lawless quien ingresa a la segunda temporada del drama de horror, por estrenarse este viernes 11, como la condesa Palatine Ingrid von Marburg, sobreviviente de un poderoso clan de brujas germanas. “Es el alma de la violencia. Es el peor personaje que he interpretado, el más extremo y el único al que consideraría como una villana. Es escalofriante encarnar a la condesa”, agrega la artista neozelandesa.

DEFENSORA
La también activista por momentos se ha visto en un dilema moral a causa de las violentas escenas contra niños y mujeres que rodó en la ficción. “Tengo que tomar una pausa y pensar cómo grabarlas. Al volver a casa, soy una persona más gentil. Después de atormentar a niños y mujeres todo el día, solo hay espacio para la bondad”, sostiene.

Al mismo tiempo, Lawless recuerda que buena parte del cruel contenido de “Salem”, un nuevo vistazo a los infames juicios por brujería del siglo XVII, es basado en hechos reales. “Es un show de horror sin vergüenza y es imparable. Tienes que ser resistente para verlo y las escenas son un reto para las sensibilidades modernas”, apunta.

De haber estado presente en los juicios de Salem, a la actriz le gusta pensar que hubiera formado parte de la defensa. A pesar de los males vividos, ella destaca los avances que se consiguieron en las leyes. Como el que una persona no tenga que testificar ni a favor ni en contra de sí mismo. “Con suerte, de los momentos de horror en la historia se conseguirá algo de bien duradero”, recalca.