Juan Carlos Fangacio Arakaki

En 1986, Alan Moore imaginó un Estados Unidos en el que Richard Nixon seguía siendo presidente y un mundo al borde de la tercera guerra mundial. Tenebroso telón de fondo para una de sus obras más celebradas, , cómic de culto que seguía a un grupo de superhéroes (¿o antihéroes?) contra las cuerdas: uno asesinado, otro perseguido por la policía y hasta uno exiliado en solitario en Marte. Eso sí, todos prohibidos de ponerse máscaras y trajes extravagantes y, por ende, de ejercer su trabajo de limpieza criminal.

Hoy, Estados Unidos tiene como presidente a Donald Trump y nadie podría asegurar con certeza que una gran guerra sea imposible. “En estos tiempos de Trump y Bolsonaro, ‘Watchmen’ está más vigente que nunca”, dice el periodista Pedro Salinas, seguidor de la historieta escrita por el ya mencionado Moore e ilustrada por Dave Gibbons. Razón no le falta si pensamos que “Watchmen” es un relato de superhéroes diferente al promedio ofrecido por, digamos, la fórmula “Avengers”: aquí hay mucha moral ambigua, violencia a raudales, y una paranoia sociopolítica sorprendentemente parecida a la realidad. Ingredientes propicios para la nueva adaptación televisiva que en menos de un mes estrenará HBO.

“Watchmen”, la serie, ha sido creada por Damon Lindelof (el mismo de “Lost”), debutará con una primera temporada de nueve capítulos y será una adaptación bastante libre. Para empezar, porque se ambienta en un 2019 alternativo en el que Robert Redford es el presidente de Estados Unidos desde hace 27 años. Vaya detalle. Además, la protagonista es Angela Abar, una policía afroamericana (interpretada por Regina King), que secretamente asume la identidad de la superheroína Sister Night.

De los personajes clásicos queda muy poco, hasta donde se sabe. Jeremy Irons encarnará a un Ozymandias ya maduro, y lo propio hará Jean Smart en el papel de Laurie Blake (quien sería la retirada Espectro de Seda). En cambio, del complejo y atribulado Rorschach solo queda un símbolo: un grupo de radicales conocidos como The Seventh Cavalry parecen haberse apropiado de su distintiva máscara para cometer sus fechorías. Sobre el Dr. Manhattan, otro ícono de “Watchmen”, el tráiler ofrece apenas un guiño. Los creadores juegan al misterio y la expectativa continúa creciendo.

MÁS ALLÁ DE LA VIÑETA

Esta no es la primera adaptación que se realizará del clásico de Moore y Gibbons. Hace 10 años, el cineasta estadounidense Zack Snyder la convirtió en una controversial película de casi tres horas de duración. Una versión muy apegada al cómic original, que absorbía su sarcasmo, pero también arrastraba su complejidad narrativa. Alan Moore no quedó muy contento con lo que le hicieron a su obra (el recelo habitual de casi todo autor, valgan verdades) y la cinta, previsiblemente, generó reacciones polarizadas.

“La película me gustó porque traté de verla como una historia en sí misma, con sus propios códigos. Era imposible llevar todo el metatexto del cómic a una historia limitada por el tiempo y dirigida a un público masivo”, dice Adolfo Bazán, periodista de este Diario y autor del blog Universo Cómic. Una mirada diferente a la de la ilustradora Brenda Román: “No me gustó la adaptación de Snyder, que tiene sus méritos como cineasta, pero que responde a ciertos parámetros e interpretaciones. Creo que fue todo muy básico porque la obra también es demasiado [compleja] para que se entienda en una sola película”.

El 20 de octubre próximo se develará el primer episodio del programa de TV y ha generado tanto entusiasmo como recelo. HBO, al parecer apunta a convertirlo en su nuevo caballo de batalla tras el final de “Juego de tronos”. “De esta serie espero que, al tener más metraje, transmita la complejidad de cada personaje –señala Brenda Román–. Sin embargo, no la voy a ver, puesto que para mí un gran cómic es un gran cómic. Y punto, no hay más”.

“¿Qué espero de la serie? –dice por su parte Bazán–. Que preserve ese hálito no pesimista pero sí indócil de Moore. Que la trama respete el espíritu de los vigilantes, pero que al mismo tiempo acoja una natural evolución de los mismos en el tiempo, en sus relaciones. Pero, por sobre todo, que respete su propio universo creativo. Que no se someta a clichés ni a necesidades del ráting”.

Mientras tanto, el tictac del reloj sigue sonando frenético hasta que llegue la hora indicada. Se espera que el resultado no deje indiferente a nadie y no le tema a sus propias contradicciones. Como un inocente ‘smiley’ manchado de sangre.

LOS EXPERTOS OPINAN...

Adolfo Bazán - periodista

Hay paradigmas que parecen repetirse en la historia de la humanidad. Uno de ellos es la recurrencia de muchos ciudadanos a autoritarismos para que salgan al “rescate” de sociedades que cambian. Porque los cambios quiebran un status quo, rompen con los moldes establecidos, y a muchos no les importa ni les conviene. La obra de Alan Moore, en ese sentido, nos mostraba a un mundo ochentero impregnado por ese autoritarismo. Un mundo, una suerte de ucronía, donde prevalece el divismo de un hombre como Ozymandias que se siente llamado a cambiar el mundo. Un mundo donde un Comediante o un Rorschach encarnan distintos modos de hacer “justicia” en las calles y sin pasar por los tribunales. Un mundo donde hay todavía gente de bien que aspira a algo mejor como Night Owl. O que simplemente se aíslan del resto sumidos en la tecnología, la abstracción, el yo, como Dr. Manhattan. Y me pregunto si acaso no vemos todo esto a diario, en este siglo XXI, tres décadas después. Me pregunto si en nosotros no hay un poco de cada uno de estos personajes. Si acaso en vez de una tensión nuclear no existe ahora una tensión económica y geopolítica. Si acaso en vez de un Dr. Manhattan en Marte no tenemos a millones de personas andando como entidades marcianas aisladas en una burbuja de redes y aplicativos. Si no hay gente que se percibe a sí misma por encima de los demás y se zurran en el cambio climático, los derechos, la igualdad... La obra de Moore sigue vigente porque el ser humano arrastra aún muchas taras. Acaso sí el inglés haría hoy algunos ajustes para darle mayor protagonismo a Silk Spectre, centrarse más en sus tribulaciones.

Moore no hizo una historia de superhéroes, sino de heroicidades y villanías y seres humanos que actúan en base a sus sentimientos, emociones, sensaciones. Un mundo de luces y sombras y muchas oscuridades. Siendo así, es una obra vigente y lo será por mucho tiempo más.

La película de Snyder sí me gustó porque traté de verla (y cuando la repiten, ídem) como una historia en sí misma, con sus propios códigos. Era imposible llevar todo el metatexto del cómic a una historia limitada por el tiempo y dirigida a un público masivo. Así que intento no comparar ni extrañar lo ausente sino disfrutar de lo presenciado. Hace unos años sacaron Antes de Watchmen en cómics. Historias que pretendían llenar vacíos o dudas de la historia original, enriquecer el pasado de los personajes, multiplicar el universo de los vigilantes. Hubo críticas porque se quebraba el purismo de la historia general. Hubo cuestionamientos porque las maneras y estilos de los guionistas y dibujantes implicados no generaban unanimidad. Sin embargo, creo que se pudo mantener la esencia de Watchmen en la mayoría de los casos, aunque el resultado tuvo altibajos en algunos casos. ¿Qué espero de la serie? Que preserve ese hálito no pesimista pero sí indócil de Moore. Que la trama respete el espíritu de los vigilantes pero que al mismo tiempo acoja una natural evolución de los mismos en el tiempo, en sus relaciones. Que sintamos esos pellizcos propios de un déja vu al reconocer momentos, signos, alusiones, guiños a lo que ya conocemos. Pero por sobre todo, que respete su propio universo creativo. Que no se someta a clichés ni a necesidades del ráting. Que nos permita a todos terminar con un ‘smile’ en el rostro al finalizar cada episodio. No es mucho pedir, es lo mínimo que debemos exigir para el hijo de una obra maestra.

Brenda Román - ilustradora

Pienso que “Watchmen” es, hasta el día de hoy, un cómic de lectura obligada, pensando más en el guion que en la gráfica, que en mi opinión es demasiado preciosista. Pero en suma es una gran obra. Uno de sus méritos precisamente es ser atemporal. De hecho, ha redundado en todas las falencias en las que siempre cae la clase política y la mentada “protección del más débil”, que supuestamente ejercen quienes hacen el papel de superhéroes. La obra tiene gran valor al cuestionar el hecho en mención, por ser una condición y un error muy humanos. Por eso se repite constantemente el “¿quién vigila a los vigilantes?”. Esa es la premisa de la obra: ¿quién le podría dar esa facultad a un reducido grupo de seres humanos tan ególatras, tiranos, insensibles, dañados como el resto de la gente para cuidarnos? ¿Existe realmente la igualdad entre hombres, mujeres y gays dentro y fuera de un grupo supuestamente organizado y dispuesto a "hacer el bien"? ¿Qué es realmente “hacer el bien”? Todas estas preguntas están expuestas en la obra, lo cual la va a hacer siempre fascinante y vigente.

¿Qué opino sobre la adaptación de Snyder? No me gustó. Él tiene sus méritos como cineasta, pero responde a ciertos parámetros e interpretaciones. En todo caso, respeto su trabajo y su visión, pero la impresión que yo tengo del cómic es otra. Los personajes femeninos además estuvieron mal trabajados. En ninguno de los dos casos (incluso tres, porque ignoró totalmente a uno) sobre Espectro de Seda transmitió su verdadera situación ni lo que significaba su papel y como lo vivían. Una lástima. Y con el resto de personajes lo mismo. En resumen: creo que fue todo muy básico porque la obra también es demasiado para que se entendiera en una sola película. De la serie espero eso: ya que va a tener más metraje, que transmita la complejidad de cada personaje. Sin embargo, no la voy a ver, puesto que para mí un gran cómic es un gran cómic. Punto, no hay más. Lo que venga después (interpretaciones, películas, etc.) no es lo mismo. Haber repasado sus páginas y meterme de lleno en ellas es algo que no se repetirá jamás.

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