(Foto: Difusión)
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Alejandro Salas

En la cuadra 2 del jirón Áncash, en el , existe un museo que muchas veces (por desconocimiento) pasa desapercibido por los turistas durante su recorrido por la capital, pero que en su interior guarda interesantes evidencias de acontecimientos que se desarrollaron durante las épocas virreinal y republicana. Desde el ingreso, ya podemos ver parte del sitio arqueológico que atesora esta casa.

Antiguamente el espacio del Museo de Sitio Bodega y Quadra, fue una carnicería y matadero de la colonia (inicios del siglo XVII). A esta conclusión llegaron los arqueólogos que realizaron excavaciones durante el 2005 y 2006, cuando se tenía pensando construir un condominio en esta zona, y se hallaron fragmentos de restos óseos de reses y cerdos, así como acumulaciones de pasto y estiércol.

(Foto: Difusión)
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Entre los siglos XVII y XVIII, la propiedad le perteneció a las familias De la Cueva y Altolaguirre, siendo sus últimos dueños los Bodega y Quadra y Mollinedo. El museo lleva su nombre por ellos. En el recorrido, podemos conocer más sobre esta importante familia limeña, pero quien toma mayor protagonismo entre los miembros es Juan Francisco de la Bodega Quadra, navegante peruano quien fue el descubridor de la isla de Vancouver en Canadá. Un video y distintas fotografías en una de las salas del segundo piso dan luces sobre las exploraciones marinas de un personaje que pasa por alto en los libros de historia.

Los hallazgos arqueológicos como arcos, cerámicas y objetos domésticos del periodo virreinal fueron motivos suficientes para poner en valor esta área. Considerado Patrimonio Cultural Colonial por el Ministerio de Cultura, el proyecto se concretó en el 2012 con la construcción del museo que ahora vemos. Lo más importante fue que se respetó el diseño original de la casa colonial.

Hacer el recorrido por las siete salas con las que cuenta el museo te puede tomar un promedio de 40 a 60 minutos. Según nos detalla, Jackeline Ávila, guía en el Museo Bodega y Quadra, por día pueden llegar a recibir hasta 30 visitantes, siendo los brasileños y chilenos los turistas más concurrentes.

En los primeros ambientes se pueden ver vasijas, pipas y otros utensilios que datan de los siglos XVI y XVII. También hay salas donde resaltan la cerámica china y panameña. Candelabros, cuchillos y batanes son otras de las piezas que forman parte de la gran colección del museo.

El camino nos lleva ahora a una sala donde tienen lugar los objetos relacionados al trabajo en madera y cuero. La gran cantidad de hormas de zapatos, martillos y tinteros encontrados dan una idea de la gran cantidad de zapaterías que existían en los alrededores de esta casa.

Ya en la zona arqueológica, se puede observar de cerca algunos arcos de adobe, así como pisos elaborados con canto rodado. Otro de los hallazgos que podemos apreciar es un pozo que abasteció de agua fresca a la vivienda. Tomamos una última fotografía a este yacimiento arqueológico y –por ahora- finalizamos la ruta B de turismo en el Centro Histórico de Lima. Antes de que salgamos del recinto, un señor de unos 50 años, le pregunta al joven de seguridad: “¿Este museo es nuevo, no? Se ve bien bonito”. Su rostro cambia por completo al escuchar que el lugar lleva funcionando desde el 2012. Sonríe y promete volver pronto. Nosotros también.

Sepa más

Dirección: Jr. Áncash 213, Cercado de Lima.

Horario de atención: De martes a domingo de 10 a.m. a 6 p.m.

Reservas : 428-2390 /

Entrada: Adultos (S/4) y universitarios y menores de edad ( S/1.50)