Redacción EC

Por: Jimena Villavicencio

Desde que uno aterriza en el aeropuerto de la isla, a 7,5 kilómetros del centro de la ciudad, comienza a tener señales claras de lo que sucederá en su estadía ibicenca. Música a volumen alto, colores estridentes, aromas intensos y viajeros cuya vestimenta mezcla lo último de la moda con el confort.  

Alrededor, fotografías de lo que se verá una vez haya salido del terminal: playas con un mar celeste potente, diversas y espectaculares calas (pequeñas ensenadas dispuestas en toda la costa) y un pintoresco centro histórico con edificaciones blancas enclavadas en los cerros. En suma, desde el inicio, se obtiene una mezcla infinita de opciones, sensaciones y emociones.

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