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Redacción EC

Por Gloria Montanara 

Tomar una fotografía limpia del Castillo de Praga es prácticamente imposible. Frente a la bella estructura, sobre la ínea de la vista, se elevan decenas de banderines de distintos colores y grupos de turistas se postran en torno a ellas.  

El  Castillo de Praga se ha convertido en el punto turístico más atractivo de la capital de República Checa por su valor arquitectónico, por ser sede administrativa del actual gobierno y por haber sido hogar de Carlos IV de Luxemburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de Bohemia. Además, éste es considerado el castillo medieval más grande del mundo, según Guinness World Records.

Fundado en el siglo IV, el recinto cuenta con siete hectáreas. A lo largo de su extensión, alberga al antiguo palacio real; la célebre Calle del Oro, donde vivían los orfebres y guardianes; y la Catedral de San Vito, que es el atractivo principal de todo el complejo. 

Un dato anecdótico sobre esta iglesia es que tardó mil años en construirse. Las distintas etapas y los sucesos que formaron parte de ese proceso fueron representados de forma gráfica sobre su puerta principal. Lo que comenzó en el siglo X como un pequeño santuario románico, para el siglo XIX ya era una catedral con fachada gótica. En 1929, se consideraba terminada, después de incorporarle, entre otras cosas, una cúpula de estilo barroco y una ventana pintada por el artista checo Alfons Mucha.

La mayor parte de lo que vemos hoy fue obra del rey Carlos IV, quien en el siglo XIV decidió reformar el santuario y convertirlo en catedral. Él fue el principal promotor de Praga y es uno de los muchos reyes que hoy yacen enterrados bajo esta iglesia.

El mejor momento para visitar el castillo es hacia el mediodía, ya que se realiza el cambio de guardia. El costo del ticket del Circuito B, que es el que recomendamos, es de US$ 10 y es válido por dos días. Hay un descuento del 50 % para niños, estudiantes y adultos mayores de 65 años.

Al acabar el recorrido, vale la pena visitar los jardines, ya que desde ahí se tiene una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad. Tanto es así que no es extraño ver por aquí a parejas de esposos haciendo sus sesiones de fotos. Una vez concluida la visita, ve por un almuerzo de reyes al Restaurace U císařů, en la calle Loretánská, a media cuadra de la entrada principal del castillo. Allí podrás probar especialidades checas, como el guisado a la húngara de la vieja Bohemia o el codillo asado en cerveza.

Al servicio de la corona

A 30 km de Praga, por orden del mismo Carlos IV, comenzó a construirse en 1348 el castillo de estilo gótico de Karlštejn. A diferencia de la Catedral, su construcción fue bastante rápida: solo tardó 17 años. Inicialmente se esperaba que sirviera como lugar de veraneo, pero al ser coronado Carlos IV se cambió su función: pasaría a albergar los tesoros reales, las recopilaciones de las santas reliquias y las joyas de la corona romana.

Ubicado sobre una colina y rodeado por bosques, el Castillo de Karlštejn es uno de los más visitados de República Checa. En la Capilla Santa Cruz, ubicada en la Torre Mayor, se guardaron las joyas sagradas del imperio hasta el siglo XVI. Esa relevancia histórica, además de su riqueza y belleza decorativa –cuenta con un techo en pan de oro y sus muros están revestidos de piedras semipreciosas –, la han convertido en el lugar más atractivo para conocer. 

Para realizar esta visita guiada, que también incluye otras partes del recinto, como las capillas Santa María y Santa Catalina, hay que solicitar un permiso especial en: hradkarlstejn.cz. El otro circuito posible es el de los apartamentos reales, que no requiere reserva e incluye la visita, también con guía, a salas rehabilitadas durante el siglo XIX. El costo es de US$ 11. Hay que considerar que solo es posible hacer ambos recorridos entre marzo y octubre, o durante la semana de Navidad.

En la época de la vendimia, que suele celebrarse a finales de setiembre, la calle que conduce al castillo se llena de puestos con comidas típicas y degustaciones de burčák (un mosto de vino fermentado). Los checos beben y se enfundan en disfraces de reyes y caballeros medievales, además de participar en torneos de justas. Este tipo de representaciones nada tienen que ver con fiestas —como lo entendemos nosotros— sino con la exaltación de los signos que los acercan a su pasado imperial.

La casa de los duques

Uno de los personajes más importantes de la historia mundial fue el Archiduque Francisco Fernando de Austria (Franz Ferdinand, en alemán). Su asesinato, en Sarajevo, desencadenó la Primera Guerra Mundial. A 45 minutos de Praga, por la Autopista 1, que va a Brno, la segunda ciudad más importante de República Checa, se llega a la que fuera su última residencia: el Castillo de Konopiště.

Tal como su último dueño, esta fortificación es una de las más singulares de Europa. Pese a haber sido construida con un estilo gótico por el obispo de Benešov a finales del siglo XIII, y haber sido transformado luego al estilo barroco, es uno de los castillos medievales más modernos del continente.

Francisco Fernando, el archiduque de Austria, fue quien al comprarlo, en 1887, lo remodeló. Le incorporó calefacción central, agua caliente, doce cuartos de baño y hasta un ascensor. Hoy se conserva al 70% del estado que tenía cuando él y su familia vivían allí. Pero los más llamativo de este lugar es que expone el afán coleccionista del antiguo propietario, siendo las armas, las estatuas de San Jorge y los trofeos de caza sus principales obsesiones. Se dice que era un cazador insaciable y que en vida mató a 300.000 animales, es decir, un promedio de 20 por día. Hay quienes aseguran que, en los alrededores de Konopiště, incluso llegó a matar 2.000 solo en un día.

La temporada de visitas va, generalmente, de marzo a diciembre. Abre tfcirodos los días, menos los lunes. Existen diferentes recorridos por el recinto (revísalos en zamek-konopiste.cz) y cada uno de ellos cuesta alrededor de US$ 9. Hay descuentos por familia y pack de recorridos. No dejes de conocer el jardín invernal de rosas. Si eres aficionado al tiro al blanco, hay una sala con blancos automáticos. A 5 km de allí, en el restaurant de Golf Resort Konopiště, podrás almorzar platos típicos, como salchichas parrilleras de cerdo con puré de papas.

Esto representa la historia de República Checa, donde hubo príncipes excéntricos, duques con ambición imperial, santos católicos, guerras religiosas, nazis y comunistas. Son los castillos quienes dan testimonio de ese pasado que ha ido configurado el carácter y la cultura de este pueblo a lo largo de los años.