Redacción EC

Carlos W. Albertoni

En los últimos años, muy especialmente en lo que va de esta década, los vinos de la región del han comenzado a atrapar la atención de los viajeros. Diseminada en su gran mayoría sobre la fecunda geografía de los valles calchaquíes, esta zona vitivinícola ocupa una buena parte de las provincias de Catamarca, Tucumán y Salta. Al amparo de cielos casi siempre despejados y una marcada amplitud térmica, estas tres provincias producen esencialmente vinos de alta gama en fincas ubicadas a una altitud que oscila entre los 1.500 y los 3.100 metros sobre el nivel del mar. 

De las tres provincias del noroeste argentino, Salta es la que tiene mejor desarrollada su Ruta del Vino. Allí, este rumbo enoturístico recorre 200 kilómetros del sur provincial a través de los departamentos de Cafayate, San Carlos, Angastaco y Molinos. “La oferta de la ruta vitivinícola salteña es muy amplia, muy variada. Hay bodegas de todo tipo, desde las muy grandes hasta las muy pequeñas, de estilo boutique, que en todos los casos ofrecen atención al visitante que incluye degustaciones y, a veces, cabalgatas o recorridas en bicicletas por los campos”, sintetiza María Teresa Nicolai, encargada de prensa del Ministerio de Turismo de Salta. Dentro de esas fincas, a las que hace referencia Nicolai, se destacan Quara, Tukma, San Pedro de Yacochuya, Colomé, El Porvenir de Cafayate y El Esteco, esta última caracterizada por contar con un alojamiento de primer nivel junto a sus viñedos y un exclusivo Wine Spa, en el que es posible relajarse en un insólito baño de Torrontés. “Nosotros ofrecemos el programa Vendimia de Lujo que incluye tres días de alojamiento en nuestro hotel Patios de Cafayate, durante el tiempo de la vendimia, en febrero y marzo, en los que se puede visitar la bodega acompañados por los enólogos, hacer las degustaciones y los maridajes con ellos, cabalgar por picadas entre los parrales y sumergirse en una tina repleta de Torrontés”, detalla Mayra Maioli, encargada de prensa de El Esteco, quien destaca especialmente las propiedades del Wine Spa. “Las semillas de la uva son muy ricas en ácidos polisaturados, que son excelentes para la piel, y el aceite de esas semillas tiene también propiedades que retardan el envejecimiento”, explica Maioli.

TUCUMÁN Y CATAMARCA

Tucumán es la más pequeña de las provincias argentinas y sus viñedos suman tan solo 150 hectáreas, lo que representa menos del 1% sembrado a nivel nacional. Sin  embargo, la calidad de su producción de vinos de alta gama ha puesto a la provincia en un lugar destacado dentro la vitivinicultura argentina. En suelo tucumano, la mayoría de sus bodegas se orillan a la Ruta 40, una legendaria carretera que recorre casi 5.100 kilómetros desde los confines australes de la Argentina hasta su extremo más septentrional, ya en el límite con Bolivia. Sobre esa mítica ruta se encuentran Altos La Ciénaga, Arcas de Tolombón, Posee y Las Mojarras, cuatro bodegas que siempre atienden a sus visitantes con excelentes vinos.  

Catamarca es la más austral de las provincias del noroeste argentino. A diferencia de lo que ocurre en Salta y en Tucumán, allí su producción vitivinícola se desarrolla en dos zonas claramente distintas y alejadas geográficamente. La primera se encuentra en la región de los Valles Calchaquíes, que en suelo catamarqueño ocupan el noreste provincial, mientras que la otra se extiende en las tierras áridas de Fiambalá, casi ladeando la Cordillera de los Andes.  “Fiambalá es una espectacular zona de desiertos, en la que se encuentran las dunas más altas del mundo. Sin embargo, en medio de este paisaje tan seco, existen ciertos oasis de gran fertilidad en los que se elaboran vinos con mucha concentración, con mucha fuerza, debido fundamentalmente al clima desértico que acentúa la amplitud térmica”, precisa Carlos Arizu, propietario de Cabernet de los Andes, una bodega joven que comenzó a funcionar en el 2002 y que produce vinos siguiendo los revolucionarios conceptos de la biodinamia. 

Más allá de Cabernet de los Andes, la zona de Fiambalá tiene otras bodegas que pueden visitarse, como Finca Don Diego, Cuello Roca, Alta Esperanza o La Sala, estas tres últimas ubicadas en la localidad de Tinogasta, al sur de las dunas fiambalenses. Por su parte, en la zona de los Valles Calchaquíes la bodega catamarqueña más importante es Hualfin, que tiene la particularidad de ser el fruto de un emprendimiento comunitario desarrollado para ayudar a los pequeños productores de la región. “Los fondos para levantar esta bodega salieron de las regalías de las empresas mineras que operan en Catamarca. Con ese dinero se levantó una empresa que es un sostén para los viñateros de los valles, ya que en estos momentos tenemos 30 productores del área que nos proveen de sus uvas para la elaboración de los vinos”, relata Jorge Gómez, una de las caras visibles de Hualfín. Sonriendo, levanta una copa de Torrontés y nos dice casi como si se tratara de una promoción: “El noroeste argentino tiene una Ruta del Vino que no debe dejar de conocerse”.